martes, 9 de febrero de 2016

Sistemas de comunicación / Raymond Williams




Sistemas de comunicación 


Autoritario

En este sistema, los medios de comunicación son considerados como una parte del engranaje total mediante el cual una minoría gobierna a una sociedad. El fin principal de tales medios es el de transmitir las instrucciones, las ideas y las normas de la clase hegemónica. Por esto, se excluyen instrucciones, ideas y normas contrarias a éstas. El monopolio de los medios de comunicación es una parte necesaria de todo sistema político: sólo ciertos impresores, editoriales, periódicos, teatros y emisoras de radio serán permitidos. A veces el grupo hegemónico los controlará directamente, y, del mismo modo, este grupo decidirá lo que hay que transmitir. Otras veces, un sistema de censura completará un control más indirecto, reforzado a menudo por un sistema de acción policíaca y judicial contra los grupos enemigos de los que están en el poder.

Y a favor de diferentes tipos de sociedad; lo encontramos en épocas pasadas en Gran Bretaña de modo tan evidente como en los actuales Estados totalitarios. La característica distintiva del sistema autoritario es la de que el fin de los medios de comunicación consiste en proteger, mantener o reforzar un orden social basado en el poder en manos de una minoría.




Paternalista

Un sistema paternalista es un sistema autoritario con una conciencia; es decir, con unos valores y unos objetivos que están más allá del mantenimiento de su propio poder. Los sistemas autoritarios, alegando diversas razones, reclaman el derecho a gobernar. En el sistema, lo que se afirma es el deber de proteger y guiar. Esto trae consigo el ejercicio del control, pero éste está dirigido hacia el desarrollo de la mayoría dentro de las maneras de pensar deseables para las minorías. Si se emplea el monopolio de los medios de comunicación, se alega que es para impedir que sean empleados por ciertos grupos que buscan sólo destruir y dañar. En este sistema, suele emplearse en gran medida la censura, tanto directa como indirectamente, pero declarando que ciertos grupos e individuos necesitan, para su propio interés y el del público en general, una protección contra ciertos tipos de arte o ideas que podrían perjudicarles. Allí donde el sistema autoritario transmite órdenes, y las ideas y normas que facilitarán su aceptación, el sistema paternalista transmite valores, costumbres y gustos que le justifican como minoría gobernante, y que desea extender al pueblo en general. Toda crítica de estos valores, costumbres y gustos se considerará por los menos como algo crudo y falto de experiencia, y, en el otro extremo, como una insurrección moral contra una manera de vivir comprobada y segura. Quienes controlan un sistema paternalista se ven como guardianes. Aunque llenos de paciencia, tienen que mostrarse inflexibles en defensa de sus valores fundamentales. Al mismo tiempo, la decorosa ejecución de su deber requiere un elevado sentido de la responsabilidad y seriedad. En diferentes épocas, y sirviendo a diferentes órdenes sociales, el sistema paternalista puede variar ampliamente: a veces poniendo un velo sobre todo, a veces permitiendo una cierta disconformidad controlada o tolerancia como válvula de seguridad. Pero el objetivo y la atmósfera generales del sistema no puede dar lugar a equívocos…”


Raymond Williams



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