domingo, 13 de marzo de 2016

Empresarios: cómplices necesarios / Carlos Hernández





Empresarios: cómplices necesarios (1)

El adjetivo "fanático" es el que más se ha empleado en la historia para definir a Hitler y al amplio grupo de lugartenientes que dirigieron el destino de la Alemania nazi. Sin embargo, hay otro calificativo mucho menos utilizado que resulta igual de imprescindible para explicar su estrategia política y militar. Hitler y el resto de su camarilla eran grandes "hombres de negocios". En sus mentes pesaban más el dinero y las cuestiones económicas que su deseo de exterminar a los judíos. Su modelo de capitalismo fascista, pese a estar basado en una fuerte intervención estatal, resultó muy atractivo para los empresarios alemanes y también para importantes magnates extranjeros, principalmente estadounidenses.

Las SS crearon sus propias empresas para beneficiarse del trabajo esclavo de los millones de prisioneros capturados por el ejército alemán. La DEST y la DAW fueron las dos más destacadas. El objetivo de Himmler era que, gracias a estas compañías, las SS pudieran jugar un papel predominante en la economía alemana, incluso en el escenario de paz que se abriría tras la guerra. Comenzaron abriendo una fábrica de ladrillos en Buchenwald y siguieron controlando y explotando, gracias al trabajo de los deportados, las canteras de Gusen, Mauthausen y Flossenbürg.
Hacer negocio a cualquier precio



Las empresas de armamento, automoción, productos farmacéuticos y tecnología no podían contar con los jóvenes alemanes para trabajar en sus fábricas porque estos se encontraban en los frentes de batalla. Los prisioneros de los campos y los trabajadores forzosos se convirtieron en la mejor opción y también en la más barata. El negocio de los campos era redondo. La DEST suministraría los trabajadores, las SS ofrecerían la seguridad y las empresas aportarían el resto. En el reparto de papeles todos ganaban. Todos menos los deportados, que morirían a millares en las canteras y las fábricas controladas por el emporio de las SS y por las empresas privadas alemanas y norteamericanas.

La lista de firmas alemanas que colaboraron y se beneficiaron de las políticas bélicas y genocidas del régimen nazi es interminable. Desde gigantes de la automoción hasta pequeñas empresas familiares e incluso particulares que utilizaron prisioneros de los campos de concentración para cultivar sus tierras o trabajar en sus granjas. Estas son algunas de las más destacadas:




IG Farben Este consorcio fue el que mejor exprimió todas las opciones de negocio que facilitaba el régimen nazi. Fabricó combustible y un tipo de caucho sintético llamado "Buna" para el ejército alemán, suministró los productos químicos para la exterminación masiva de "enemigos" del Reich y se aprovechó del trabajo esclavo de miles de prisioneros de los campos. Tres empresas químicas y farmacéuticas constituían el corazón de IG Farben: Bayer, Basf y Hoechst.

Audi empleó en su cadena de producción a 20.000 trabajadores forzados.

Daimler utilizó a gran escala trabajadores forzados para la fabricación de automóviles.

Bosch empleó a unos 20.0000 trabajadores forzados.

Volkswagen colocó en gran parte de su producción a trabajadores forzados.

Krupp (actualmente Thyssenkrupp). Krupp tuvo la consideración de empresa modelo del nacionalsocialismo y empleó a más de 75.000 trabajadores forzados.

Deutsche Bank. El historiador Harold James analizó el periodo nazi en 1995. James tildó la actitud del banco en aquella época como "complaciente".

Lufthansa autorizó al historiador Lutz Budraß la realización de un estudio sobre su participación en la creación de la Luftwaffe. Los datos oficiales del estudio no se han publicado todavía. La pregunta permanece en el aire.

Bertelsmann encargó al historiador Saul Friedländer un estudio que fue presentado en 2002. El gigante de los medios de comunicación se aprovechó del régimen nazi de forma masiva.

Quandt (propietaria de BMW). Según la investigación llevada a cabo por el historiador Joachim Scholtyseck, Günther Quandt se enriqueció en el periodo comprendido entre 1933 y 1945. La empresa del magnate utilizó a 50.000 trabajadores esclavos.
Oetker abrió sus archivos en 2007 tras la muerte del patriarca, Rudolf August Oetker. El historiador Deren Erkenntnisse reveló que Rudolf A. había pertenecido a las Waffen-SS y colaborado activamente con el régimen nazi.

Adidas y Siemens han permitido que se investiguen sus archivos. Se sabe que, ambas empresas, emplearon a miles de trabajadores esclavos.

Cómplices en Detroit y Nueva York
Historiadores y economistas coinciden en que a Hitler le habría resultado imposible lanzarse a la conquista de Europa sin el apoyo de cuatro grandes multinacionales estadounidenses: Standard Oil, General Motors, Ford e IBM. La Alemania nazi, a la que medio mundo veía como una gran amenaza, era a ojos de un grupo de empresarios norteamericanos una enorme oportunidad de negocio.
General Motors. Fabricó miles de camiones militares en sus factorías de Alemania. Su modelo bautizado con el nombre de Blitz, Relámpago, sirvió a Hitler para entrar con sus tropas en Austria. La admiración del Führer por la tecnología de Opel y su agradecimiento por contar con su colaboración le llevó a conceder la Gran Cruz de la Orden del Águila Alemana a su director ejecutivo, James Mooney. GM utilizó a prisioneros de los campos como trabajadores esclavos.




Ford. El fundador de la compañía, Henry Ford, era ya conocido a finales de los años 20 por su profundo antisemitismo. Hitler admiraba profundamente a Ford, del que llegó a decir que era su inspiración. Ese amor era mutuo y permitió que la empresa automovilística estadounidense se convirtiera en el segundo productor de camiones para el ejército alemán, superado únicamente por Opel-General Motors. Henry Ford también fue distinguido por Hitler con la Gran Cruz de la Orden del Águila Alemana en 1938. Tras la invasión de Francia, la empresa estadounidense continuó trabajando para el Reich y se negó a fabricar motores para los aviones de la Royal Air Force británica. Al igual que GM se aprovechó del trabajo esclavo de miles de deportados.

Standard Oil Le proporcionó a Hitler el combustible y el caucho necesario para emprender la invasión de Europa. El Gobierno nazi, consciente de que las importaciones de petróleo se reducirían con el estallido de la guerra, decidió fabricar combustible sintético. El complejo proceso de elaboración no habría sido posible sin la alianza entre el consorcio alemán IG Farben y la Standard Oil norteamericana. Los buques cisterna de la Standard suministraron combustible a barcos alemanes en Tenerife y otros puertos de la España franquista.

IBM. Su mérito fue dotar al régimen nazi de sus aún primitivos pero eficaces sistemas informáticos. Sus máquinas, que funcionaban con tarjetas perforadas, precursoras de los ordenadores, resultaron de enorme utilidad para el Gobierno alemán. Himmler fue consciente de las posibilidades que le ofrecía la tecnología de IBM para organizar, distribuir, explotar y eliminar a los millones de judíos y prisioneros de guerra que cayeron en sus manos durante la guerra. Se realizaron censos de la comunidad judía que servirían para identificar y eliminar con mayor facilidad a sus miembros. En la mayoría de los campos de concentración se abrió un "departamento Hollerith" (nombre de la filial alemana de IBM) en el que se realizaban fichas de cada deportado, incluyendo su profesión y su raza o religión.



(1) La información está recogida de diversos estudios oficiales, investigaciones públicas y privadas, libros y publicaciones especializadas. Todas ellas se citan debidamente en Los últimos españoles de Mauthausen donde se aportan más datos y documentos sobre el tema.



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