miércoles, 18 de mayo de 2016

Coloquio sobre Dante / Ósip MANDELSTAM




capítulo1 / Coloquio sobre Dante 

El discurso poético es un proceso cruzado y se compone de dos sonoridades: la primera de estas sonoridades es la modificación que nosotros oímos y percibimos de las herramientas mismas del discurso poético, que van apareciendo en el transcurso de su propio ímpetu; la segunda sonoridad es propiamente el discurso, es decir, el trabajo de fonética y de entonación que se realiza con las herramientas mencionadas.
Así concebida, la poesía no es parte de la naturaleza-ni siquiera de la mejor, de la más exquisita-y menos aún es su reflejo, lo que finalmente llevaría a una burla de la ley de la identidad; con una libertad estremecedora la poesìa se instala en un campo de acción virgen, fuera del espacio, no tanto narrando, cuando interpretando la naturaleza con ayuda de esos recursos instrumentales que comúnmente se denominan imágenes.

El discurso o el pensamiento poético puede ser llamado sonoro sólo de una manera extraordinariamente convencional, porque no oímos en él sino el entrecruzamiento de dos líneas de las cuales una, tomada en sí misma, es absolutamente muda; y la otra, tomada fuera de la metamorfosis instrumental, se ve privada de toda importancia, de todo interés y se presta a ser narrada, lo que, desde mi punto de vista, es un síntoma inequívoco de ausencia de poesía, ya que allí donde la obra se deja medir con la vara de la narración, allí las sábanas no han sido usadas, es decir, que -si se me permite la expresión- allí no ha pernoctado la poesía.

Dante es un maestro del instrumental de poesía, y no un fabricante de imágenes. Es un estratega de las transformaciones y de los entrecruzamientos; menos que ninguna otra cosa es un poeta en el sentido "paneuropeo" y banalmente cultural del término.

"Los luchadores desnudos, ungidos, van y vienen haciendo alarde del poderío de sus cuerpos antes de enzarzarse en el combate decisivo..."

Y mientras tanto, el cine contemporáneo, con su metamorfosis de tenia, se convierte en la parodia más perversa de lo instrumental del discurso poético, ya que los cuadros se desplazan en él sin lucha y no hacen sino reemplazarse uno a otro.
Imaginen algo comprendido, aprehendido, arrancado a sus tinieblas, en una lengua que espontánea y voluntariamente se olvida apenas se consuma el acto aclarador de la comprensión-interpretación...

En poesía lo único que cuenta es la compresión interpretadora, que de ninguna manera es pasiva, ni repetitiva ni perifrástica. La satisfacción semántica es equivalente al sentimiento que suscita la orden cumplida.
Las ondas- señales semánticas desaparecen una vez que han realizado su trabajo: cuanto más fuertes son, mas complacientes son, y menos propensas a demorarse.
De lo contrario resulta inevitable el golpeteo, la introducción de esos clavos ya preparados a los que se da el nombre de imágenes "cultural-poéticas".

El carácter exterior, explicativo de las imágenes es incompatible con el carácter instrumental.
La calidad de la poesía está determinada por la velocidad y la firmeza con la que ésta inculca sus ideas-órdenes de interpretación a la naturaleza de la formación de palabras, una naturaleza desinstrumentalizada, lexicográfica, puramente cuantitativa. Hay que atravesar rápidamente el ancho de un río atestado de ligeras embarcaciones chinas que se mueven en diversas direcciones: así es como se crea el sentido del discurso poético. Es imposible reconstruirlo como itinerario preguntando a los barqueros: ellos no nos dirán ni cómo ni por qué saltábamos de una barca a otra.

El discurso poético es un tejido de alfombra con multitud de urdimbres que se diferencian unas de otras sólo por el matiz de la interpretación, sólo por la partitura de la orden siempre cambiante de la señalización instrumental.

Hecho de agua, el discurso poético es la más resistente de las alfombras; en ella las corrientes del Ganges, tomadas como un tema textil, no se mezclan con las muestras del Nilo o del Eufrates, sino que mantienen su policromía en los cordones, en las figuras, en los ornamentos, pero no en los dibujos, ya que el dibujo es la paráfrasis. Lo que da valor al ornamento es que conserva las huellas de su origen, como un fragmento interpretado de la naturaleza. Animal, vegetal, estepario, escita, egipcio, el que sea, nacional o bárbaro, siempre habla, ve, actúa.

El ornamento está en estrofas.
El dibujo en versos.




Es maravilloso el hambre versificadora de los viejos italianos, su apetito salvajemente juvenil por la armonía, su ardiente deseo sensual por la rima, il disio¡
La boca trabaja la sonrisa mueve el verso, con inteligencia y alegría los labios se tiñen de rojo, la lengua se pega sin reparos al paladar.
La imagen interna del verso no se puede disociar de la incontable sucesión de expresiones que se dibujan en el rostro de quien recita y se emociona.

El arte de la palabra deforma nuestro rostro, desquicia su serenidad, destruye su máscara...

Cuando comencé a estudiar italiano y tuve una ligera noción de su fonética y de su prosodia, comprendí de pronto que el centro de gravedad de la articulación oral había cambiado de lugar: estaba más cerca de los labios, de la parte exterior de la boca. La punta de la lengua de pronto había ocupado el sitio de honor. El sonido se había precipitado hacia el cierre de los dientes. También me sorprendió lo infantil de la fonética italiana, su maravillosa puerilidad, su cercanía al balbuceo de un bebé, una especie de dadaísmo secular.

e, consolando, usaba l'idioma
che prima i padri e le madri trastulla;
[...]
favoleggiava con la sua famiglia
de'Troiani, di Fiesole, e di Roma.


Paradiso,XV,122-23;125-26

Y, consolando, usaba aquel idioma/que a padre y madre alegra y no importuna;/
[...]
/y con sus familiares habla un rato/de troyanos, de Fiésole y de Roma

¿Le gustaría conocer el diccionario de rimas italianas? Tome cualquier diccionario italiano y hojéelo como le plazca... Todo rima con todo. Cada palabra invita a su concordanza.
Es prodigiosa la abundancia de desinencias que casan. El verbo italiano se intensifica hacia el final y vive sólo en la desinencia. Cada palabra se apresura a estallar, a escapar volando de los labios, a salir, a ceder el lugar a otras palabras.

Cuando necesitó dibujar la circunferencia del tiempo, para el que un milenio es menos que un parpadeo, Dante introdujo la jerigonza infantil en su léxico astronómico, concertante, profundamente público, en su léxico de predicador.
La obra de Dante es ante todo la salida a la escena mundial del habla italiana de su época, tomada como un todo, como un sistema.
La más dadaísta de las lenguas romances se propone para el primer lugar internacional.


de Coloquio sobre Dante-Ósip MANDELSTAM
trad. Selma ANCIRA-Acantilado editorial,2004
La traducción de los pasajes de la Divina Comedia, es la de Angel Crespo.



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