viernes, 20 de mayo de 2016

Mi vida como obrera de Inditex / Nadia Celaya






CAPITALISMO Y PATRIARCADO
Mi vida como obrera de Inditex / Nadia Celaya

Trabajamos ocho horas a un ritmo agobiante, sin hablar ni levantar la cabeza para llegar a la producción que nos exigen.
A la voz de ¡ya! comienza el cambio de turno. En mi caso ocurre a las 21:55 hs. Nos vamos acercando hasta el puesto de la encargada mientras esquivamos las rápidas sonrisas cansadas de quienes reemplazamos. Nuestra respuesta son las ojeras resignadas a las que les quedan 8 horas de trabajo por delante.
Es el turno de noche de un centro logístico auxiliar de Inditex. Trabajamos por campañas con un contrato de fin de obra que nunca sabes cuándo va a acabar.

Nos dividen por mesas, 7 u 8 mujeres en cada una dirigida por una encargada de mesa. Porque en esta empresa existe la encargada a la que nunca se le ve, las encargadas de los turnos, las segundas encargadas, las encargadas de mesa, luego están las trabajadoras fijas, las que llevan varias campañas, las nuevas y finalmente y frecuentemente las chicas de ETT´s. Dependiendo en qué grupo de estos te encuentres serás tratada de una manera u otra. Ni qué decir tiene quien recibe el peor trato.




Llegamos a las mesas. Normalmente hay dos tareas: sacar prenda y emperchar. Sacar prenda consiste básicamente en volcar grandes cajas llenas de ropa en la mesa y sacarlas de la bolsa. Es el trabajo más aburrido y duro físicamente pero te libra de la presión agobiante de tener que cumplir los objetivos. Enfrente están las que emperchan toda la prenda que se ha sacado, están clavadas en el mismo sitio de pie articulando una y otra vez el mismo juego de muñecas. A ser posible más de 300 veces a la hora.

Esa prenda pasa por un túnel de planchado y llega a la embolsadora, donde trabajan los chicos. El trabajo está dividido por sexos; ellos son mozos de almacén, cargan y descargan camiones, mueven cajas y prendas y embolsan las perchas con una máquina. Nosotras somos operarias textiles, emperchamos, etiquetamos y planchamos. Esta barrera es casi infranqueable.

La velocidad comienza a recorrernos a todas. Hay que sacar deprisa para pasar la ropa a las que emperchan, no pueden quedarse sin prenda, pues "pierden tiempo" y podrían no llegar a la producción. Cada minuto cuenta. ¡Más rápido! dice una voz que se repite no sólo en tu cabeza.

Ante la atenta mirada de todo tipo de encargadas y cámaras de vigilancia, empieza la competición. Cuanto más rápida seas más posibilidades tienes de quedarte hasta el final de la campaña y que te llamen para la siguiente.

A las 2:00 de la mañana hacemos el descanso de 15 minutos. Cogemos nuestro kit de mano: agua, algo para engañar al hambre, crema de manos, crema antiinflamatoria e ibuprofeno. Si tu dolor se va por otros derroteros, alguien tendrá todo lo que le falta al botiquín de la empresa. Es increíble como en esos pocos minutos nos da tiempo a almorzar, fumar dos cigarrillos, beber e incluso hablar. Por eso no es necesario que nos aumenten el tiempo de descanso.



Volvemos a entrar y entonces te acuerdas de ese curso que te impartieron de riesgos laborales. Es muy importante que se roten los puestos, cada una vuelve a su sitio. Las cajas se cogen entre dos, se pierde demasiado tiempo. Una cómoda y buena postura para trabajar adecuada a tu altura, solo existen palets del mismo tamaño para elevarte un poco sobre la mesa. ¿Ese curso no debería ser impartido a la empresa? ¿No tendrían ellos la obligación de cumplir esas normas?

Creo que a nuestro gran jefe superior, Amancio Ortega, le trae sin cuidado cuánto de cargada esté nuestra espalda, cuántos arañazos y heridas tengamos por los brazos, cuánto de hinchadas estén nuestras manos, cuantos moratones y quemazos sobresalgan de nuestros cuerpos, cuanta fibra, polvo y vapores respiren nuestros pulmones a cada segundo. Al igual que le trae sin cuidado cada una de las miserables vidas de las mujeres de la India o China que confeccionan a destajo cada una de las prendas que emperchamos.
Dicen que gracias a estos centros logísticos es con lo que ha conseguido crear su imperio. Alabado por conseguir que tan solo discurran 20 días desde que se diseña una prenda hasta que llega a las tiendas de cualquier parte del mundo. Se olvidan de que quien consigue eso, somos todas las manos por las que pasa la ropa, trabajando largas horas a un ritmo frenético por menos de 4 euros a la hora. ¿Cómo realmente ha amasado su fortuna Amancio Ortega?
La jornada continúa y empiezas a ser consciente de cada minuto que pasa, no hay lugar para el cansancio aunque a cada rato te pesa más el cuerpo y la mente. Y a pesar de que tus ojos ya están rojos, vuelven a repetirte que no puedes bajar la producción.

Por fin son las 5:55 ¡ya! y salimos corriendo con nuestras sonrisas cansadas pasando el relevo a las ojeras resignadas. Unas pocas nos iremos a dormir, otras empezaran su otra jornada de trabajo, la que ocupa el cuidado de los hijos, la cocina, la lavadora y la limpieza de la casa.



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