lunes, 9 de mayo de 2016

SOBRE MATERIALISMO Y DIALÉCTICA / MARIO BUNGE (1)





SOBRE MATERIALISMO Y DIALÉCTICA  

EL BASILISCO trae una crónica del Sr. José María Laso Prieto que contiene una cantidad de extrañas afirmaciones acerca de mi filosofía.

Permítaseme analizarlas.
1. Mi enfoque «constituye un "revival" de los postulados neopositivistas ya que, aunque asume la necesidad de superar sus estrechos marcos, sigue manteniendo una consideración de la ciencia como realidad de inexcusable base preposicional» (p. 57). Dejando de lado los anglicismos "asume" (por "supone") y "manteniendo" (por "sosteniendo"), ¿qué significa la expresión «realidad de inexcusable base proposicional»? ¿Que la ciencia no es sino un conjunto de proposiciones?. Por cierto que yo no sostengo tal opinión. Creo que la palabra "ciencia" es ambigua: en un contexto denota un conjunto de conocimientos expresables en proposiciones y normas; en otro contexto denota un tipo de actividad cognoscitiva; en un tercero, el sistema social compuesto por los investigadores científicos. Los positivistas se han atenido solamente al primer significado, los pragmatistas al segundo, y los sociologistas al tercero.

En mis próximas obras, Exploring the World y Understanding the World (Reidel, 1983), concibo la ciencia tanto como un sistema social cuanto una actividad y los resultados conceptuales de ésta.

2. Mi crítico sostiene (¿"mantiene"?) que en mi ontología «coexisten posiciones próximas a un materialismo mecanicista con una concepción epistemológica general caracterizada por una dialéctica peculiar» (p. 58). En particular, yo sería un dialéctico "vergonzante", por utilizar los conceptos de emergencia, nivel, proceso evolutivo, sistematicidad, y dinamicismo.

Respondo: estos conceptos no son peculiares de la dialéctica y, salvo el tercero, no figuran en las obras de los clásicos del materialismo dialéctico. El concepto de emergencia fue introducido por G.H. Lewes en 1879 y fue central en la obra de S. Alexander de 1920, así como en la de C. Lloyd Morgan (el etólogo) de 1933. El concepto de nivel (integrativo o de organización), tal como yo lo uso, parece haber sido introducido por biólogos y psicólogos animales en la década de 1940; entre otros lo usaron con insistencia J. Needham (1943), A.B. Novikoff (1945), y T.C. Schneirla (1949), tres científicos anglosajones. El concepto de proceso evolutivo es, por supuesto, mucho más viejo: fue utilizado por Buffon, Lamarck, y los dos Darwin antes que por Marx y Engels.

El de sistema debe ser antiguo, pero no aparece explícitamente sino con Copérnico, el primer científico moderno que concibió el sistema solar como sistema y no mero agregado. Finalmente, el concepto de dinamicismo debe haber sido utilizado por quienquiera que haya pensado en términos dinámicos (no meramente cinemáticos). Por ejemplo, las ontologías de Descartes, Leibniz, Spinoza y Newton fueron netamente dinamicistas. El que el Sr. Laso Prieto crea que todos estos términos son típicos de la filosofía dialéctica me hace sospechar que sus lecturas han sido muy ortodoxas.



3. Mi oposición a la dialéctica no sería sincera, sino que «está condicionada por los múltiples riesgos que, en el medio anglosajón donde trabaja Bunge, supone definirse doblemente como dialéctico y materialista». Este es un argumentum ad hominem indigno de una publicación seria. Responderé brevemente. Primero, creo haber dado, en mi Materialismo y ciencia (Ariel, 1981), numerosos argumentos novedosos contra la dialéctica; entre ellos, el que hace ella imposible el entender la emergencia de sistemas por la cooperación de sus componentes. En segundo lugar, aunque el materialismo dialéctico no es popular en las universidades norteamericanas, se lo enseña en muchas de ellas. (Por ejemplo, en la Université du Québec a Montréal el curso de materialismo histórico se dicta todos los años y es obligatorio para todos los alumnos de sociología.) El marxismo ya es académicamente respetable y, por supuesto, la teoría económica marxista se enseña en todos los cursos de historia de las doctrinas económicas. Hay varias revistas marxistas norteamericanas en las que colaboran regularmente profesores universitarios. La Society for the Study of Dialectical Materialism viene reuniéndose juntamente con la American Philosophical Association desde hace dos décadas. Es verdad que, a diferencia de los países socialistas, en los capitalistas nadie es premiado por ser marxista. Pero también es verdad que es menos arriesgado el ser marxista en un país capitalista que el ser antimarxista en un país socialista. Y en todo caso el marxismo puramente académico, que floreció en las universidades españolas en la última década del franquismo, no asusta a nadie. El materialismo consecuente sí asusta y repele.

4. Mi crítico me regaña por ignorar que los experimentos «testimonian que las propiedades corpusculares y ondulatorias son propias, simultáneamente, de los microobjetos», lo cual ejemplificaría la "ley" de la lucha y la unidad de los contrarios. Los físicos, que conocen estas cosas de primera mano y no por artículos de divulgación, saben que esto no es verdad. Los experimentos que exhiben propiedades cuasicorpusculares (p. ej. el efecto Compton) no son los mismos que exhiben propiedades cuasiondulatorias (p. ej. la difracción de electrones). Más aún, no pueden efectuarse al mismo tiempo; o sea, que los experimentos no testimonian la tesis dialéctica de que los micro-objetos son y no son corpusculares, son y no son ondulatorios. Adviértase que he escrito CUASI/corpuscular y cuasiondulatorio porque los electrones, átomos y demás objetos cuánticos (o Guantones, como prefiero llamarlos) no son corpúsculos ni campos, sino objetos sui géneris. Tan es así, que son representados por teorías cuánticas, no clásicas. Me remito a W. Heisenberg, The Physical Principies ofthe Quantum Theory (University of Chicago Press, 1930) y a mi propio libro Foundations O/PA^'ÍÍCÍ (Springer-Verlag, 1967), con la advertencia de que éstos no son manuales de divulgación.



5. A mi crítico le asombra que yo critique a los marxistas por ser dualistas en el problema mente-cuerpo, pero al mismo tiempo rechaza mi reduccionismo en esta cuestión. Dejemos de lado la contradicción, porque pasa por virtud entre algunos dialécticos. Lo que tiene algún interés es la conjetura, formulada por el psicólogo social Cláude Braun, de la Université du Québec, de que el dualismo mentecuerpo de casi todos los marxistas se origina en Lenin. En efecto, en su Materialismo y empiriocriticismo Lenin atacó al materialista alemán Joseph Dietzgen por identificar lo mental con lo material. Lenin lo atacó aduciendo que esta identificación anularía la «oposición entre mente y materia» {sic) y, por lo tanto, la oposición entre idealismo y materialismo. O sea, enfrentado ante la opción entre materialismo y dialéctica, Lenin (bajo el hechizo de Hegel) optó por esta última. Quizá éste sea el motivo por el cual los marxistas dicen que el cerebro es «la base material» de la mente (lo que implica que ésta no es material). Quizá por este motivo los marxistas carecen de una teoría propia de lo mental. Quizá por este motivo muchos marxistas han aceptado con entusiasmo la idea de que lo mental es información, no proceso material. Y supongo que este dualismo psiconeural motivó los ataques de que fue objeto mi teoría monista (materialista, reduccionista, biológica) de la mente por parte del destacado filósofo soviético D.I. Dubrovskii (Filosofskie Naukie, No. 2, pp. 77-87,1979) y del eminente neurofisiólogo húngaro J. Szentagothai (Magyar Filozofiai Szemle, 1982, pp. 540-553). Sea como fuere, los marxistas no son materialistas en lo que respecta a la mente. Tampoco lo son en lo que respecta a la cultura, a la que tratan como un epifenómeno inmaterial generado por la «base material» de la sociedad, o sea, la economía, lo que les permite hablar acerca de las «contradicciones» entre lo económico y lo cultural. Por mi parte me he esforzado por construir una ontología materialista, dinamicista y emergentista consecuente. La he expuesto en mis libros The Fumiture of the World (Reidel, 1977), A World of Systems (Reidel, 1979), The Mind-Body Problem (Pergamon, 1980), y Materialismo y ciencia (Ariel, 1981). 6. El Sr. Laso Prieto me atribuye una «tendencia a comprimir en formulaciones simples todos los campos del conocimiento». Comprendo bien esta queja porque también yo, cuando era joven y estaba bajo la nefasta influencia de Hegel, solía confundir claridad con simplicidad, y oscuridad con profundidad. No hay como una dosis de matemática, de ciencia fáctica, o de lógica matemática, para desengañarse y para ir adquiriendo gradualmente la claridad necesaria para hacer filosofía auténtica y para hacerse entender por sus contemporáneos. 

En conclusión, me permito recordar dos reglas clásicas para hacer crítica filosófica responsable: (1) entender antes de criticar; (2) abstenerse de emplear argumentos ad hominem.

Mario Bunge



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