jueves, 9 de junio de 2016

La Sociedad del Porvenir / El Comunismo Anárquico (1933) - Isaac Puente




La crisis económica mundial, síntoma de muerte de la sociedad capitalista
A las formas sociales, les ocurre lo mismo que a los seres humanos: nacen dificultosamente, pugnando con numerosas trabas y acechanzas; crecen y se desarrollan hasta alcanzar un límite determinado, y, a partir de este límite, empiezan a declinar, envejecen y mueren. Este límite de desarrollo está determinado en todos los seres vivos por el aprovechamiento del alimento que se asimila, como si dijéramos por la disminución del consumo y la vejez empieza en cuanto comienza a haber incapacidad para aprovechar o para destruir el alimento ingerido.

 Esto, precisamente es, lo que le está pasando a la sociedad capitalista. Tuvo su mayor auge y esplendor en industrialismo, en el dominio de la máquina y en el aporte de la técnica. Pudo llegar a producir todos los artículos en cantidades enormes, a precios inverosímiles, y prescindiendo cada vez en mayor medida del trabajo del obrero. Este crecimiento tenía un límite, el que ahora estamos tocando: que se produjeran artículos en mayor cantidad de lo que podía tragar el mercado, y que sobraran los brazos, en tal medida, que los desocupados formaran verdaderos ejércitos de hambrientos en todas las naciones de progreso industrial. Sobran géneros: hay que quemar 8 millones de sacos de trigo, en Norteamérica, para sostener los precios en el mercado. Se quema el café, en el Brasil, en el hogar de las locomotoras. Se cierran factorías, se paralizan las explotaciones mineras. Y se calculan en 30 millones el número de obreros en paro forzoso, en el mundo.

El capitalismo, sin haber llegado a poner en práctica todo el progreso mecánico que hoy permite la técnica, sin haber exprimido, todo el jugo a la racionalización del trabajo, y sin que la Ciencia haya dado de sí el perfeccionamiento que promete dar, el capitalismo, repito, se asfixia; se declara incapaz para seguir incrementando y abaratando la producción, y para continuar permitiendo la vida a la humanidad toda. Si ha de seguir viviendo, ha de ser como un organismo caduco, renunciando al progreso, y condenando al hambre a un ejército de millones de criaturas. Le condenan a muerte sus contradicciones palmarias: cuanto más abundan los géneros, más hambre existe.

Prohibe en todas las naciones el anticoncepcionismo por miedo a que la población se reduzca, y cierran las fronteras, tienen cada vez más desocupados, y sueñan con una matanza mundial que les libre del exceso de población. Y renuncia al progreso político, a la democratización de los Gobiernos, y a la liberalización de los Estados, después de haber prostituido la democracia y la libertad, echándose en brazos de la Dictadura aumentando la tiranía del Estado y condenando a los pueblos a una esclavitud envilecedora con el fascismo.




La consciencia de clase del proletariado, síntoma de vida de la sociedad que nace
Siempre que un ser o una forma viva empieza a desintegrarse para morir o desaparecer, hay germinación y nacimiento de la nueva forma o del nuevo ser que ha de substituirle, pues, en la naturaleza; nada pierde, ni nada se destruye, todo se transforma y se aprovecha, la materia, como la energía. Ha sido la filosofía, la primera en decir al obrero: «eres un hombre desposeído de todos los derechos, pues ya al nacer encontraste todo el patrimonio de la Naturaleza repartido; eres un esclavo de la organización del Estado que vela con sus Instituciones para que no te rebeles; eres un ser explotado, exprimido como un limón entre las manos del capitalismo, al que se arroja cuando no da jugo».

Pero es la vida, las circunstancias aciagas que hoy vive, y la experiencia histórica porque pasa, las que le dicen con voz más convincente que la de la filosofía, que es un ser maniatado y expoliado que no tiene nada por perder, y que lo tiene todo por conquistar. Que el Estado acapara en sus manos todo el poder arrancado a los individuos y se sustenta sobre la fuerza de los servidores asalariados, hermanos renegados de su clase. Lo mantiene en la ignorancia, con el opio de la religión, o con el de la enseñanza laica. Excita su patriotismo embrutecedor, para lanzarlo a las masacres guerreras. Todo está cimentado sobre su mansurronería de clase, sobre su candidez secular, sobre sus grandes tragaderas de tonto predestinado para todos los engaños. Es así, en este estado de servilismo degradante, en el que el Capitalismo lo toma para enriquecerse con su sudor, y para explotarlo refinadamente. El movimiento emancipador del proletariado, dirigido por la filosofía, por las concepciones ideológicas de una nueva sociedad, ha nacido en las más hostiles circunstancias y ha debido resistir los más furiosos embates, y sortear las más seductoras desviaciones y engaños. Los políticos con sus programas de oposición, llenos de las más deslumbrantes promesas, han esterilizado múltiples esfuerzos y malgastado el tiempo en torneos de palabrería y en carreras de arribismo, que indefectiblemente terminan en la elevación del charlatán, sobre los hombros del cándido elector. A fuerza de desengaños, de recorrer todos los falsos caminos, va consiguiendo orientarse y acertar con la dirección exacta.




La lucha está planteada
Una sociedad capitalista, que se aferra a formas de Estado dictatoriales, y que se ve cada día más hundida en la crisis económica, en la incapacidad para nivelar la economía. Y un proletariado cada vez más despierto y cada vez más insurgente, que trata de derruir el viejo edificio, para sobre sus ruinas implantar un régimen de mayor justicia y equidad social, más racional, y más humana. Lucha decisiva, entre lo que no resigna a morir y se defiende con toda la crueldad de su violencia organizada, y lo que pugna con venir a la vida desembarazándose de los escombros en que se le quiere ahogar. En la Naturaleza, siempre triunfó lo nuevo sobre lo viejo; lo naciente e inconcreto sobre lo decrépito y de forma acabada. No hay que ser profeta para predecir el porvenir. El derecho a disfrutar de la riqueza social para unos pocos, a trueque del hambre y de las privaciones de los más, no puede cimentarse más que en la fuerza. El caos económico del Capitalismo, que rinde culto reverencial al oro, sacrificándole la vida y la salud del hombre, sólo puede persistir edificado sobre el cesarismo de la institución estatal. La esclavitud moderna que se hace pesar sobre el proletariado, sólo puede afirmarse en la rigidez de la organización del Estado: Poniéndonos frente a todos los redentores, disintiendo del concierto de voces halagadoras, el Anarquismo presenta al Estado como la causa fundamental de la explotación del obrero, y como la causa fundamental de la infelicidad humana…



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2 comentarios:

  1. Se agradece tan espléndida aportación.

    Salud

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  2. Pues me alegra tan magnífica acogida por tu parte. La pista me llegó desde el blog de Isabel Bono, la extraordinaria poeta malagueña.

    Salud y comunismo.

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