viernes, 10 de junio de 2016

Populismo e ideología / Francisco Umpiérrez





Por más que leo los textos de los teóricos del populismo en España no logro ver nada claro. El lenguaje es un instrumento que nos permite ver cosas que no vemos con los sentidos y debe actuar como un cristal: un medio que nos permite acceder a la comprensión de la realidad de manera diáfana. Pero en el caso de las teorías populistas el lenguaje se convierte en un obstáculo y en un impedimento para acceder a la realidad: es un cristal empañado. La abstracción que es un medio para elevar nuestra comprensión de la realidad, se convierte en manos de los teóricos del populismo en un medio para alejarnos de la realidad. Este tipo de procesos de abstracción a los que son dados los teóricos del populismo debe catalogarse como abstracción especulativa y abstracción vacía. Cuando vemos las cosas a 10 metros de distancia, nos percatamos de todos los detalles y nos resulta relativamente fácil hacernos con una visión de conjunto. Pero los teóricos del populismo con sus procesos de abstracción especulativos hace que las cosas las veamos a 1000 metros de distancia, de manera que desaparecen todos los detalles y nos resulta imposible tener una visión de conjunto. Nos trasladan a una nebulosa donde se puede decir lo que se quiera y, sin embargo, aparentar que se habla con sentido.


No entiendo una cosa. La teoría de Marx en todos los ámbitos de la vida social, en especial en el ámbito de la economía y de la política, es una teoría clara aunque compleja. ¿Qué sentido tiene entonces recurrir a las teorías populistas para representarnos la realidad? Con la teoría elaborada por Marx sabemos qué es la mercancía, qué es el dinero y qué es el capital. Marx nos ha dotado de una teoría de la explotación, nos ha explicado cómo se produce el plusvalor y cómo el dinero oculta la apropiación de trabajo ajeno. Con Marx sabemos qué es el capital productor de interés, o capital financiero, y el significado trascendental de las sociedades anónimas. A este respecto les transcribo unas palabras de Marx contenidas en El Capital: “El capital que descansa de por sí sobre un modo de producción y presupone una concentración social de medios de producción y de fuerza de trabajo, adquiere aquí, directamente, la forma de capital social (capital de individuos directamente asociados) en contraste con el capital privado, y sus empresas aparecen como empresas sociales en contraste con las empresas privadas. Es la supresión del capital como propiedad privada dentro de los límites del propio modo capitalista de producción”. ¿No es obvio que Marx destacó con fuerza cómo el propio capitalismo transforma sus propias bases fundamentales y nos da una sociedad capitalista nueva y en ese sentido habla de capital social y de empresas sociales? ¿No comprenden los supuestos teóricos marxistas que estas nuevas formas económico sociales generan unas nuevas determinaciones en la clase capitalista y en la clase trabajadora? Les pongo un ejemplo: los que controlan el Banco de Santander son una minoría de los propietarios, y los accionistas, esto es, los propietarios asociados, suman más personas que los trabajadores. Y esto pasa con todas las grandes empresas. De ahí que ciertos trabajadores, sin perder su condición de clase, puedan tener un piso en alquiler, ser propietarios de acciones y tener dinero ahorrado que arroja interés. El mundo ha cambiado. Pero ya desde los tiempos de Marx. Lo cierto es que con Marx, con sus conceptos, podemos hacernos una idea relativamente exacta del mundo actual. Mientras que las teorías populistas ¿qué aportan? Les respondo: Nada. Categorías indigeribles que no hacen más que enturbiar nuestra percepción de la realidad. ¿Qué necesidad hay de recurrir a un concepto de grupo social tan burgués y convencional como el de élite cuando tenemos gracias a Marx unos conceptos de clases sociales más precisos y revolucionarios? Eso lo tendrían que explicar los teóricos del populismo.


Y a propósito: ¿Adónde nos lleva la alianza de IU con Podemos? Respuesta clara: a la liquidación de IU. Alberto Garzón podrá escribir que “algunos somos comunistas”, pero eso no es más que un gesto simbólico. Nos argumentarán que esa alianza sirve para rentabilizar en parlamentarios los votos de IU, pero justamente al precio de liquidar a IU. El populismo de izquierda está enterrando a la izquierda marxista. Tampoco entiendo por qué Alberto Garzón se sostiene en pensadores tan especulativos como Harvey y Baudrillard. ¡Qué falta de sentido y seriedad teóricos! Vivo en continua decepción. En el terreno de las ideas Podemos propaga nebulosas  lingüísticas que nadie entiende, y en el terreno de la práctica política pone en juego el más puro pragmatismo y oportunismo: Pablo Iglesias se presenta como socialdemócrata. ¿Qué son entonces Podemos? Solo Dios lo sabe. Así que a esperar los resultados electorales del 26 de junio abrumados por la desconfianza, la decepción  y la incertidumbre.


Francisco Umpiérrez



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