martes, 2 de agosto de 2016

Moscú / Francisco Umbral




Moscú 

Al fin Moscú despierta, ha despertado tal que ayer, al fin la Rusia profunda, la del 17 y el trabajo, se ha echado a la calle para decir, para gritar lo que otros callan, pero también sienten: que la democratización ha sido un fraude, la perestroika unas rebajas de enero a la inversa y Yeltsin el hombre de la CIA.

Miles de personas, en Moscú y otras ciudades, llenaron el domingo ruso de himnos y pancartas, de gritos y verdades, de violencia y conciencia. Eran los viejos y los pobres, una adunación de generaciones que constituyen la cultura penetral de un pueblo, la cultura de la austeridad, la sobriedad, la seguridad, todo eso en lo que ha vivido el pueblo siempre, todo pueblo bajo, sutil en sus artesanías, sabio y sencillo en sus guadamacilerías. La primera decepción, la primera iluminación la tuvieron los alemanes del Este con la caída del Muro: Occidente no era más que unos grandes almacenes reventones de todo lo innecesario, un desolador e inmenso parking, más la repetición alucinada, monótona y niñoide de las hamburguer: la civilización de la silicona. Luego se ha enterado Rusia y hasta Bielorrusia. La cultura comunista ha pregnado profundamente a un inmenso pueblo, ha sido la seguridad, el trabajo, la vejez arropada, la muerte digna y sobria, la ausencia de hiperestésicas competitividades, el corazón de Rusia sin infarto. Las elites; «la raza de los gerentes», denunciada por Neruda, los yuppies de la vodka son los que forzaron «la libertad del pueblo», que no era sino la libertad de morirse de hambre, para convertirse ellos en brillantes empresarios a la manera occidental. La perestroika era un caballo de Troya con la panza llena de yuppies y traidores.



Aquí en el Occidente estamos muy orgullosos de nuestras democráticas corrupciones, vivimos a diario la gran mariconada de una liberté que no llega a la libertad y nos parece que hemos hecho la revolución porque los homosexuales se besan ya en la Gran Vía y la Quinta Avenida de Nueva York, pero a mí me resulta más urgente desamueblar la Gran Vía y la Quinta Avenida de mendigos, tercermundistas, ciegos, parados del muñón y del cartel, y hacer con ellos algo realmente social y justo. Los homosexuales yo creo que se van a besar siempre donde caiga. Puestos a mirar las cosas, resulta que la bandera de nuestra democracia avanzada, de nuestros logros liberales y nuestra cultura humanista consiste en que dos maricones se besen en la boca delante de Leguina, en la Puerta del Sol, o que los más astutos e hipócritas de entre ellos luzcan en sociedad. De ahí no hemos pasado. Está bien, pero a uno le parece poco y hasta le da un algo de risa. Moscú no quiere amariconarse y ha levantado el domingo las viejas banderas de una revolución macho que cambió el mundo y tiene detrás un fundamento ilustre y hondo, el marxismo como filosofía de la Historia. Marx es el único hombre que ha dicho alguna verdad en toda la vasta literatura occidental, desde Cristo. A finales del siglo XX ¿quién que es no es un poco marxista?




Se habla del fracaso de la apertura en Rusia, pero uno cree que donde ha fracasado el experimento es aquí en Occidente: no teníamos nada que darles ni que venderles, salvo una cultura decorativa encuadernada en plástico, una felicidad de diseño y una incertidumbre en vida y muerte, en trabajo y ocio, que nos tiene a todos febriles, temulentos, cintilantes e infartados detrás del segundo coche, el tercer televisor, la cuarta criada filipina o polaca, el quinto safari y la sexta esposa o amante. Toda esta cultura de la histeria es lo que hemos querido contagiar al Este, más un discreto touche de SIDA. Por fortuna, parece que están reaccionando a tiempo, y los más auspiciadores llenan ya el domingo de hoces y martillos. Salve.

Francisco Umbral / Enero de 1992




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3 comentarios:

  1. Conocía el contundente artículo desde el día de su publicación, pero... ¡qué extraordinario placer volver a leerlo!

    Salud

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  2. Cuatro párrafos de un extenso pero interesante artículo que tal vez te interese leer. Salud

    https://trampantojosyembelecos.wordpress.com/2016/08/02/encarnizamiento-terapeutico/

    "Hasta aquí la cantinela con la que son torturados los estudiantes de economía mientras sufren la lobotomía intelectual con la que se les “obsequia” en las facultades y escuelas de negocios del mundo entero. Como precisa rotundamente Nadal: “Todo lo anterior es un cuento de hadas que poco tiene que ver con la realidad. Primero, en el mundo real los bancos proveen financiamiento mediante la creación de dinero. Los bancos ofrecen préstamos, pero no necesitan tener en sus bóvedas los fondos necesarios para otorgar crédito. Ni la disponibilidad de ahorros de recursos reales ni la disponibilidad de reservas del banco central limitan la concesión de préstamos y creación de depósitos. La causalidad se invierte: los préstamos hacen a los depósitos, no a la inversa. Se estima que el 95% del dinero circulante es creado por la banca privada a través de la generación de préstamos”.

    Incluso la palabra préstamo es engañosa en este contexto: se presta lo que se tiene y el banco no tiene lo que dice prestar. La promesa de pago es suficiente para poner en circulación nuevos billetes que antes no existían. Aunque a mucha gente le parezca increíble, el banco no tiene el dinero que “presta”, lo que sí tiene es el poder legal para crearlo”.

    “El engaño consiste en que prácticamente no hay dinero real en el sistema financiero, sólo deudas”. La moneda tangible (billetes y monedas del banco central, que no representan deuda) supone únicamente un 3% del dinero circulante. El resto sólo existe como entradas de datos en pantallas de ordenador y fue creado por los bancos en forma de préstamos que reportan jugosos intereses.

    Martin Wolf, en un artículo en el tótem de la ortodoxia financiera- el tabloide británico Financial Times- lo expresó meridianamente: “la esencia del sistema monetario contemporáneo es la creación de dinero, de la nada (“out of thin air”), por los préstamos a menudo insensatos de la banca privada”. ¿Por qué no crece el dinero así creado hasta el infinito? Porque el dinero creado por un banco al otorgar un crédito se extingue cuando el crédito es pagado."

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  3. Gracias Loam, tu interesante aportación me llega además en un momento lector muy oportuno.

    Salud

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