sábado, 10 de septiembre de 2016

Escombros de la democracia / Manlio Dinucci





Manlio Dinucci denuncia la indecencia que consiste en manifestar una ruidosa solidaridad con las víctimas del terremoto que sacudió el centro de Italia mientras que se da la espalda –e incluso se desprecia– a las víctimas de las guerras que la OTAN provoca, en secreto, desde la propia Italia.


«Sólo escombros, como después de un bombardeo», dijo la presidenta del Parlamento italiano, Laura Boldrini, durante su visita a los lugares arrasados por el terremoto [que estremeció el centro de Italia el 24 de agosto y durante los siguientes días]. Pero habría que reflexionar profundamente sobre esas palabras, yendo más allá de la imagen.

Ante las desgarradoras imágenes de los niños muertos bajo los escombros que dejó el terremoto [en Italia], resulta imposible dejar de recordar a los niños –aquellos que la televisión nunca mostró– muertos bajo los escombros de los bombardeos aéreos perpetrados, de Yugoslavia a Libia, con la participación de Italia. «Tenemos la impresión de hallarnos en guerra», declara uno de los numerosos voluntarios que laboran en las zonas italianas devastadas por el terremoto.

Pero lo cierto es que Italia está realmente en guerra, está implicada en una guerra de verdad, en la que malgasta recursos vitales que deberían estar siendo destinados a proteger a la población italiana de los terremotos, avalanchas de lodo e inundaciones que dejan en nuestro país cada vez más víctimas y destrucciones.

En un acceso de generosidad, políticos de diversos orígenes han propuesto que el premio gordo de la Lotería Nacional (130 millones de euros) se destine a las zonas siniestradas. Pero a nadie se le ocurre destinar a esas zonas el verdadero “premio gordo” que son los gastos militares de Italia –unos 20 000 millones de euros en 2016, según los datos oficiales de la OTAN, o sea 2 300 millones más que en 2015, lo cual representa 55 millones de euros al día, cifra en realidad mucho más elevada si le agregamos los gastos no incluidos en el presupuesto de defensa y pagados con fondos de otros ministerios.

En todo caso, también según los datos de la OTAN, Italia gasta en el sector militar mucho más que los fondos de urgencia (50 millones de euros) que el gobierno ha destinado a paliar las secuelas del terremoto y 5 veces más de lo que se ha recogido hasta ahora con los SMS solidarios [1].

Pero los gastos militares parecen ser intocables, a pesar de que escasean los fondos para la reconstrucción, para la aplicación de verdaderas medidas de prevención antisísmica en las edificaciones y para la puesta en marcha de un plan a largo plazo de prevención de terremotos y catástrofes naturales.

También se sabe que los bomberos, cuyos méritos en situaciones como estas ni siquiera se reconocen públicamente, cuentan con salarios y medios totalmente inadecuados para el trabajo que realizan, a menudo con peligro para sus propias vidas, no sólo al enfrentar las situaciones de urgencia cotidianas sino también las catástrofes «naturales», cada vez más frecuentes y cuyas graves consecuencias están en gran parte vinculadas a la actividad humana.



Lo que nunca escasea es el financiamiento y los medios materiales que se destinan a las fuerzas especiales italianas que ahora operan en la nueva guerra de Libia. En Pisa, donde hace 2 años se constituyó el Mando de las Fuerzas Especiales del Ejército (Comfose), se han intensificado desde entonces los vuelos de los aviones militares de carga C-130J, que despegan con destino desconocido repletos de armas y avituallamiento.

Esas operaciones son autorizadas en secreto por el primer ministro Matteo Renzi, quien ni siquiera se toma la molestia de mencionarlas al Parlamento, a pesar de que el artículo 7 bis de la ley 198/2015 sobre la prolongación de las misiones militares en el extranjero confiere al primer ministro la facultad de adoptar «medidas de inteligencia de oposición, ante situaciones de crisis (…), con la cooperación de las fuerzas especiales del ministerio de Defensa» imponiéndole como única obligación la de informar formalmente al «comité parlamentario para la seguridad de la República». En otras palabras, el primer ministro italiano puede disponer de las fuerzas especiales y de los servicios de inteligencia para utilizarlos en operaciones secretas, con respaldo de todo el aparato militar. Se trata de un poder que contradice la Constitución de la República Italiana, además de ser potencialmente peligroso, incluso en el plano interno.

Mientras expresa sus condolencias en los funerales de las víctimas del terremoto y hace promesas sobre la reconstrucción, el primer ministro Renzi, plegándose a la estrategia de Estados Unidos y la OTAN, está llevando Italia a otras guerras y a gastos militares crecientes a expensas de las necesidades vitales del país. A ese gasto se agregan otros gastos –secretos– provocados por las operaciones militares secretas que ha ordenado el propio Renzi. Eso sí, tratándose de la prometida reconstrucción en las zonas siniestradas, Renzi anuncia «la mayor transparencia».





***