miércoles, 23 de noviembre de 2016

HENRI LEFEBVRE / La producción del espacio





La producción del espacio

Voy a hablar bien claramente de un concepto, es decir, del elemento teórico: les voy a hablar de la producción del espacio. Se trata, quede claro, del espacio social. Exponer quiere decir someter a examen, es decir, a la crítica. Ningún concepto teórico se impone en sí. El concepto de producción del espacio desarrolla un concepto ya muy conocido, clásico, reiterativo: el de producción, pero indica un cambio en la producción, en las fuerzas productivas; se pasa de la producción en el espacio a la producción del espacio.

El concepto de producción aparecía como bien determinado, bien definido y bien fijado por parte de los economistas, los historiadores, los sociólogos... pero cuando se examina este concepto aparece como más ambiguo y complejo de lo que parecía a primera vista, cuando no estaba bien fijado, bien determinado. Si se examina este
concepto, por ejemplo en Hegel y en Marx, se ve que el concepto se desdobla: de un lado está la producción de productos: las cosas, los bienes, las mercancías, y del otro lado la producción de las obras: las ideas, los conocimientos, las ideologías e incluso las instituciones o las obras de arte. Un concepto ambiguo, mucho menos preciso de lo que se le cree en general, está llamado a ser desarrollado.

Es sobre el desarrollo de este concepto so bre lo que yo voy a hablar: la producción del espacio. El concepto de la producción del espacio está naciendo como la realidad en sí a la que corresponde. Esta producción del espacio está naciendo en sí misma. Hace un momento, cuando veníamos de Barcelona, veíamos cómo todo este espacio está siendo producido de manera balbuciente, incierta, caótica a veces, contradictoria a la producción en el espacio. Tres conjuntos de hechos: primero, la importancia creciente en economía política de los flujos. Hasta hace muy poco la economía política se sentía muy ligada al análisis de la estabilidad, estructuras a las cuales se ataban redes: las empresas, los mercados.



Desde hace diez años hay una movilidad creciente de todos los elementos de la economía política. En la economía política tradicional el movimiento era lo excepcional, era una perturbación de la estabilidad, ahora la estabilidad es simplemente un momento de los flujos. Hay flujos de energía, materias primas, flujos de productos acabados, flujos de mano de obra, flujo de capitales, sin contar pequeños flujos como los flujos de los automóviles.

Es una nueva relación de la economía política al espacio que se forma. Un flujo tiene un origen, un recorrido y un terminal.
Por ejemplo, un flujo de petróleo: un oleoducto, sale de Libia, atraviesa el Mediterráneo, pasa a una refinería dada y de allí acaba en la gasolinera. Examinar el punto de encuentro de estos flujos se convierte en un tema principal del trabajo de los economistas. Los puntos fuertes –los espacios urbanos– son puntos de confluencia de flujos y, al mismo tiempo que esta influencia creciente de los flujos que ocupan el espacio, ha nacido una forma nueva de la planificación, la forma más reciente de planificación: la planificación espacial.

La planificación espacial, el estudio de los flujos y sus conexiones, está todavía en estado naciente, pero tiende a reemplazar la planificación antigua por partidas contables de materias o por balance financiero. Estos flujos son de una complejidad extrema, la planificación espacial parece que va a ser difícil. Una de mis hipótesis es que el capitalismo es incapaz de hacer una planificación espacial. La importancia creciente de un sector que antes era secundario, todo lo relacionado con el espacio; por ejemplo, la construcción, la urbanización, las inversiones en este terreno, la venta y la compra del espacio como totalidad y la especulación, por supuesto. Esta importancia es desigual según los países. Hay países en los que todo lo que concierne a estos aspectos se convierte en el sector principal de la economía, hay países en los que simplemente es una polea, en otros países es todavía secundario. Los economistas japoneses me han explicado cómo allí todo lo relacionado con la urbanización, infraestructura, etc., es una polea de transmisión. En los periodos en que la economía muestra un crecimiento excesivo, se retiran capitales de los otros sectores y se introducen en todo lo que es inmobiliario, urbanización, etc.

Cuando la cosa se regulariza se vuelven a meter los capitales en otros sitios. Eso ocurre en el Japón. Asistimos a una gran paradoja en los países capitalistas. Por un lado la ciudad ha estallado y por otro hay una urbanización general de la sociedad. Este resultado se da como cosa hecha pero, sin embargo, lo que aparece es otra relación de la sociedad con el espacio. Es, pues, con este conjunto de hechos como se ha apoderado el capitalismo moderno del espacio total. En la realidad económica y social había sectores precapitalistas; primer sector precapitalista: la agricultura; otro sector anterior al capitalismo: la ciudad. Desde hace algunos años el capitalismo controla y ha puesto la zarpa sobre la agricultura entera y también sobre la ciudad –realidades históricas anteriores al capitalismo–. A través de la agricultura y la ciudad el capitalismo ha echado la zarpa sobre el espacio. El capitalismo ya no se apoya solamente sobre las empresas y el mercado, sino también sobre el espacio. Tenemos también el ocio. Con la industria del ocio el capitalismo se ha apropiado de los espacios que quedaban vacantes: el mar, la playa, la alta montaña. Ha creado una industria nueva, una de las más potentes: la industria del ocio.




Por esta nueva industria, por esta producción del espacio nuevo, el espacio entero ha sido integrado al mercado y a la producción industrial a la vez que este espacio ha sido transformado –basta pasearse por las costas españolas para ver cómo ha sido transformado– cuantitativamente y cualitativamente. Así pues: integración al capitalismo de la agricultura y también de la ciudad histórica y extensión al espacio entero, comprendida la montaña y el mar, a través de la industria del ocio.

Es, pues, el espacio entero lo que se ha definido como algo dominante y dominado, lo que introduce un movimiento dialéctico muy nuevo: el espacio dominante y el espacio dominado. De todo esto emergen conceptos nuevos. La relación del espacio con la sociedad proviene o tiene relación con varias ciencias: la economía política, la sociología, la tecnología, pero concierne también al conocimiento general puesto que el conocimiento hoy implica una capacidad creciente de controlar el espacio –la informática permite concentrar en un solo punto, en un aparato, lo que concierne a inmensas extensiones–. La tecnología trata el espacio a gran escala. Es evidente que tomando el ejemplo de las autopistas se ve cómo la tecnología trata el espacio a escalas gigantescas, pero aún más, la planificación espacial es la que ahora comienza y que en Francia ha encontrado, en cierto modo, a los investigadores de punta.

Hay esfuerzos nuevos para tratar de ver estas relaciones de la sociedad y del espacio, la ecología, por ejemplo; pero no pienso que la ecología pueda bastar ya que el núcleo científico de la ecología es muy estrecho. La teoría de los ecosistemas es una teoría extremadamente interesante que recientemente ha producido nuevos desarrollos gracias a la cibernética, pero que deja de lado muchos aspectos de la cuestión, especialmente aspectos políticos. Estos aspectos políticos son de una importancia considerable; el espacio ha sido siempre político pero ahora lo es más que nunca. En el espacio planetario, en el espacio de La Tierra, se enfrentan las estrategias y en lo concerniente a la estrategia todo es un asunto de espacio… (…)



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