lunes, 19 de diciembre de 2016

LA COMUNIDAD RURAL Y SUS PROBLEMAS HISTÓRICO~SOCIOLÓGICOS / Henri Lefebvre





1.    Problemas de sociología rural

LA COMUNIDAD RURAL Y SUS PROBLEMAS HISTÓRICO~SOCIOLÓGICOS  

¿Cuántos de nuestros ciudadanos, intelectuales, e incluso historiadores o sociólogos que atraviesan uno de nuestros pueblos, y descubren su rostro original o incierto extrañando su monotonía, o admirando su pintoresquismo, son conscientes de que este pueblo no se reduce a un amontonamiento accidental de hombres, animales y cosas, de que su examen nos revela una organización compleja, una «estructura»? El estudio de una aglomeración rural, en cualquier pais, descubre equilibrios más sutiles de lo que podría esperarse en un principio: proporciones entre la extensión de las tierras de labor, los bosques y pastos, entre los grupos de seres vivos que subsisten de su pedazo de tierra.

Este estudio, cuando pasa de los hechos objetivos a los hechos humanos relacionados con ellos, descubre también que los equilibrios materiales, sin ser expresa y racionalmente queridos por los hombres, no son obtenidos ciega y mecánicamente, demuestran una consciencia, difícil de captar y más difícil todavía de definir. Hay aqul una mezcla curiosa de prudencia, iniciativa, desconfianza, credulidad, rutina: la sabiduría campesina. El análisis descubre por fin fisuras en este orden, incertidumbres en esta «sabiduría, desequilibrios más o menos durables, debidos a causas más o menos profundas: es decir problemas, necesidades, tendencias, conflictos, adaptaciones o inadaptaciones. Este organismo que no siempre somos capaces de ver, nos, es dado, sin embargo, a la mirada, con su estructura y su horizonte. Por su parte, la consciencia de esta comunidad organizada se disimula en la vida de los individuos que participan en ella: tan secreta es como inmediata la realidad sensible. Organización y consciencia contienen y continúan su historia. Tienen pasado.

En este lugar cualquiera existió vivió algún poblado apacible, simplemente propuesto en la colina, existió mucho antes que las ciudades familiares, únicas que mantienen y monopolizan hoy nuestras esperanzas y sueños. Este poblado que desde largo tiempo se halla sumido en una paz gris y reticente, sostuvo luchas ardientes contra señores, príncipes o reyes. Poco ha quedado de este pasado, nada subsiste. Nada y no obstante todo: la forma misma del pueblo.

Su pasado jalona, por así decir, nuestras ciudades. En esta calle de París, un hotel de la Edad Media se aparta por sí mismo de la «modernidad. que le rodea y establece su distancia en el tiempo. Los edificios yuxtapuestos, las ruinas romanas en los bancos, reproducen en el espacio las edades de la Historia, la sucesión de las épocas. El pasado se inscribe incluso en las heridas de la piedra. Por el contrario, en el pueblo, el castillo rodeado de sus tierras, sus granjeros y aparceros, con su prestigio y poder, sigue siendo un elemento muy actual y activo de la vida rural. La vieja mansión feudal se distingue muy poco algunas veces de la casa solariega campesina; y la casa ya «burguesa. parece una vivienda campesina algo más “coordinada”.

El pasado, para quien no analiza, se pierde con frecuencia, se establece, en un presente inmediato y dado en apariencia, o en un solo bloque anacrónico y en desuso. De ahí el carácter a la vez difícil y reciente de la sociología rural, ciencia de lo actual, que no puede olvidar a la Historia, pues en ella como en otras partes y más que en otras partes, lo histórico persiste y actúa en lo actual… (…)



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