lunes, 29 de febrero de 2016

Tío Umberto nos dejó con la mierda / Gregorio Morán






Hay intelectuales de los que sospecho que mueren agotados porque están hartos de aguantar la sociedad que les ha tocado vivir. Ya es suficiente. Me voy. Podría ser el caso de Umberto Eco. En enero cumpliste 84 años, te has bebido todo el whisky de las grandes destilerías, ­tienes más azúcar en tu sangre que una pastelería, has ayudado a crear una familia, con una esposa amable, e incluso tienes el privilegio de algún nieto inteligente. ¿Qué más puedes hacer? ¿Aguantar la enésima entrevista sobre la relación entre cultura académica y cultura popular, corriendo el riesgo de abofetear el periodista o mandarle literalmente a la mierda, echándole de tu casa y perdiendo así la fama de hombre tranquilo, educado, piamontés con­solidado en Milán, esas cimas de la vieja cultura?

Fíjense si mi intuición no está exenta de sentido que varias necrológicas españolas han señalado como grave asunto que a Umberto Eco no le hubieran dado el premio Nobel. (Lo dijo un furrier de la cultura oficial que llegó hasta ministro del ramo, César Antonio Molina. Incluso otro señaló, con buen ojo de lector de solapas, que el Tío Umberto abrió el camino para escritores de fuste como el espadachín Pérez-Reverte o el oficinista patriótico Jaume Cabré).
Están perplejos porque en las necrológicas de Umberto Eco no figuran premios. (Le dieron dos sin chalaneo, de los que no se acordaba ni él). ¿Alguien imagina en España un escritor sin premios? Un escritor o escritora sin un ­Planeta, un Nadal, un premio de la Crítica, de la Asociación de Amigos de la Capa, de los libreros de Catalunya o de Bilbao… Un tío así no es nada, una chufla con suerte. ¿Y ­académico? Me sorprende, no ­figura como académico. ¿Acaso no hay academias en Italia? ¿Cómo puede ser un es­critor serio alguien que no exhiba premios ni sea aca­­démico, aunque le toque el sillón de la “ñ minúscula”? Como diría un taurino de los de antes, “a la cultura italiana modelna le falta señorío”.

Pertenezco a otro siglo, a veces dudo si al XX o al XIX, soy de los que aún manejan recortes. El trabajo más brillante periodísticamente hablando que se publicó en España sobre Umberto apareció en La Vanguardia (1989), y lo firmó Ana Gargatagli, de la que desconozco todo, pero que situaba perfectamente el personaje de un intelectual de las características de Eco. Conservo el texto. ¿Qué otorga a Umberto su singularidad de hombre de otro tiempo a punto de afrontar, acojonado, literalmente, lo que denomina “el tercer milenio”? Lo escribe muy claro: “Las redes sociales conceden el derecho a la palabra a legiones de imbéciles que antes se expresaban solamente en el bar tras tomarse un vino”.

Hace ahora exactamente cinco años –enero del 2011– dediqué una Sabatina a Umberto Eco, que he rescatado de mis papeles y que lleva una ilustración soberbia de Meseguer, que me conmovió admirándola. Como no sabría escribirlo mejor que entonces, me permito la osadía de repetir el primer párrafo que abre el artículo:




“Se necesitan varias cosas para escribir un libro como El cementerio de Praga. En primer lugar, talento. Luego, valor y audacia; infrecuentes en los tiempos que corren, donde parece que los escritores tienen un contrato con las casas aseguradoras. También es obligada una cultura que trascienda la erudición y que entienda que detrás de todo, desde la manera de hablar hasta la forma de comer, se debate siempre una cuestión de poder. ¿Quién manda y quién obedece? No hay que olvidar tampoco el humor, derrotado entre nosotros por la sal gruesa del estupidario. Y la ironía, que se reduce en la prosa a la complicidad entre el autor y el lector, apenas un guiño. Por último, y fundamental, se necesita ser Umberto Eco”.

Me impresionó El cementerio de Praga (2010), que no gustó a los críticos profesionales de la época. Había en el libro muchos elementos que te hacían preguntar cómo era posible que un libro de esas características fuera impensable entre nosotros. Y llegué a la conclusión de que el “humus”, esa capa cultural compartida, discutida, pasada por universidades dignas de tal nombre, y colegas con los que uno peleaba por las ideas, no por el departamento.
Umberto Eco inició su vida cultural y social y política como dirigente de las Juventudes de Acción Católica. Su tesis sobre El problema estético en Tomás de Aquino(1954) le hace romper con la Iglesia, como dirá él mismo, y con la fe católica, y da un triple salto mortal. Nada menos que Las poéticas de Joyce(1962). Luego vendrán los Diarios mínimos y Apocalípticos e integrados (1965). Pero decir esto es bibliografía muerta, canónica, en la que no cuenta el “humus”, eso que facilita la creación, el debate, el aprendizaje más allá del rigor de unas lecturas y una formación clásica rigurosa y competente: Turín, Pisa, Bolonia, Milán. La gente desconoce que aparece fugazmente nada menos que en una de las películas más significativas de la época, La notte (1961), de Antonioni. Que comparte amistad y vecindario con el músico Luciano Berio.

Está en el mundo de la cultura viva. La polémica con Pier Paolo Pasolini, creo que en 1975, es histórica, al menos para mí. Se trata del aborto. Pasolini, como buena parte de los gays, es radicalmente contrario al aborto, hecho que exigiría explicaciones que ahora no vienen a cuento, pero Umberto Eco, con un desparpajo que roza el sarcasmo, desmonta las posiciones de Pasolini, con el que nunca se entendió bien. Pertenecían a mundos diferentes y debo confesar que estuve siempre más cerca de Eco que de Pasolini, del que no valoro su obra en exceso, ya sean Las cenizas de Gramsci (su poesía) ni su cine –hecha la salvedad de Accattone1961), que vi en aquellas sesiones dominicales y matutinas que nos concedía el franquismo, y que quedará grabada en mí con mayor fuerza aún que Mamma Roma (1962)–.

Gocé con El nombre de la rosa, no me interesó El péndulo de Foucault, seguí sus colecciones de artículos con la pasión del descubridor de joyas, y reconocí como una verdad incontestable su teorema del lector vital: “Quien no ha leído un libro en 70 años, sólo habrá vivido su vida. Quien lee libros vivirá cinco mil”.




Consideraba que Italia había entrado en esa fase de decadencia corrupta y sin salida, que tan cercana está a nosotros, con la aparición del Berlusconi líder, en 1994. Cuando, tras muchos intentos de impedir la unión de las editoriales bajo la marca berlusconiana de Mondadori, que vendía sus libros por millones, no digo miles, se lanzó a la aventura con otros cuatro escritores. Crearon La Nave de Teseo, donde fueron publicando sus libros conforme se iban cancelando los contratos. Ahora aparecerá póstumamente una colección de artículos suyos cuyo subtítulo nos ayuda a entender por qué llega un momento en el que uno no se muere sino que manda a la mierda a sus contemporáneos: Crónicas de una sociedad líquida. Una recopilación de reflexiones a las que da pie un verso, del canto 7.º del Infierno de Dante. Es decir, en vecindad con nosotros mismos. Quizá porque, ateniéndose a una de sus últimas reflexiones, “en tiempo de talibanes resulta un placer generoso leer un libro”.

Escribió, allá por el 2014, una carta a su nieto en la que hacía un homenaje a nuestro pasado escolar que alimentaba la memoria. “La escuela –decía– debe enseñarte a memorizar lo que pasó antes de que nacieras, pero parece ser que no lo está
haciendo bien”.

En uno de sus libros menos conocidos, La bustina di Minerva (2000), escribió un sarcástico texto titulado “Sobre las ventajas y los inconvenientes de la muerte”. Ahí está quizá la más brutal reflexión sobre la muerte. Lamentablemente no puedo seguir su discurso porque exigiría espacio y tiempo, pero apunta maneras:
“Recientemente un discípulo pensativo me preguntó: ‘Maestro, ¿cómo puede uno aproximarse bien a la muerte?’. Yo le respondí que la única manera de prepararse para la muerte consistía en convencerse de que todos los demás son gilipollas”.

Gregorio Morán



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sábado, 27 de febrero de 2016

Ángeles Maestro: “Podemos ha ido mostrando la poca consistencia y coherencia que hay detrás de los oropeles mediáticos”





Insurgente.org: ¿Qué escenario dibujaron las elecciones generales del 20D?
Desde la Transición, hace ya casi cuatro décadas, se habían venido alternando en el gobierno las dos fuerzas políticas, PSOE y PP, que – con matices – expresaban la continuidad de la Dictadura empezando por su apoyo inquebrantable a su heredera, la Monarquía.
Tras los sucesivos cambios de caras en los diferentes departamentos ministeriales (con excepciones claves como Eduardo Serra [1] ) se aplicaban disciplinadamente las políticas que aseguraban los intereses de las oligarquías de aquí y de fuera. Todo ello sin que la permanencia de figuras del franquismo en las altas estructuras del Estado (y en las cloacas como el GAL) fuera alterada por depuración alguna e intensificando la subordinación – a cualquier precio – a las políticas de la UE y la OTAN.

Las contradicciones interimperialistas – cada vez más agudas – no modificaban la actitud lacayuna de los diferentes gobiernos.
Así mismo, y a pesar de la progresiva dureza anti-obrera ejecutada a través de sucesivas contrarreformas laborales la “paz social” apenas estuvo alterada, hasta 2011, por huelgas generales que jamás desbordaron los límites del guión marcado por el poder. Aunque cada vez era más fuerte la represión dentro y fuera de la empresa.
Las elecciones del 20 D refuerzan el cuadro que empezó a perfilarse en las elecciones europeas de 2014 [2] cuando se produjo un primer vuelco electoral con la espectacular bajada del PP y el PSOE. La subida fulgurante de Podemos y la menor de IU (aunque en este caso era más bien el canto del cisne) se produjo tras movilizaciones populares muy importantes iniciadas en 2011 con el 15M y continuadas con el salto cualitativo que supusieron las Marchas de la Dignidad, tanto desde el punto de vista organizativo (logrando una inédita unidad a lo largo del Estado y fuera de estructuras institucionales políticas y sindicales ), como programático con el inquietante – para el poder – emblema de No al Pago de la Deuda.




La inestabilidad política que arrojan los resultados electorales, marcados por la caída en picado del voto del PP, el PSOE, IU, BILDU, BNG y el ascenso de Podemos y Ciudadanos, no se explica fundamentalmente, ni por el “agotamiento”, ni siquiera principalmente por la corrupción. Es, por encima de todo, el resultado de las brutales políticas de destrucción de derechos laborales y de servicios públicos aplicadas por unos gobiernos mandatados por la Troika, en el marco de una crisis general del capitalismo de la que ya se barrunta la siguiente gran sacudida. Como decía Jean Claude Junker, actual presidente de la Comisión Europea: “sabemos perfectamente lo que tenemos que hacer. Lo que no sabemos es cómo hacerlo y que nos sigan votando”.

Sin embargo, aunque el esperpento ejecutado por Syriza el pasado verano dejó bien claro que no había filigrana política alguna que permitiera suavizar las criminales exigencias de la Troika, ninguna de las fuerzas políticas que aparecen en las pasarelas de las diferentes coaliciones de gobierno plantean estrategia alguna para enfrentar sus diktats.

Saben perfectamente que ninguna de sus promesas electorales de revertir los recortes, ni siquiera el menor plan de emergencia social – como hemos visto hace poco en Grecia – son posibles si se acepta el marco legal de la Eurozona (TSCG 2012) y que ha sido traspuesto a las leyes españolas (L.O. 2/2012).

Los oligarcas europeos no dejan el menor resquicio de duda acerca de que lo que deberá hacer el próximo gobierno. Sea cual sea el color que se pinte, deberá dejar como un “socialdemócrata” al mismísimo Rajoy. La “flexibilidad” en el cumplimiento de los objetivos del déficit – con el correspondiente recorte del gasto público este mismo año de 9.000 millones de euros – y que forma parte de todos los programas de gobierno ha recibido ya un sonoro portazo antes de plantearse formalmente: "España tiene que cumplir con sus obligaciones y para ello el nuevo Gobierno tendrá que actualizar el presupuesto y aplicar nuevas medidas de ajuste"[3].

El enfrentamiento con las instituciones de la UE es el único camino posible que se abre ante la reivindicación de cualquier reforma, por mínima que sea.





Termino con el párrafo final del editorial del número de enero de 2016 de la revista de Red Roja: ”Dados los escenarios que se avecinan, toca advertir por “antiguo” que suene, de que la lucha de clases no preguntará si la reconocemos para hacer acto de aparición con toda su crudeza. Y lo hará con tanta más impunidad reaccionaria en la medida en la que la inestabilidad política para los de arriba se acompañe de la persistencia de ilusiones imposibles entre los de abajo. Nos toca superar nuestras “divisiones”. De las que nos sobran y de las que nos faltan [4].

2015 supuso un año de un bajón importante en la intensidad de las luchas y reivindicaciones populares en la calle... por qué, cómo se supera ese momento? ¿Qué papel asignas a CC.OO y UGT?

Tras cuatro años de fuertes movilizaciones y luchas populares, crecientemente radicalizadas pero impotentes aún para cambiar nada sustancial, se produce un cambio de tendencia. Sin ignorar rigurosos análisis acerca del sospechoso apoyo mediático recibido por los “emergentes” Podemos y Ciudadanos, desde Red Roja venimos sosteniendo que no es útil hablar de conspiraciones que enmascaren el imprescindible conocimiento de procesos de fondo que se dan en las masas. Y la gente había decidido tomar el poder político para echar a la “casta” al basurero de la historia. Y decidió hacerlo de la forma más cómoda: votando a organizaciones nuevas, con un lenguaje y con unas vestimentas diferentes, con programas que hablaban de todo y no comprometían nada.

Bien es verdad que, como se demostró con Syriza en Grecia – que en seis meses había tirado por la borda cualquier expectativa de cambio – las ilusiones se fueron desvaneciendo. El voto a Podemos, no sólo bajaba cuantitativamente, sino que se iban evaporando las ilusiones de poder cambiar realmente algo votándoles.

La superación de la desmovilización va a venir de la gran aliada estratégica de quienes defendemos la necesidad imperiosa de destruir el capitalismo y construir el socialismo: la propia realidad en situación de grave crisis general creciente e irreversible.
Y los tiempos corren rápido. La tragedia griega de Varoufakis despedido con cajas destempladas por la Troika, se verá pronto aquí como farsa.

La diferencia es que aquí mucha gente hemos aprendido y ya nos sabemos el final de ese guión. Las estructuras organizativas de las Marchas de la Dignidad, del nuevo movimiento obrero del tipo “Unificando las luchas”, de los “Barrio en pie”, de las mil formas que ha ido adoptando el movimiento popular, si bien se han debilitado, permanecen. Y siguen ahí reuniéndose, analizando y fortaleciendo la voluntad de coordinación.

Las Marchas de la Dignidad, por ejemplo, ya están preparando grandes movilizaciones descentralizadas para el 28 de mayo y una gran manifestación en Madrid en otoño. Y lo que es más importante se trabaja organizando y uniendo desde abajo, desde cada barrio, pueblo, con el sindicalismo alternativo, con la clase obrera inmigrante, con la juventud precaria y estudiantil, con las luchas de las mujeres..Además a cada paso se refuerzan sus líneas programáticas de no pagar la Deuda y enfrentar a la Troika, que en 2014 aparecían dudosas para algunas organizaciones, pero que hoy son indiscutibles.

El papel de CC.OO. y UGT es variopinto. En luchas como las de Coca-Cola o Airbus los compañeros y compañeras de estas organizaciones se incorporan con toda naturalidad y son bienvenidos en las Marchas u otras estructuras unitarias. En general su desprestigio es directamente proporcional al abandono o traición de las diferentes luchas, sobre todo las de la clase obrera precaria e inmigrante. Creo que seguirán jugando un papel importante en convocatorias de huelgas generales porque es innegable que tienen la estructura y los recursos de los que carecemos el resto, pero espero que – como sucede cada vez más – se les supere en la práctica y se vaya impidiendo que sean un obstáculo para la lucha.



Fuiste militante y concejala del PCE y diputada por IU, ¿cómo ves ahora la situación de esas dos organizaciones?
Ambas vienen sufriendo un intenso proceso de descomposición desde hace mucho tiempo.
No voy a entrar en la historia del PCE, que en buena medida es la historia – hasta que empieza la Transición – del movimiento revolucionario en el Estado español. Pero quiero decir que, a pesar de errores cometidos, que son también nuestro patrimonio porque de ellos debemos aprender, me siento orgullosa y me considero heredera de la lucha heroica de los y las comunistas integradas en el Partido Comunista de España.
El análisis crítico de papel del PCE y de CC.OO en la Transición lo he realizado en diferentes artículos[5].
En lo que al PCE se refiere su proceso de degeneración, muy complejo, radica en el abandono de la estrategia consecuente de acabar con el capitalismo y destruir el Estado como el instrumento fundamental de dominación de la burguesía. Empezó con el Eurocomunismo, pero no terminó con la salida de Carrillo. Como decía Manuel Sacristán, el problema no es reconocer que en un momento determinado la correlación de fuerzas exige dar un paso atrás, lo grave es intentar vender ese cambio táctico como la vía hacia el socialismo.

El penoso papel del PCE en la Transición culmina con el desastre de 1982, cuando el PCE baja de 23 a 4 diputados y el PSOE consigue mayoría absoluta. El lema electoral del PCE fue: “Juntos podemos”.

Empecé a militar en el PCE en 1973 en Madrid, en la clandestinidad por tanto y en la base de la organización. La lucha era dura y, en lo que yo conocí, había una militancia sana. Viví en Talavera de la Reina desde la legalización en 1977 hasta 1988 y estuve ausente de las purgas de Carrillo y del proceso de descomposición que sufrió con Gerardo Iglesias. No formé parte de la dirección del PCE hasta 1991. En 2005 encabecé, con Marcelino Camacho en el nº 2, y por primera y única vez en la historia del PCE una lista alternativa con Tesis que defendían la salida del PCE de IU para reconstruir un proyecto revolucionario comunista, fuera de las clientela de IU y del PSOE. Logramos el 42,5 de los votos en un Congreso estatal y poco después salí también del PCE convencida de que para seguir siendo y actuando como comunista había que abandonar el PCE.
La historia es compleja y no cabe aquí.
Quiero recordar dos cosas importantes relativas a IU:
1. Desde 1990 participé directamente en la creación de la Plataforma de Izquierdas de IU-Madrid que en 1991 ganó el Congreso de la federación madrileña a Ángel Pérez. La lista encabezada por la compañera Susana López exigió las cuentas de la organización que se le negaron por la dirección saliente, a pesar de recurrir a todas las instancias regionales y estatales de IU. Eran ya las cuentas del “ladrillo”, que luego serían también las de las tarjetas Black. La compañera dimitió ante el total desamparo de la dirección de IU que ya encabezaba Julio Anguita.

2. Cuando Corriente Roja (sucesora de la Plataforma de Izquierdas, ya en el ámbito estatal) decide salir de IU, tras la dimisión de Julio Anguita en 1999 y después del vergonzosos pacto pre-electoral IU-PSOE, encabezado por Francisco Frutos y Joaquín Almunia, lo hace denunciando la corrupción y la correspondiente falta de democracia interna. Se abandonaba la organización, no tanto por diferencias políticas – que las había y grandes - sino por la imposibilidad de defenderlas limpiamente en una organización en la que los intereses económicos ligados a prácticas especulativas hacía que quienes detentaban puestos de poder, estuvieran dispuestos a hacer – y lo hacían – lo que fuera posible por mantenerlo [6].





La decadencia, en mi opinión irreversible ha continuado inexorable, a pesar de que quedan militantes honestos en ambas organizaciones. Los grupos que hoy se enfrentan, los de Zamora y Alberto Garzón no representan más que intentos diferentes de buscar un lugar al sol...para sus dirigentes. Se ha pasado de buscar como única opción el gobiernos con el PSOE, como en Andalucía, a intentar desesperadamente algún lugarcito en las coaliciones de gobierno, como alguacilillos ahora, de Podemos. Curiosamente todos se daban codazos por aparecer – al igual que Podemos – lo más cerca posible de Tsipras. Nadie dentro de IU denunció el esperpento de Syriza – y del resto del grupo del PIE en el Parlamento Europeo al que pertenecen – de intentar “suavizar” los dictados de la Troika. En ello siguen haciendo como si hubiera democracia y como si los pueblos pudiéramos ejercer nuestra soberanía votando en unas elecciones, a pesar de que van directamente a estrellarse y a estrellarnos contra un muro.

Como escribía en un artículo reciente [7] , lo esencial es saber que el juego se termina. Que la crisis acelera los tiempos políticos, y que lo que vamos a ver en ellos próximos meses es que las contradicciones se agudizan y que desaparecen las formas intermedias. Cuando se acercan periodos álgidos de la lucha de clases es preciso – lo primero - decir la verdad a la clase obrera y al pueblo, e inmediatamente, convocar y organizar la resistencia para una etapa de confrontación larga y dura.

La ilusión generada con PODEMOS en millones de personas, ¿qué paisaje puede dejar en un futuro cercano?
En el momento cumbre de Podemos, en las elecciones europeas, las esperanzas depositadas en su capacidad para resolver los problemas del pueblo eran enormes. Y dada, por un lado la imposibilidad material de cumplirlas, y por otra la inexistencia de un referente político alternativo capaz de organizar la resistencia, el riesgo de que el fracaso de Podemos abriera la vía a posiciones de extrema derecha, que llevan camino de ser hegemónicas en otros países, era muy grande.
Sin desdeñar la importancia de ese riesgo, varios hechos han contribuido a que la “ilusión” de Podemos se haya ido devaluando y precisamente, por la crítica desde la izquierda.
El primer elemento ha sido rotundo: Un gobierno con amplia mayoría como Syriza, con más experiencia y posiciones más firmes que Podemos se plegaba como el más infame de los lacayos a las posiciones de la Troika. Ese ejemplo ha permitido desvelar rápidamente lo iluso de sus ilusiones a muchos y muchas militantes subyugadas por la novedad y por la posibilidad de triunfo inmediato.
El segundo ha sido la propia evolución de Podemos que ha ido mostrando que hay muy poca consistencia y coherencia detrás de los oropeles mediáticos y mucha de la vieja politiquería, incluidas las enconadas divisiones internas.

El tercero ha sido el mantenimiento de estructuras las estructuras del movimiento popular, en concreto de las Marchas de la Dignidad - a diferencia de lo ocurrido en ocasiones anteriores con el movimiento antiglobalización o el 15M. Las organizaciones de base, que casi se vaciaron de gente atraída por los Círculos de Podemos, regresaba. El 22 de octubre fueron capaces de convocar – en pleno periodo pre-electoral dignísimas movilizaciones con su reivindicación dirigida“a quien gobierne” de anteponer la satisfacción de las necesidades sociales a los objetivos de déficit y al pago de la deuda. Un elemento clave al respecto ha sido el fuerte contenido de clase de las Marchas y la presencia comprometida en las mismas del sindicalismo combativo.
El cuarto elemento y políticamente el más importante, es la asunción por parte de las Marchas de la Dignidad de reivindicaciones como No Pagar la Deuda, enfrentar a la Troika, o salir de la OTAN. El hecho de que estos objetivos, que adquieren más importancia a medida que la crisis avanza y los pueblos perciben quién impone las medidas de austeridad a mayor gloria de la oligarquía europea (y nacional, claro) hayan sido enarbolados en el Estado español desde posiciones nítidamente de clase tiene una importancia trascendental.

Frente a la exaltación nacionalista, racista y xenófoba de la extrema derecha, el enfrentamiento con la UE, aquí se enarbola por el movimiento obrero y popular más combativo. Y se hace precisamente cuando ninguna de las opciones políticas, ni las viejas, ni las nuevas, se atreven a defenderlo.
Uno de los signos de los tiempos es la aceleración de los procesos históricos. La propia inestabilidad política es muestra de ello. Y es más que probable que sea cual sea la composición del Gobierno dure muy poco. Lo decisivo es que , en medio de la movilización – porque no hay otra manera – avance la organización obrera y popular y vaya configurándose el imprescindible referente político de masas.




¿Qué reto fundamental se plantea en este complejo momento político a lo que Red Roja llama Línea de Intervención Revolucionaria en relación con el movimiento obrero y popular?
Después de una etapa en la que, tras grandes movilizaciones populares, la indignación se ha canalizado por la vía reformista y electoral, se va extendiendo en amplias capas del activismo social una doble percepción:
Que ninguna fuerza política institucional tiene voluntad real de resistir – y de organizar la resistencia consecuentemente – a las presiones de las oligarquías europeas que van a impedir cualquier programa de mejora de las condiciones de los trabajadores y las capas populares; es decir que aquí se vivirá la versión farsa de lo que sucedió con Syriza en Grecia. Que no existe ninguna organización que esté hoy en condiciones de cumplir el papel de referente político de la movilización popular.
Como Red Roja ha venido analizando, la opción electoral – fundamentalmente concentrada en Podemos, pero no sólo - pretendía ser para la gente una opción de poder. Se trataba de alcanzar por la vía de los votos, lo que no se conseguía mediante la movilización.
Y era una apuesta imposible, porque el capital en crisis galopante carece de margen de maniobra para hacer “reformas” y no tiene la menor intención de flexibilizar las reglas del juego para aplazar el pago de la Deuda o los objetivos de Déficit. Y porque – como demostró en Grecia – tiene mecanismos de extorsión suficientes para doblegar a gobiernos de “progreso”, sin un pueblo informado y organizado detrás, que tenga claros sus objetivos.
Pero el desarrollo de las contradicciones sigue su camino y las gentes han aprendido mucho. Situaron con claridad el objetivo del poder político por la vía electoral y – poco a poco- se percibirá por los sectores con un nivel de conciencia más alto, que tras el fracaso de sus expectativas, ahora se trata de ir enfrentar la cuestión del poder de la clase obrera y el pueblo, orgánica y directamente. Necesidad que se hará progresivamente más evidente cuando se vaya percibiendo – y puede suceder muy rápidamente– que las caras pueden ser más jóvenes, pero las políticas, las mismas de antes.

En ese camino de toma de conciencia de la falsedad de sus ilusiones es preciso que el pueblo trabajador interiorice la esencia irreversible de la crisis, la confianza en sus formas de organización y la necesidad de construir su propio poder. Y es prioritario ir estableciendo la correspondencia necesaria entre esta percepción y los objetivos y la naturaleza de la movilización.
En este proceso es preciso identificar a quién nos enfrentamos. Hay que señalar la clave de bóveda, el factor principal del poder al cual se supeditan todos los demás y sin el cual todo “programa” es un bienintencionado brindis al sol.
Ese eje estructural que además debe tener la cualidad de permitir que la gente establezca fácilmente el nexo de unión entre éste y sus reivindicaciones concretas es, sin duda, la oposición al pago de la Deuda y a cualquier tipo de “rescate”, proponiendo salir del Euro y del UE.

Esa oposición permanente a los “recortes” de todo tipo, fortaleciendo la resistencia contra la Troika, permite señalar actualmente el núcleo central de la estructura de poder a la que nos enfrentamos y señala reivindicaciones inasumibles por el poder.
La construcción del referente político de las luchas populares es condición indispensable para la acumulación de fuerzas y debe acompañar todo el proceso de organización y desarrollo de las luchas y movilizaciones.
Destacar esta prioridad como elemento central aglutinador, no niega, sino que abre el camino a la construcción de un programa político que será el resultado de debates, pero que , en opinión de Red Roja, debe incluir: la ruptura con el Régimen de 1978 (República (s), Derecho de Autodeterminación, Amnistía, derogación de leyes antiterroristas, etc); salida de la OTAN y desmantelamiento de las Bases; Derogación de reformas laborales y poder obrero en las empresas; propiedad pública y gestión democrática de empresas estratégicas y servicios públicos; igualdad real de las mujeres y plena soberanía sobre su cuerpo; reforma agraria y propiedad social de los recursos naturales, etc.
Este programa implica por supuesto un proceso constituyente que será el resultado de una nueva correlación de fuerzas favorable al pueblo, o no será. Quiero decir que a veces se atribuye un valor casi mágico a la reivindicación de “proceso constituyente” sin tener suficientemente en cuenta que, como forma jurídica, la elaboración de una nueva Constitución – eso si, de forma más o menos participativa – lo que en definitiva sanciona son cambios reales en las relaciones de poder.
En cualquier caso, lo que quiero dejar claro es que, lo prioritario en este momento, es diseñar un camino de debate y de confluencias que vaya configurando – al calor de la lucha de masas – ese referente político, que la potencie y la sirva, en relación con el objetivo de la conquista del poder.
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Notas
[1] Eduardo Serra ha sido Subsecretario de Defensa con UCD, Secretario de Estado del mismo Departamento con el PSOE (en todo el periodo de integración en la OTAN) y Ministro de Defensa con el PP. Ha sido una figura clave en todas las compras de armamento a EE.UU. U mano derecha del rey Juan Carlos. En la actualidad preside la influyente Fundación Everis, responsable del Informe “Transforma España” presentado ante el rey, Zapatero, Fidalgo (ex secretario general de CC.OO.) y altos responsables de las principales empresas del IBEX 35.
[2] El panorama político abierto tras las elecciones europeas de 2014 lo analicé en este artículo: http://redroja.net/index.php/noticias-red-roja/opinion/2789-las-tareas-de-la-izquierda-revolucionaria-ante-podemos-y-otras-opciones-electorales
[5] La fuerza de la memoria y el poder constituyente del NO en la reconstrucción de la izquierda revolucionaria en el Estado español (2006)http://www.rebelion.org/noticia.php?id=28710.





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jueves, 25 de febrero de 2016

Epílogo: Fin de la era del post-neoliberalismo y ascenso de la derecha pura y dura / James Petras






La lucha de clases “desde arriba” ha hallado su expresión más intensa, global y retrógrada en Argentina, con la elección de Mauricio Macri como presidente



Durante los primeros dos meses en el poder, desde diciembre de 2015, Macri ha revocado por decreto multitud de políticas socioeconómicas progresistas aprobadas durante el pasado decenio e intenta desalojar de las instituciones públicas a las voces independientes.

Al contar con una mayoría hostil en el Congreso, ha asumido poderes legislativos y ha procedido al nombramiento de dos jueces del Tribunal Supremo violando la propia Constitución.

El presidente Macri ha efectuado una purga en los ministerios e instituciones del Estado para expulsar a las personas nombradas por el gobierno anterior consideradas como críticas y reemplazarlas por leales funcionarios neoliberales. Ha detenido a dirigentes de los movimientos populares y perseguido a miembros del gabinete anterior.

A la vez que acometía la reconfiguración del Estado, el presidente Macri ha puesto en marcha una contrarrevolución neoliberal que incluye una devaluación de la moneda del 40% y ha elevado el precio de la canasta básica un 30%; el fin de una tasa a todas las exportaciones agrícolas y minerales (excepto la soja); un tope de aumento salarial del 20% por debajo del aumento del coste de la vida; un incremento del 400% del precio de la electricidad y del 200% del del transporte; despidos masivos de empleados públicos y de la empresa privada; uso de balas de goma para romper las manifestaciones de huelguistas; medidas para realizar privatizaciones a gran escala de sectores económicos estratégicos; un desembolso de 6.500 millones de dólares a acreedores de fondos-buitre y especuladores (con un retorno del 1000%) y ha contraído nuevas deudas.

La guerra de clases de alta intensidad del presidente Macri tiene como objetivo revertir el bienestar social y las políticas progresivas puestas en marcha por los gobiernos de los Kirchner en los últimos doce años (2003-2015).






El presidente Macri ha declarado una nueva versión despiadada de la guerra de clases desde arriba, que sucede a un modelo cíclico neoliberal de largo plazo en el que hemos presenciado:

1- Un gobierno militar autoritario (1966-1972) acompañado de una intensa lucha de clases desde abajo seguida por elecciones democráticas (1973-1976).

2- Una dictadura militar acompañada de una intensa lucha de clases desde arriba (1976-1982) que produjo el asesinato de 30.000 trabajadores.

3- Una transición negociada a la política electoral (1983), una crisis inflacionaria y la profundización del neoliberalismo (1989-2000).

4- Crisis y caída del neoliberalismo y una lucha de clases insurreccional desde abajo (2001-2003).

5- Regímenes de centro-izquierda Kirchner-Fernández (2003-2015), favorables a un pacto social entre los trabajadores, el capital y el régimen.

6- Régimen autoritario neoliberal de Macri (2015) y agresiva lucha de clases desde arriba. El objetivo estratégico de Macri es consolidar un nuevo bloque de poder formado por la industria agro-mineral local y la oligarquía banquera local, los banqueros e inversores extranjeros y el aparato político-militar, con el fin de aumentar de forma considerable los beneficios abaratando la mano de obra.

El origen del aumento de preponderancia del bloque neoliberal puede encontrarse en las prácticas y políticas de los anteriores gobiernos Kirchner y Fernández. Dichas políticas fueron diseñadas para superar las crisis capitalistas de 2000-2002 canalizando el descontento de las masas populares mediante reformas sociales, estímulos a las exportaciones agro-minerales e incremento del nivel de vida mediante impuestos progresivos, subsidios a la electricidad y los alimentos y aumento de las pensiones. Los programas progresistas de Kirchner se basaron en el boom de los precios de las materias primas. Cuando estos se vinieron abajo, la “coexistencia” capital-trabajo se disolvió y la alianza de empresarios, clase media y capital extranjero, liderada por Macri, aprovechó la defunción del modelo para hacerse con el poder.
La lucha de clases impulsada desde abajo se había visto gravemente debilitada por la alianza del mundo laboral con el régimen de Kirchner, no porque este le beneficiara económicamente, sino porque el pacto desmovilizó las organizaciones de masas activas en el periodo 2001-2003. A lo largo de los siguientes 12 años, los trabajadores formaron parte de negociaciones sectoriales (paritarias) con la intermediación de un “gobierno amistoso”. Las alianzas “sectoriales” y los asuntos de la vida cotidiana reemplazaron a la conciencia de clase. Los sindicatos perdieron su capacidad para propiciar la lucha de clases desde abajo e incluso para influir en los sectores más populares. La clase trabajadora quedó en una posición vulnerable y se encuentra debilitada para oponerse a la despiadada ofensiva neoliberal contrarreformista.




A pesar de ello, las medidas extremas adoptadas por Macri –la tremenda caída del poder adquisitivo, la espiral inflacionaria y los despidos masivos- han provocado los primeros pasos de un renacimiento de la lucha de clases desde abajo.

Las huelgas de profesores y funcionarios motivadas por los recortes salariales y los despidos se han disparado en respuesta a los recortes en el sector público y los decretos ejecutivos arbitrarios. Los movimientos sociales y en defensa de los derechos humanos han convocado manifestaciones esporádicas en respuesta al desmantelamiento de las instituciones que perseguían a los oficiales del ejército responsables por el asesinato y la desaparición de 30.000 personas durante la “guerra sucia” (1976-1983).
Mientras el régimen de Macri continúa profundizando y ampliando sus medidas reaccionarias destinadas a abaratar los costes laborales y reducir los impuestos empresariales y el nivel de vida con el fin de atraer capital con la promesa de mayores beneficios; mientras la inflación se dispara y la economía se estanca debido a la caída de la inversión pública y del consumo, existen probabilidades de que la lucha de clases se intensifique. Todo indica que antes de que finalice el primer año del gobierno Macri se acentuarán las huelgas y otras formas de acción directa.
A las grandes organizaciones de clase capaces de movilizar la lucha de clases desde abajo, debilitadas por un decenio del “modelo corporativo” de la era Kirchner, les llevará tiempo reconstruirse. La gran incógnita es saber cómo organizar un movimiento político de ámbito nacional que vaya más allá del rechazo a los candidatos electorales afines a Macri en las próximas elecciones legislativas, provinciales y municipales y cuándo hacerlo.


Artículo original: http://petras.lahaine.org/?p=2071 - Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo. Revisado por La Haine



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martes, 23 de febrero de 2016

Umberto Eco y el periodismo / Luis Hernández Navarro





Umberto Eco y el periodismo 

De joven, Umberto Eco quiso ser periodista, pero al entrar a la Universidad de Turín en 1954 decidió estudiar filosofía. Sus padres pensaban que eso de ser reportero no era muy serio. De niño había soñado con manejar un tranvía y con ser soldado.
No importó que no estudiara periodismo, porque igual fue periodista de opinión a lo largo de su vida, reflexionó a profundidad sobre las dificultades y retos del oficio, y hasta escribió una novela sobre la prensa.

Las columnas periodísticas de Eco, deslumbrantes ensayos cortos, se publicaron en una diversidad de diarios y semanarios. Escritas en un estilo directo y mordaz, antisolemnes, analizan lo cotidiano, buscando –según él– poner en práctica lo que Roland Barthes llamaba el olfato semiológico: captar el sentido de los acontecimientos donde otros sólo encuentran hechos, e identificar mensajes donde algunos no ven más que cosas.

Sus artículos desentrañan con viveza y originalidad hechos políticos trascendentes, espectáculos, modas, deportes, tendencias sociales y la naturaleza y conflictos que viven los medios de comunicación. Más aún: son, con frecuencia, un ejercicio de crítica del cuarto poder desde el periodismo, una elección política.

Para Eco, la objetividad periodística es un mito. Como señaló en su ensayo Información, consenso y disenso, escrito en 1979: Un diario hace interpretación no sólo cuando mezcla un comentario con una noticia, sino también cuando elige cómo poner en página el artículo, cómo titularlo, cómo acompañarlo de fotografías, cómo conectarlo con otro artículo que habla de otro hecho; y sobre todo un diario hace interpretación cuando decide qué noticias dar.





El periodista –según él– no tiene el deber de la objetividad, sino el de ofrecer un testimonio haciendo explícito lo que piensa. Debe advertir al lector que lo que dice no es la verdad, sino su verdad, una entre otras posibles.

Y es que, de acuerdo con el filósofo, no son las noticias las que hacen el periódico, sino el periódico el que hace las noticias, y saber juntar cuatro noticias distintas significa proponerle al lector una quinta.

Para Eco, los periódicos son hotel diario íntimo del intelectual y le permiten escribir cartas privadas muy públicas. Él ve sus colaboraciones en la gran prensa como un instrumento de pensamiento coyuntural, como un medio en el que los hechos se utilizan para aventurar hipótesis que son valoradas por los lectores, como un intento de proponer muchas soluciones de manera simultánea.

De acuerdo con el semiólogo, escribir en el periódico es una forma de hacer política. El intelectual –asegura– hace política con su discurso, aunque no sea éste el único medio para efectuarla. A través del periódico apuesta a incidir en la esfera pública en lo cotidiano, y a hablar cuando siente el deber moral de hacerlo.
Sin embargo, Umberto Eco no limitó su compromiso político a sus artículos periodísticos. El 8 octubre de 2014 –por ejemplo– se unió a un grupo de mexicanos que exigían en la Piazza Cardusio, en Milán, Italia, la presentación con vida de los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos.

El profesor Eco reflexionó ampliamente sobre el poder de losmass-media. Hoy –escribió en Para una guerrilla semiológica– un país pertenece a quien controla los medios de comunicación.

Posteriormente matizó su afirmación, señalando que la fuerza que éstos han adquirido es incuestionable, aunque algunas veces creen tener más poder del que realmente poseen y buscan convertirse en protagonistas y jueces de la cosa pública, en más de una ocasión desvirtuándola hasta convertirla en espectáculo.




Para él, la función del cuarto poder es controlar y criticar a los otros poderes tradicionales, pero puede hacerlo sólo porque su crítica no tiene funciones represivas. Los medios –dice– pueden influir en la vida política de un país solamente creando opinión. Los periódicos no son un órgano al servicio del público, sino un instrumento de formación del público.

Pero Umberto Eco no sólo pensó el periodismo desde la academia y la prensa. Lo hizo también desde la literatura. Su novela Número cero nos muestra, como poco más de un siglo antes lo hizo Upton Sinclair con La ficha de bronce, la peor cara de cierta prensa.
En la contratapa del libro, Roberto Saviano –autor de Cero, cero, cero..., una espectacular radiografía del negocio de la cocaína hoy en día, amenazado de muerte por la camorra y víctima de una campaña de lodo en algunos medios– advierte que esta obra de Eco es el manual de comunicación de nuestro tiempo.

En Número cero, uno de los reporteros sentencia: Los periódicos no están hechos para difundir, sino para encubrir noticias. Para ello recurren, entre otras cosas, a ahogar la noticia en un mar de información. Son, también, una máquina de fango que, para desacreditar a alguien, no requiere de lanzar acusaciones muy graves. Les basta con sembrar una sombra de sospecha sobre el comportamiento cotidiano de sus presas.




Umberto Eco fue un crítico implacable de las redes sociales, que permiten que la opinión de los necios tenga la misma relevancia que la de un premio Nobel. Son –dijo– un instrumento peligroso porque no permiten identificar a quien habla. Puso en duda que hayan mejorado el periodismo porque es más fácil encontrar mentiras en Internet que en una agencia como Reuters. Según él:En el viejo periodismo, por muy asqueroso que fuese un periódico, había un control. Pero ahora todos los que habitan el planeta, incluyendo los locos y los idiotas, tienen derecho a la palabra pública.

El filósofo encontró como uno de los fenómenos negativos asociado a la importancia de las redes sociales la extensión del síndrome del complot. “El complot –explicó– nos consuela. Nos dice que no es culpa nuestra. Que algún otro organizó todo. Hay complots por todas partes. Están basados en fantasías y son falsos.’’
Umberto Eco, a su manera un apocalíptico, falleció el pasado viernes. Los mapas que dibujó nos seguirán ayudando a caminar el mundo.

Twitter: @khan55





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lunes, 22 de febrero de 2016

'Una chica en invierno': la última novela del poeta de la amargura / IÑIGO F. LOMANA



El libro de Philip Larkin, es un análisis de la degradación emocional y la pérdida de la juventud.




Philip Larkin junto a su musa, Monica Jones. Getty Images

Imaginen la dentadura de un norteamericano. Cada pieza es una oda a la fortaleza genética, a las vitaminas y al brío juvenil. Y al dinero, por supuesto. Su sonrisa parece el relincho de un purasangre. Si son capaces de conservar la entereza, imaginen ahora la dentadura de un inglés. Espeluznante, ¿no les parece? He ahí un terrible mapa de la saña histórica que habla de miseria, de abusos nobiliarios y de grandes pucheros de gachas. Decía Baudrillard que a los estadounidenses se les han concedido buenas dentaduras en compensación por su falta de identidad.

A nadie se le escapará que este aforismo lleva todas las marcas de agua de la Gran Parida (a la que tan aficionado era su autor). Pero, por extraño que parezca, nos proporciona un buen tema para la especulación. ¿Y si sus horribles dentaduras fueran el precio que los ingleses han tenido que pagar por disfrutar de una identidad nacional tan fuerte? Eso explicaría muchas cosas, ¿no? Explicaría, por ejemplo, la obsesión que han desarrollado hacia el universo de los flemones y los empastes. Y también explicaría por qué una novela tan exquisitamente inglesa y tan preocupada por lo inglés como Una chica en invierno (1947) –la última que publicó el muy inglés Philip Larkin antes de dedicarse por completo a la poesía-
da comienzo, precisamente, con un dolor de muelas y una visita al dentista.

La heroína de esta minúscula novelita –a medio camino entre una tragedia de Hardy y un sainete de Coward- es una emigrante llamada Katherine Lind a quien los estragos de la guerra han obligado a refugiarse en Inglaterra. Aunque su apellido tiene fuertes resonancias centroeuropeas, Larkin no nos desvela nunca su nacionalidad; sin duda porque, como es bien sabido, todo lo que había al otro lado del Canal de la Mancha no era para él más que una pulpa indiferenciada de salvajismo y subdesarrollo.

“Katherine se parece mucho al propio Larkin, con quien también comparte currículo y trayectoria vital”





Con todo, Miss Lind es una foránea muy particular, ya que no presenta ninguno de los atributos en los que Larkin cifraba la extranjería (la suciedad, las enfermedades tropicales, la delincuencia). Lo que sí tiene, y en abundancia, es un inquietante talento para entregarse a largas sesiones de vudú sentimental, lo cual le viene muy bien al narrador para hacer progresar el enredo romántico en torno al cual gira la trama.

En esta tendencia a las reelaboraciones autopunitivas, Katherine se parece mucho al propio Larkin, con quien también comparte currículo y trayectoria vital: ambos viven en una pequeña localidad de provincias que detestan (Larkin solía referirse a la suya como “ese agujero lleno de mierda de sapo”); ambos consideran degradante su trabajo como auxiliares en una biblioteca municipal y, a pesar de tener apenas veinte años, ambos se sienten emocionalmente arruinados.

AUTOBIOGRÁFICO
Esta dimensión autobiográfica de la novela –a la que, por otro lado, el propio Larkin hace abundantes alusiones no ha pasado desapercibida a la crítica. Los eruditos se lo han pasado pipa haciendo divertidas insinuaciones sobre el significado que podría tener la identificación del autor con su protagonista femenina (¿Es Larkin gay? ¿Es Katherine lesbiana? ¿Es esto un incesto?). La guerra de notas al pie ha sido cruenta en este campo, pero el lector sensible hará bien en mantenerse alejado de esta controversia.




“Katherine irrumpe en la narración un crudo día de invierno. Todo es hielo, nieve y desolación invernal”

Katherine irrumpe en la narración (y cuando lo hace casi podemos oír el murmullo de aprobación con el que es recibida por la digna hermandad de histéricas novelescas a la que pertenece) un crudo día de invierno. Todo es hielo, nieve y desolación invernal y, aunque la glosa climatológica a la que estas condiciones dan pie es de una gran belleza, habría sido deseable que un poeta del talento de Larkin hubiera encontrado una simbología un poco menos ramplona para aludir a la parálisis emocional que domina el relato.

Esa misma mañana, poco después de comenzar su jornada laboral, nuestra desdichada joven recibe el encargo de escoltar hasta su casa a una compañera con un grave problema dental. En lugar de cumplir con su misión, decide llevar a la enferma al dentista. Será al regresar de la consulta cuando Katherine descubra algo que la dejará al borde de la trombosis cerebral: la carta de un antiguo amor –el insufriblemente inglés Robin Fennel- en la que este le anuncia su inminente visita.

“El desarraigo ha transformado a Katherine en un sollozante despojo emocional al que todo le importa un comino”




Por medio de un pequeño salto temporal el narrador nos invita a que seamos testigos del verano de fábula en el que estos dos irritantes muchachos se conocieron. Da comienzo así la segunda parte de la novela, más de cien páginas de enredos y malentendidos en las que vemos a Katherine chocar una y otra vez contra el muro de sus introspecciones, incapaz de entender algo que hasta al lector más despistado resulta evidente: que Robin no tiene en ella el más mínimo interés romántico. Cuando en la tercera y última parte los frustrados amantes se reencuentran por fin, el equilibrio de fuerzas entre ellos se ha alterado.

La guerra ha convertido a Robin en un zote urgido por imperiosas necesidades sexuales, y el desarraigo ha transformado a Katherine en un sollozante despojo emocional al que todo le importa un comino. Después de cenar unas salchichas con tostadas y un té negro, y tras asegurarse de que la caldera está convenientemente apagada (¿no son adorables los ingleses?), la relación camina hacia su triste clímax erótico: una primera experiencia sexual que no se distingue en nada de ese coito desmañado que los matrimonios antiguos se tiran a la cara cada lustro. Una vez más, el tiempo ha triunfado en su obstinada tarea de hacer que todo el mundo se sienta como una basura.

TREINTA AÑOS
A pesar de ser muchas, las satisfacciones estéticas no son las únicas que el lector obtendrá con la publicación de esta novela. Quizá no me crean, pero hay implicadas en este asunto cuestiones de vanidad intelectual y, hasta cierto punto también, de orgullo nacional. Resulta un tanto descorazonador que, aunque la obra completa de Larkin no contiene más que cinco poemarios, dos novelas y tres compendios críticos, el mundo editorial español haya tardado casi treinta años en prestarle la atención que merecía.

Afortunadamente, con la publicación de Una chica de invierno -una de las últimas piezas de importancia que aguardaban su traducción-  esta ominosa afrenta va camino de ser completamente reparada.

He de apresurarme a añadir que en las alacenas de los editores aún quedan algunas bolsitas de chucherías larkinistas sin abrir. Cabe destacar entre ellas –además de un fragante montón de casquería biográfica- la edición de las Poesías completas que el profesor Archie Burnett preparó el año pasado, un delirio de rigor documental del que su maniático compilador solo ha dejado fuera las cuentas de Larkin en la lechería y el comprobante de compra de sus bragueros.





“A quienes no conozcan la obra de Larkin, es ocasión inmejorable para internarse en su peculiar universo poético”
Por orto lado, no deja de ser una feliz coincidencia que el broche de oro a esta campaña de reparación literaria lo haya puesto una editorial como Impedimenta, cuya obsesión con la narrativa de posguerra ha llegado a alcanzar cotas de verdadero fanatismo (hasta el punto de ofrecer cobijo en su catálogo a una excentricidad tan notable como Una habitación en la cumbre del siniestro John Braine).

No obstante, con su coqueta edición de esta novela, el equipo de Impedimenta no ha hecho más que culminar la labor pionera que en el campo del larkinismo ha desarrollado desde principios de los noventa la editorial Lumen. Ellos fueros los primeros en atreverse a publicar una obra de Larkin, y de ellos fue la acertada decisión de reclutar en 2007 al eminente larkinólogo Damià Alou para que vertiera al castellano dos bellísimos poemarios: Las bodas de Pentecostés y las Poesías reunidas. Sería injusto no aprovechar esta oportunidad para saludar desde aquí este impecable trabajo.

A quienes no conozcan la obra de Larkin, la publicación de Una chica en invierno les proporcionará una ocasión inmejorable para internarse en su peculiar universo poético, un verdadero zarzal de amargura, misantropía y autodesprecio. A pesar de ser una novela de hechuras simples y propósitos modestos, los lectores avisados experimentarán intensos goces literarios con su lectura. No todos los días se encuentra uno con un genio de este calibre: alguien capaz de convertir una materia narrativa tan insulsa en un capricho delicioso.

IÑIGO F. LOMANA



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