miércoles, 30 de marzo de 2016

Silencio ante la recaptura de Palmira / Robert Fisk



Silencio ante la recaptura de Palmira 

La mayor derrota militar que el Isis ha sufrido en más de dos años –la recaptura de Palmira, la ciudad romana de la emperatriz Zenobia–, y guardamos silencio. Sí, amigos, los malos ganaron, ¿cierto? De otro modo estaríamos celebrando, ¿verdad?
Menos de una semana después de que las almas perdidas del califato islámico destruyeron la vida de más de 30 seres humanos inocentes en Bruselas, deberíamos estar aplaudiendo la más aplastante derrota militar que ha sufrido el Isis hasta ahora. Pero no. Mientras los oscuros maestros de la ejecución huían de Palmira este fin de semana, los señores Obama y Cameron estaban tan callados como las tumbas a las que el Isis ha despachado a tantas de sus víctimas. El que humilló nuestra bandera nacional en honor del rey de Arabia, cortador de cabezas (hablo del señor Cameron, desde luego), no dijo una palabra.

Como solía decir mi colega John Gordon, del Sunday Express, fallecido hace mucho tiempo: Como que te levanta un poco de la silla, ¿no? He aquí al ejército sirio, respaldado, claro, por los rusos de Vladimir Putin, echando de la ciudad a los payasos del Isis, y no nos atrevemos a decir una sola palabra que signifique bien hecho.
Cuando cayó Palmira, el año pasado, predijimos la caída de Bashar al Assad, pero pasamos por alto la gran pregunta del ejército sirio: ¿por qué, si los estadunidenses odiaban tanto al Isis, no bombardearon los convoyes suicidas que atacaban las líneas frontales del ejército sirio? ¿Por qué no atacaron al Isis?
Si los estadunidenses querían destruir al Isis, ¿por qué no bombardearon a sus combatientes cuando los vieron?, me preguntó un general del ejército sirio, luego de la derrota de sus soldados. Su hijo murió en la defensa de Homs. Sus hombres habían sido capturados y decapitados en las ruinas romanas. El oficial sirio a cargo de las ruinas (que tanto nos preocupaban, ¿recuerdan?) también fue decapitado. El Isis incluso volvió a ponerle los lentes a su cabeza cercenada, por diversión.

Putin notó esto y habló de ello, prediciendo con precisión la recaptura de Palmira. Sus aviones atacaron al Isis –lo que no hicieron los aviones estadunidenses– en preparación de la conquista del ejército sirio. No puedo menos de sonreír cuando leo que el comando estadunidense afirmó haber realizado dos ataques aéreos contra el Isis en los alrededores de Palmira en los días anteriores a la recaptura por el gobierno. Eso nos dice todo lo que necesitábamos saber de la guerra al terror de los estadunidenses. Querían destruir al Isis, pero no tanto.

Así que al final, fue el ejército sirio, junto con sus amigos del Hezbolá en Líbano, los iraníes y los rusos, el que echó de Palmira a los asesinos del Isis, y el que incluso –el cielo nos guarde de semejante victoria– podría invadir la capital siria del Isis, Raqqa.

He escrito muchas veces que el ejército sirio decidirá el futuro de Siria. Si recupera Raqqa –y Deir el-Zour, donde el frente Nusra destruyó la iglesia del genocidio armenio y arrojó a las calles los huesos de las víctimas cristianas de 1915–, les prometo que volveremos a guardar silencio.

Robert Fisk
© The Independent
Traducción: Jorge Anaya




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lunes, 28 de marzo de 2016

¿Quién ha pagado el concierto de los Stones en La Habana? / NANDO CRUZ



Una fundación benéfica vinculada a una asesoría financiera con base en el paraíso fiscal de Curazao ha corrido con los gastos del debut la banda de Jagger y Richards en Cuba


El quién, el cuándo y el dónde han centrado la atención durante semanas. Los Rolling Stones actuarían en la Ciudad Deportiva de La Habana el 25 de marzo ante una audiencia estimada de medio millón de espectadores. Son los datos que han replicado educadamente las agencias desde que el 29 de febrero se confirmó la noticia. También el cómo: sería un macroconcierto gratuito. Pero esta vez la dimensión de ese cómo va mucho más allá del repertorio interpretado (de 'Jumpin' Jack Flash' a 'Brown sugar', pasando por 'It's only rock'n'roll', 'Paint it black', 'Sympathy for the devil'...) y hasta debería llevarnos a indagar en el verdadero porqué del concierto cubano.

Ante tan excepcional acontecimiento, la pregunta no es si sonó
'(I can't get no) Satisfaction' o no; que sí, faltaría más.
Ante la visita de los Rolling Stones a Cuba la pregunta esencial es: ¿quién ha pagado todo esto?

El rock del ingeniero (fiscal)
El Gobierno cubano no está para costear un caché astronómico como el de los Stones y, aunque estuviera en disposición de hacerlo, cuesta creer que quisiera. Vamos, que Cuba no funciona como el Deutsche Bank, capaz de aflojar cuatro millones de euros como hizo en 2007 para que la banda de Jagger y Richards actuase para seiscientos de sus clientes más selectos en el Museu Nacional d'Art de Catalunya. Los Rolling Stones no salen de casa si no hay mucho,muchísimo dinero de por medio. Y el coste estimado para el concierto de La Habana ronda los siete millones de dólares. Así que...
Según la revista 'Billboard', ni los Stones ni AEG, la empresa que lleva sus giras,obtendrán beneficios del concierto habanero. Sin embargo, la misma fuente habla de un montaje para el que ha habido que desplazar 61 'containers', un Boeing 747 y 350 personas. Los promotores se llenan la boca anunciando el concierto como un "abrazo histórico entre el pueblo cubano y la comunidad internacional musical", pero lo cierto es que los Stones lo traen absolutamente todo. Cuba pone el público y los aplausos.
Tras este monumental despliegue está la Fundashon Bon Intenshon. No, no es un chiste de Sacha Baron Cohen, sino una fundación benéfica que lo mismo patrocina un equipo de fútbol para niños desfavorecidos que costea un orfanato o monta un festival de jazz con Sting, Rubén Blades, Chic, Stevie Wonder, Juan Luis Guerra, Alicia Keys y quien haga falta. Radicada en la isla de Curazao, parte de las antiguas Antillas Holandesas, la FBI (esas son sus siglas) es un proyecto filantrópico de Gregory Elias cuyas obras benéficas se desarrollan principalmente en la propia isla.




United Trust, transparencia y megayates
Elias es, a su vez, el presidente de United Trust, una de las asesorías financieras líderes de este paraíso fiscal caribeño. United Trust se presenta en el mundo de las altas y laberínticas finanzas mediante esta declaración: "Nos sentimos orgullosos de nuestra capacidad para cumplir las leyes que regulan algunas de las situaciones financieras más desafiantes en todo el mundo". Y acto seguido aclaran: "De hecho, las personas de United han ayudado a dar forma a las leyes que regulan el sector de servicios financieros". Es una forma sutil de sugerir a sus clientes que ellos saben cómo ajustarse a la legalidad, puesto que han contribuido a diseñarla. La empresa antillana hace bandera insistentemente de la transparencia, pero lo que no desvela en la web es el nombre de sus clientes.
 (fundashonbonintenshon.org)
El portal de United Trust es un dechado de transparencia en otros sentidos. Ayuda, por ejemplo, a hacerse una idea de las preocupaciones y necesidades de sus representados. En el artículo 'Hacia la unidad del sector de los superyates' se pregunta "cómo unir el sector de los superyates para crear una situación con mayor igualdad de oportunidades de modo que sea más competitivo". No es lo que se pregunta el 99% de seres humanos en el contexto actual, pero la costa cubana es uno de los tesoros más codiciados por los inversores extranjeros.Cuba será una parada ideal para cruceros y puerto de amarre de yates privados. Solo el Complejo Punta Colorada, proyectado en la provincia de Pinar del Río, tendrá dos puertos deportivos con amarres para 1.400 megayates. Y es que mientras el Papa Francisco, Obama y los Stones promocionaban sus respectivas visitas a Cuba, los expertos estadounidenses en finanzas publicaban artículos como 'Cuatro formas de invertir en Cuba ahora', 'Cinco cosas que debes saber sobre comprar propiedades en Cuba', '25 cosas que cualquier inversor debe saber antes de instalarse en Cuba', 'Siete formas de invertir en Cuba'...
Es el tipo de artículos que debe leer Mick Jagger mientras desayuna. Ya en 1971, los Rolling Stones protagonizaron dos hitos para la historia del rock moderno. El primero, grabar el doble disco 'Exile on Main Street' en su nueva residencia en el sur de Francia. El segundo, desviar sus ingresos para esquivar el fisco británico. Aquella empresa pantalla que los convirtió en pioneros de la ingeniería fiscal fue la holandesa Promogroup. Holandesa como lo era la isla de Curazao, hasta que en 2010 se convirtió el territorio autónomo. Holandesa como la universidad en la que estudió Gregory Elias. Holandesa, ya puestos, como la pista que ayudó a la Agencia Tributaria a dar con los 4,6 millones de euros que Oleguer Pujol, hijo del 'expresident' de la Generalitat, Jordi Pujol, había escondido en Curazao.



'Sex, drugs and evasión'
Las letras de los Rolling Stones han sido objeto de incansable estudio en muchas escuelas, pero también deberían serlo sus números. La Habana ha sido la última escala de su gira latinoamericana, pero las fechas anteriores también han tenido su complicación. Se ha hablado durante meses de lo difícil que era que el grupo actuase en La Plata a causa de la debilidad de la moneda argentina. La respuesta del promotor Daniel Grinbank fue puro 'rock'n' roll':"Hay que hacer una ingeniería financiera distinta". Y se hizo.
En octubre de 2015, Mick Jagger viajó a Cuba y en cuatro meses se cerró el trato. Inicialmente el concierto iba a celebrarse el domingo 20 de marzo, pero al saber que Barack Obama iba a visitar la isla en esa fecha, el concierto se aplazó cinco días. Para dar suficiente pompa, se anunció como "el primer concierto al aire libre de una banda británica" en suelo cubano. De este modo, nada pueden alegar los Manic Street Preachers, que actuaron en Cuba en 2001, pero dentro del Teatro Karl Marx. Ni Audioslave, que actuaron en 2005 ante 70.000 personas en la tribuna antiimperialista José Martí, pero son estadounidenses. Ni Major Lazer, que reunieron a 450.000 personas el pasado 6 de marzo, porque la banda de Diplo no es de rock.
El mundo no necesita más discos de los Stones, pero el contrato con todas las cláusulas y acciones derivadas de su 'show' en Cuba debería caer en manos de alguna universidad; privada, 'of course'. Un pormenorizado análisis del documento daría para un jugoso e intenso máster de dos o tres años: 'Ingeniería fiscal, filantrocapitalismo y rock'n' roll en la tercera edad'. Y de regalo, el visionado del histórico 'show' de los Stones en La Habana (histórico es el calificativo más repetido en los titulares), con especial atención a la canción escogida por votación popular para reforzar el 'set list'; nada menos que 'All down the line', del exiliado 'Exile on Main Street'.

Dame refugio y dame contactos
Aquel concierto secreto de los Rolling Stones de hace nueve años en el MNAC de Barcelona era la guinda a un curso sobre nuevos productos financieros que organizó el Deutsche Bank y en el que participaron "ejecutivos de Morgan Stanley, Goldman Sachs, JP Morgan, Santander Gestión, BBVA, La Caixa y analistas de Singapur y Hong Kong", según informó 'El Economista'. Ahora que la banda de Sir Mick Jagger se ha convertido en algo más que una máquina de hacer dinero (es un anzuelo cultural alrededor del cual se hace dinero), a saber la de manos que se habrán encajado, la de reuniones que se habrán acordado, la de tratos que se habrán cerrado y la de porcentajes que se habrán apalabrado mientras Jagger, Richards, Watts y Wood tocaban 'Gimme shelter' en la La Habana.

Y todo, gracias a la Fundashon Bon Intenshon y a United Trust.




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domingo, 27 de marzo de 2016

El momento de peligro / Ana Cacopardo



Siempre que pienso con otros en torno a los sentidos de la memoria, me interesa volver sobre el presente. No hay aquí paradoja alguna. Podríamos decir que hay un señalamiento casi obvio: siempre la memoria se conjuga en presente. Hacemos memoria desde el presente. Como se ha dicho tantas veces, la memoria es el presente del pasado. En estas horas, donde el número redondo y potente de los 40 años del último golpe militar nos invita a reflexionar, quiero poner el énfasis en esta ligazón: la que articula pasado y presente. Son los peligros del presente los que convocan la memoria. Así lo escribió alguna vez Walter Benjamin y lo recuerda machaconamente en sus textos Pilar Calveiro cuando señala que la memoria arranca de esta realidad nuestra y se lanza al pasado “para traerlo, como iluminación fugaz, al instante actual”. Ese es el ejercicio que le devuelve a la memoria toda su potencia transformadora. Si sólo fuera un “deber”. Si sólo fuera una forma de colocar el mal en algún lugar del pasado. De alojarlo en un monumento. O de exorcizarlo en el ritual conmemorativo de cada año, la memoria de la dictadura podría convertirse en un gesto vacío. En el mejor de los casos, en una forma de corrección política. En el peor, en una mueca cínica. Si la memoria de las atrocidades de la dictadura pierde su lazo con el presente, no seremos capaces de comprender que el horror del terrorismo de Estado, no fue un cataclismo. No fue un rayo inesperado que cayó sobre un inmaculado cielo azul. Fue un camino que la sociedad argentina recorrió de a poco. Basta para constatarlo con repasar la historia reciente de nuestro país, una cultura política atravesada por el odio y el autoritarismo, que fabricó enemigos y justificó su persecución y finalmente su exterminio.

Cómo escribió Zygmunt Bauman: “Cruzaremos el puente cuándo lleguemos a él”. La memoria debe ayudarnos en ese imperioso ejercicio de advertir cuáles son los peligros del presente. Dónde están hoy, donde advertimos prácticas y discursos que pueden colocarnos en el umbral de ese puente. Los juicios por crímenes de lesa humanidad y las prácticas de memoria que se han venido desplegando en la Argentina nos han permitido construir un fuerte consenso social en torno a la necesidad de verdad y justicia. Pero al mismo tiempo han renovado la pregunta más inquietante: ¿cómo fue posible? Es la pregunta que nos propone dar vuelta el espejo para asumir la imagen de una sociedad que fue capaz de engendrar el horror. Una pregunta que aún hoy tiene fuertes resonancias y continúa interpelándonos.

Los 40 años son la oportunidad renovada de comprometernos con este presente muchas veces amenazante para la vigencia de los derechos humanos y la dignidad de las personas. De hacerlo sin ingenuidad porque sabemos que no basta con gritar la consigna Nunca Más. Y sabemos que la memoria no ha logrado vacunar a la humanidad del mal y el horror porque las masacres se repiten aquí y allá en el mundo. Pero ese Nunca Más es el ideal humanitario que nos empuja a no naturalizar violencias y exclusiones. A pensar cuáles son los umbrales que no deben correrse. Y aquí hay un conjunto de batallas pequeñas, cotidianas e indispensables que cada uno de nosotros puede y debe librar desde el lugar que le toque. Que cada uno de nosotros debe antes, poder nombrar, porque lo primero es poder reconocer lo que nos pasa y ponerlo en contexto. Un contexto de capitalismo global y brutal donde enormes masas de población están condenadas a no tener futuro, tan prescindibles para el mercado que ni siquiera hace falta eliminarlas, basta con dejarlas morir. Un contexto donde la seguridad social se convierte en seguridad individual y alimenta el mercado del miedo, el encarcelamiento masivo o prácticas brutales de las fuerzas de seguridad. Donde cedemos derechos e intimidad a cambio de la promesa tan incierta como repetida de unos estados que profesan cruzadas contra la delincuencia y terminan alimentando el círculo de la violencia. Unas democracias jaqueadas por intereses supranacionales donde los medios de comunicación son poderosas corporaciones económicas, con un extraordinario poder de lobby para garantizar la reproducción de sus negocios y una capacidad formidable de darle a sus intereses la forma del sentido común mientras vienen a decirnos que todo lo demás es desechable porque es ideología.

En medio de este panorama complejo, que a veces nos parece tan cerrado, el Nunca Más, viene también a decirnos que es posible. Que ese otro mundo posible, ese que soñamos, también está entre nosotros. Aunque no salga en la televisión. Está en nuestras fraternidades. En el poder de lo pequeño (sobre esto las Madres y las Abuelas han hecho la mejor pedagogía). En el reconocimiento del otro. En las esperanzas y desasosiegos compartidos. En la alegría, claro. Porque nos empuja esa utopía: la de la felicidad colectiva. La alegría, si. Esa con la que nos encontramos en las calles este 24 de marzo.



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viernes, 25 de marzo de 2016

40 años después, sin perdonar ni poner la otra mejilla. / Néstor Kohan



Organizaciones de izquierda protestaron ayer en Buenos Aires por la visita del presidente estadunidense Barack Obama a Argentina / Foto Afp

Las marcas mugrientas de esta fecha emblemática las llevamos en el cuerpo y en el corazón. No hay jabón ni detergente que pueda borrarlas. No hay esponja que las deteriore. En el cuerpo, en el corazón y en la memoria, sí. Por lo que hemos leído, por lo que hemos visto en películas, por lo que nos contaron, por lo que estudiamos.

Pero también por las marcas personales de nuestra pequeña infancia. En la memoria de mi padre huyendo de su casa amenazado de muerte, escondido, sin ver a sus dos hijos pequeños (uno bebé). En mi escuela, frente al fanatismo delirante y militarista que nos inculcaban las maestras (que personalmente no eran malas, sino simplemente parte de un andamiaje que las excedía y no controlaban). En esos recuerdos nauseabundos y bizarros de mi niñez marchando como un soldado por las calles de mi barrio de la periferia de la provincia de Buenos Aires junto con mis compañeritos, en una edad donde deberíamos haber estado jugando con figuritas y no marchando como si fuéramos militares. En mi adolescencia trunca, mochada, frustrante, que todavía hoy, varias décadas después, me sigue generando angustia en la garganta y ahogo en el pecho de tan sólo rememorarla. En el recuerdo de escuchar a mi padre, sin que él se diera cuenta ni lo registrara, contar a sus amigos las torturas militares, las violaciones, el arrojar viva a la gente desde los aviones.

¿Quién dijo que nadie sabía nada? Si yo lo escuché muy clarito en mi casa y en la casa de los amigos de mi padre cuando todavía se me caían los mocos de la nariz y tenía las rodillas lastimadas de jugar a la pelota. Si todo mi barrio sabía que la hija de la directora de mi escuela primaria, pública y estatal, con paredes de madera y calle de tierra, estaba desaparecida. ¡Todo el barrio lo sabía! Hasta el más tonto, hasta el más gil, hasta el más distraído.

Cuarenta años después… y con tanta agua bajo el puente, ¡cuantos mitos debemos todavía remover!
–Estados Unidos sabía que se gestaba el golpe, tituló hace unos años una conocida periodista de medios masivos, ex militante (renegada) del PRT-ERP. ¿EUsabía? ¡No! Por favor. No seamos hipócritas. ¡EU dirigía! El imperialismo no sabía ni estaba enterado. ¡Organizaban, financiaban y decidían! Dirigían el golpe, dirigían la campaña de terror previa que lo posibilitó y lo preparó. Dirigían y enseñaban la tortura. Y dirigían la internacionalización de las dictaduras, principalmente de la argentina y la chilena, por lo menos hasta la guerra de Malvinas (1982), cuando las fuerzas armadas dejaron de participar en las torturas y los entrenamientos de la contrarrevolución centroamericana destinada a derrotar la revolución sandinista.




–Fue sólo un golpe militar, de tres generales borrachos y cuatro sargentos violadores. No señor, no señora. Según un informe que el diario La Nación, vocero orgánico de la dictadura y de todo extremismo de derecha hasta el día de hoy, publica en aquella época nefasta, basado en un estudio de la propia inteligencia militar de la SIDE de 1978, en el cual se informa que los 23 gobernadores militares de la dictadura militar contaban con 35 por ciento de intendentes de la Unión Cívica Radical (UCR) (310 intendentes); 20 por ciento del Partido Justicialista (PJ) (169 intendentes); 12 por ciento del Partido Demócrata Progresista (PDP) (109 intendentes); 10 por ciento del MID –liderado por Frondizi y Frigerio (94 intendentes); 9 por ciento Fuerza Federalista Popular –liderado por Manrique (78 intendentes); Partidos Conservadores provinciales 8 por ciento (72 intendentes); Neoperonistas 3 por ciento (23 intendentes); Demócrata Cristianos (DC, fuerza dirigida por el Vaticano) 2 por ciento (16 intendentes); Partido Intransigente de Óscar Alende 0.5 por ciento (4 intendentes). (Véase Diario La Nación, 25 de marzo de 1979, sección Semana política, tituladaLa participación Civil). Si a eso le sumamos la activa participación de la burocracia sindical (todavía hoy con juicios pendientes por complicidad en los secuestros de comisiones internas, como en la empresa Mercedes Benz o Ford) y el apoyo de las altas jerarquías eclesiásticas a la dictadura… el golpe está armado desde una estrategia político-militar, pero acompañada de un apoyo y sustento también financiero, civil, mediático y eclesiástico. Su finalidad fue reordenar de raíz el capitalismo argentino.

 –“La revista Humor (de signo político radical) encabezó la resistencia cultural en medio de la oscuridad”. No es cierto. El periódico judío de izquierda Nueva Presencia,dirigido por Herman Schiller, loco de la guerra que en plena dictadura publicaba a las madres de plaza de mayo, al PRT, a los Montoneros y a cuanto militante revolucionario anduviera sobreviviente por allí, fue muchísimo más opositor y jugado en el campo cultural que la revista Humor. ¿Hasta cuándo vamos a seguir repitiendo el mito de los radicales y la autoapología de la clase media –hoy macrista– paladín de los derechos humanos?

–La culpa del golpe y los desaparecidos corresponde a la ultraizquierda, a los foquistas, a los guerrilleros. Patético análisis repetido ya no sólo por los más derechosos y apologistas de la dictadura, sino incluso por algunos segmentos de la izquierda institucional. ¡Todavía hoy! Ese diagnóstico unilateral se olvidade dos libros fundamentales que confirman aquel viejo refrán de abogado A confesión de parte, relevo de pruebas.

Uno de ellos, escrito por el principal o uno de los principales estrategas de las fuerzas armadas, el general Osiris G. Villegas. Cuando ni el PRT ni los Montoneros habían nacido, este general proponía matar y asesinar en masa, revivir la inquisición y las cruzadas (sic), a través de la guerra contrarrevolucionaria, siguiendo el ejemplo de Francia y sus campos de tortura en Argelia y Estados Unidos en Vietnam. Había que aplastar al comunismo y comenzar por la cultura. (VéaseGeneral Osiris G. Villegas: Guerra revolucionaria comunista (1962 Biblioteca del oficial), Buenos Aires, Pleamar, 1963).

La otra prueba contundente fue redactada por el padre ideológico del proyecto socio económico y cultural de Macri, Menem y Cavallo: el capitán-ingeniero y aprendiz de economista neoclásico, Álvaro Alsogaray. Este espécimen integrante del género porcino, ya en 1962 (no existían ni Montoneros ni PRT-ERP) le recomendaba a su hermano el general Julio Alsogaray, subsecretario de guerra, comprar armas para la guerra interna, pues lo que se venía en Argentina era la guerra insurgente y comunista y había que matar y asesinar en masa para frenar a la subversión (Véase Álvaro Alsogaray: Experiencias de 50 años de política y economía argentina. Buenos Aires, Planeta, 1993. p.117).

Después de las confesiones anticipadas de Osiris Villegas (corazón de la estrategia político-militar) y Alsogaray (cerebro del capital financiero, incluso antes que Martínez de Hoz) ¿como seguir repitiendo semejante disparate contra la insurgencia?
Y los mitos siguen y siguen. Imposible abordarlos todos en tan pocas líneas.

El desafío es a largo plazo, con paciencia, con tenacidad y con el pueblo. Sin poner jamás la otra mejilla... Sin olvidar, sin renegar, sin perdonar. Estoy absolutamente convencido de que ninguna lucha fue en vano. Alguna vez hasta el más mínimo gesto de resistencia, hoy olvidado, denostado, insultado, recobrará su sentido y recién allí nos reencontraremos con nuestros muertos, nuestros caídos, nuestros torturados y torturadas, nuestros desaparecidos.

Simplemente me despido con un deseo, tonto, infantil, insignificante y pequeño, pero irrenunciable porque seguimos amando la vida: quisiera estar vivo para verlo. O alguna vez tener hijos para que ellos o ellas lo vean.

A la memoria de Aníbal (Óscar Antinori), jefe de mi padre, combatiente de varias guerras. Obrero, tenía tercer grado de primaria. Gracias Aníbal por regalarme tus libros de Lenin.

Néstor Kohan
·        Profesor de la Universidad de Buenos Aires (UBA).



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jueves, 24 de marzo de 2016

Un manto de lenguas / Miguel Sánchez-Ostiz




Un manto de lenguas 

Se me ocurre que no es una mala forma de comenzar una pesquisa en torno al rumor recordar el, para mí, sorprendente efecto escénico apuntado por Shakespeare al comienzo de La Segunda Parte del Rey Enrique IV cuando escribe: “Entra el RUMOR, en traje cubierto de lenguas pintadas”. Qué mejor manera de representar al rumor que un traje, o una capa, con lo que ésta tiene de ocultación y embozo, cubiertos de lenguas. Y no me resulta difícil imaginar la impresión que puede producir en el espectador ese personaje que presenta la obra cubierto con un traje o con un manto de lenguas, surgiendo de la oscuridad, a la luz de unas teas: lenguas rojas como llamas… De la misma forma que resulta difícil olvidar el monólogo de este personaje hablando de sí mismo como prólogo a una historia de rebeliones, olvidos, derrotas, juventud, poder y muerte a la que pone su sal y su tragedia sir John Falstaff. Pero no logro imaginar su rostro. O mejor dicho, sí, pero más que un rostro sería una rápida sucesión de máscaras cambiantes que el espectador sólo llegaría a entrever un instante. Esa ausencia de rostro es uno de los rasgos que caraterizan al rumor. Nadie lo propala, nadie le presta oidos. Ahora está aquí, más tarde allí, en otra parte.

Ese personaje que al desaparecer deja sobre la escena la confusión, y se complace en que los correos lleven consigo prestadas a las lenguas del Rumor, “los dulces consuelos de la mentira, peores que las verdaderas desgracias”, sabe que el rumor es más atractivo que la verdad o que la noticia cierta, pues en él, además de la mentira, cabe, claro está, lo cierto, pero también algo más sutil y más atractivo: lo posible, lo que es verosimil, especulable. Y al permitir la especulación, pone viento en la imaginación, enciende las ospechas, permite la vana esperanza de lo mejor y el temor de lo peor anticipado, el engañoso cambio del curso de los acontecimientos. Cabe preguntarse qué es lo que despierta el rumor para que lo rumoreado sea más atractivo y más creible que la verdad misma. Y probablemente la respuesta este, además de en la insatisfacción, en esas pasiones distintas y encontradas, la envidia, el odio, la codicia, los celos, -pasiones tristes en palabras de Spinoza-, que lo alientan y sirven de eco, y sin las que el rumor no sería sino el pábilo humeante de una vela apagada.



Es difícil no prestar oidos al rumor. El personaje de Shakespeare lo sabe, por eso habla de sí mismo como de una flauta en la que “soplan las sospechas, los recelos, las conjeturas, y tan sencilla de tocar, que ese monstruo sin arte, de cabezas innúmeras, la multitud eternamente discordante y bullidora, pueda hacerla resonar”.

Un elemento más del rumor, la masa, la turbamulta, un público que desea un espectáculo continuo y continuamente renovado y que le sirve gustoso de eco. Existe una relación estrecha entre el rumor y la multitud descontenta, ávida de noticias y de cambios. El rumor suele estar en el origen de esas sobrecogedoras acciones de la muchedumbre presa de un ciego impulso de brutalidad, de violencia. El rumor crea cómplices cómodos y efectivos de la injusticia y hasta del crimen, buenos encubridores. Y eso lo saben quienes lo echan a rodar, pues además del rumor espontaneo, hay otro calculado y frío. Me acuerdo ahora mismo de Fritz Lang en Furia y de algunas páginas de Elias Canetti; pero también de acontecimientos de la vida diaria que tienen al rumor como protagonista.

En la película de Fritz Lang es el rumor de la captura de uno de los autores de un secuestro el que desencadena la violencia, el ansia de venganza, de destrucción, el odio, de una pequeña ciudad norteamericana. Unos ciudadanos que desean cobrarse la justicia por su mano y no se preguntan si aquel que está encerrado en la prisión es culpable o no; necesitan un culpable, eso es todo. Dan vagamente por cierto lo que han oido, lo que corre por las calles, por los patios, en la barra del bar, no por que les mueva el instinto de justicia, sino la necesidad de sacudirse el aburrimiento, de salir de la rutina, de la vida parda de todos los días en la que nada o casi nada sucede, se la que ellos son los protagonistas y los epsectadores hastiados. Y después de que el rumor desaparece de escena, dejando tras de sí la ruina, el miedo y la vergüenza, la ley del silencio. Nadie quiere salir de ese protector anonimato que confiere el rumor. Cada cual no dice más que lo que ha oido, no otra cosa. No hay culpables.



En el filme de Lang el rumor aparece más asociado al odio, a la violencia y a la muerte, que a esa maledicencia, a esa insidia, a la envidia y los celos, exenta en apariencia de violencia, más propios del rumor en las pequeñas comunidades, en los petits noyaux, en los cotarros, en las tribus urbanas, en los pequeños mundos cerrados sobre sí mismos que controlan a sus miembros, recelan de la disidencia y no tienen otra prueba de su existencia que el espejo. En estos casos, sin embargo, la violencia del rumor es algo sordo, latente, una amenaza continua que puede o no convertirse en brutalidad, en violencia física; pero que primero se vive como intimidación, como temor inconfesado.

En algunas pequeñas comunidades, el País Vasco, sin ir más lejos, existe un rumor que se propala sin que nadie sepa de dónde viene, quién lo ha hecho correr -esa es la expresión que mejor corresponde al rumor-, imparable, que relata aquello que quien lo escucha desea en el fondo oir porque le identifica con sus convicciones arbitrarias y mesiánicas -la aparición del traidor, del vendido, del martir y también de quien pone en peligro la existencia de la comunidad-, que más tarde provoca la acusación ominosa y anónima que aparece escrita en una pared y que termina con un cuerpo tendido en el suelo, del que nadie -ese vago “la gente”- quiere saber nada, dando con ello crédito al rumor, convirtiendo a los indiferentes en cómplices y en encubridores. Ese rumor se confunde aquí con la delación que propicia el arreglo de cuentas, con una suerte de un linchamiento moral, con la perversión del crimen impune. Sería este caso de sociedades atemorizadas, dominadas por las mafias, las camorras, sociedades demasiado cerradas sobre sí mismas, fundamentadas en la exclusión y en la defensa de unas vagas esencias. En ellas, el rumor sería la mejor arma de ataque y de defensa; un arma mortal.



Y junto a ese, otro más, y otro, tantos como vientos, como lenguas, el rumor ominoso de la pequeña ciudad que obligaba, por asfixia, por esos minúsculos conflictos que hacen la convivencia imposible, a algunos de sus habitantes a marcharse, primero encerrados en sus casas, luego proscritos y huidos, y sólo de regreso cuando todo había sido olvidado y aún así… todas esas historias, las hay, siempre las hay, que comienzan con el “dicen” y en las que la simple diferencia o la transgresión de unas reglas no escritas de convivencia, de unas convenciones arbitrarias, de unos prejuicios en definitiva, están en el origen del rumor que propala la calumnia. Y es que en toda pequeña comunidad, grupo social, tribu, camorra, hay quien vive del rumor, que en ello obtiene su crédito, que va de un lado a otro presuroso llevando o trayendo la última noticia -“se dice”, “me han dicho”-, y al que le prestan atención no precisamente los más cuitados, sino todo el que se pone al alcance de su lengua.

Sería aquel “Delator” de Elias Canetti en Cincuenta caracteres, un profesional del rumor que no puede parar quieto, siempre apresurado de un lado a otro, de tertulia a covachuela, de la barra del bar al salón del barbero o del poncio, es lo mismo, siempre en posesión de un secreto que hace correr con la impostura cómplice de la discreción -el asunto es estar en el secreto, compartirlo-, destripa famas, arruina créditos, sabe que lo que él cuente será contado y rondará de aquí para allá hasta que llegue ánonimo a oidos de su víctima. Un daño irreparable.

Y otra cara más de ese personaje de muchos rostros: el rumor como subversión. El rumor que siembra la inquietud, la burla, que hace correr el pormenorizado relato de los abusos y atropellos reales o ficticios del poder, de sus lacras y miserias ocultas, que agrupa enemigos y sostiene resistentes, y que encontraba reflejo en los códigos penales que castigaban a quien propalara rumores falsos en tiempo de guerra o en tiempo de paz… Cosas de las dictaduras o supervivencia de sociedades más primitivas que viene a ser lo mismo. Cómo no pensar que es el rumor un arma en manos de quien puede propalar falsas noticias. Qué cosa más subversiva que esa mentira disfrazada de verdad, esa verdad a medias, esa certeza aplastante que corre de aquí para allá y socaba los grandes discursos, el mensaje del mesías de turno. Cuando las cosas vienen mal dadas todo se hace rumor.




El rumor como subversión del poder; pero también como ejercicio de este. Hay veces que las falsas noticias se hacen rumor o aquellas nutren este. El periodista en momentos de confusión, en momentos en que el espectáculo está en su apogeo, sobre todo si este es siniestro, sangriento, se hace eco de lo que escucha en la calle y de lo que le aseguran fuentes oficiales, fuentes cercanas al poder, los portavoces mismos y con ello hacerse eco de un rumor calculado cuyo objetivo es encontrar apoyos, cómplices, simpatizantes ¿No fueron meros rumores las noticias de las fosas de ejecutados en el golpe de estado rumano? ¿No conmovieron a los espectadores? ¿No convirtieron aquellos cdáveres anónimos en mártires? ¿No produjeron en este caso un movimiento de simpatía y de solidaridad y uno parejo que exigía más venganza que justicia? ¿Y las fantasías del agua envenenada y de los ejércitos subterraneos? Los medios de comunicación se hicieron entonces eco de los rumores, de las fantasías, que corrían por las calles, lo aventaron y si algún objetivo tenían aquellas noticias falsas fue cumplido con creces.

Sí, el rumor de Shakespeare, y casi el de todos los días, es el de la guerra, el de la desgracia, el de la deslealtad, el de la muerte … pero queda sin embargo, o tal vez hubiese que hablar de él en pasado y escribir quedaba, otro igualmente antiguo, el de lo extraordinario incomprobable y lo sucedido en lejanas tierras, que nutrió los libros de maravillas, animales fabulosos, plantas y piedras de propiedades extraordinarias, hizo perderse a viajeros demasiado crédulos, y alentó las historias de las noches largas.

Miguel Sánchez-Ostiz

*** No tengo la más remota idea de dónde publiqué este artículo, ni cuando.



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martes, 22 de marzo de 2016

Los Derechos Humanos en EEUU bajo el gobierno de Obama./ David Brooks



En sus declaraciones a la prensa junto al Presidente cubano Raúl Castro, Barack Obama, y también los periodistas norteamericanos que realizaron preguntas enfatizaron reiteradamente en el tema de los Derechos Humanos. A propósito, reproducimos este texto del periodista estadounidense David Brooks, publicado por el diario mexicano La Jornada, que recoge la evolución y el estado de temas como Libertad de expresión, Elecciones libres, Represión policíaca, Detención arbitraria e indefinida, Tortura, Violencia armada, Disidentes, Transparencia, Presos, Derechos laborales, Albergue de terroristas y criminales de guerra, Derechos de no ciudadanos, Vigilancia gubernamental durante los dos mandatos del Presidente Obama.  


Espejos / David Brooks
El presidente Barack Obama inició su viaje a Cuba y Argentina esta semana, subrayando que el tema de los derechos humanos será prominente en sus intercambios con sus contrapartes y en sus mensajes a esos pueblos. Prometió que abordará las diferencias que tiene con el gobierno de la isla, y, por otro lado, abordará la historia complicada (como caracterizaron sus asesores) de su país con los regímenes golpistas de la época de la guerra sucia en América del Sur. Para ayudar facilitar este diálogo, aquí ofrecemos algunos puntos que podría abordar en su llamado por la defensa de los derechos fundamentales y la transparencia.

1. Libertad de expresión: el gobierno ha empleado una ley antigua contra el espionaje para fiscalizar y perseguir dos veces más personas en los últimos siete años que todos los regímenes anteriores combinados desde 1917. Los acusados son funcionarios y periodistas que buscaban dar a conocer al público violaciones de libertades civiles y abusos de derechos humanos por las autoridades. Una organización nacional de defensa de periodistas afirmó que las medidas de control de información por el régimen actual son las más agresivas desde hace 40 años, y periodistas veteranos de los principales medios acusan que es entre los gobiernos menos transparentes y de ataques sin precedente contra la prensa libre.

2. Elecciones libres: existe amplia documentación sobre las graves irregularidades del sistema electoral, entre ellas casos de fraude, supresión del voto (incluyendo la anulación del derecho al voto a aproximadamente 6 millones de personas por tener antecedentes criminales), el hecho de que no todos los votos son contados y corrupción extensa.

3. Represión policiaca: mil 145 civiles murieron a manos de fuerzas policiacas en 2015; de ellos 226 estaban desarmados. Minorías sufren dos o tres veces más muertes que sus contrapartes de la mayoría. Cada año se ofrece documentación de abusos fiscos y uso de fuerza indebida por las autoridades contra ciudadanos. Hay repetidos incidentes del uso de la fuerza policiaca contra manifestaciones y actos de protesta no violenta.

4. Detención arbitraria e indefinida: el país mantiene un número no conocido de sospechosos en centros de detención, incluido un campo de concentración, sin cargos ni juicio, en algunos casos, por más de 14 años.

5. Tortura: el gobierno ha rehusado investigar y fiscalizar a funcionarios y oficiales que usaron técnicas de tortura prohibidas por el derecho internacional y las leyes nacionales.

6. Violencia armada: unos 88 ciudadanos mueren en promedio cada día por armas de fuego, algo que Amnistía Internacional considera crisis de derechos humanos y que afecta a decenas de miles anualmente.

7. Disidentes: varios presos políticos permanecen encarcelados, mientras otros son o han sido obligados a buscar refugio político en otros países.

8. Transparencia: el actual gobierno ha marcado récord en el número de solicitudes rechazadas, como el nivel de censura de documentación, según las leyes de acceso a la información y transparencia.




9. Presos: el país tiene la población encarcelada más grande del mundo, con 2.37 millones de presos. De ellos, aproximadamente 100 mil están en aislamiento, algo que organizaciones de derechos humanos han documentado como tortura.

10. Derechos laborales: en amplias regiones del país no se respeta el derecho a la sindicalización, se violan las normas de salud laboral y cientos de miles de menores de edad trabajan en los campos de cultivo sin derechos mínimos. Hay condiciones de esclavitud tanto en sectores agrarios como en maquiladoras urbanas.

11. Albergue de terroristas y criminales de guerra: varios acusados de actos de terrorismo son fugitivos de las justicia internacional y son protegidos en el país.

12. Derechos de no ciudadanos: durante los últimos años se ha ampliado el uso de la detención de madres y niños que buscan refugio de la violencia en sus países. Más aún, menores de edad son detenidos, procesados sin representación legal y deportados a países de los que huyen de violencia y muerte. Algunas de estas prácticas violan leyes nacionales e internacionales. Incluso, se han realizado un número de deportaciones sin precedente por el régimen actual.

13. Vigilancia gubernamental: el espionaje masivo a la ciudadanía ha sido denunciado como una violación de las libertades civiles fundamentales.
Amnistía Internacional resumió que ese país americano ha contribuido a la erosión de los derechos humanos a nivel mundial al no cerrar centros de detención ilegales, rehusarse a dar la bienvenida a refugiados, fracasar en cuanto a reformar el sistema de justicia criminal y no actuar contra la violencia armada.
Esto sólo es parte de lo que ocurre en un país americano, pero ese país no es caribeño ni sudamericano. Ese país se llama Estados Unidos.
Ojalá el pueblo cubano y el argentino puedan ofrecer sugerencias, recetas y propuestas al presidente Obama para ayudar al pueblo estadunidense a abordar y resolver algunos de estos problemas. No se trata de injerencia extranjera, sino de ofrecer un espejo como acto de solidaridad.


Fuentes:1. Comité para Protección de Periodistas. El gobierno de Obama y la prensa; 3. The Guardian. The Counted; 4 y 5: el caso más notorio es Guantánamo: Informes anuales de Human Rights Watch, Amnistía Internacional, Center for Constitutional Rights; 7. Leonard Peltier, Mumia Abu-Jamal, Chelsea Manning y Edward Snowden, entre ellos; 8. Reportaje de la agencia Ap del 19 de marzo; 9 y 10. Human Rights Watch Informe anual y Coalición de Trabajadores Immokalee; 11. Entre éstos: Luis Posada Carriles, Orlando Bosch, varios oficiales militares salvadoreños, así como varios funcionarios (de bajo y alto rango) que han sido acusados de cometer crímenes de guerra, como el ex secretario de Estado Henry Kissinger, entre muchos más; 12. Amnistía Internacional, Human Rights Watch; 13. American Civil Liberties Union.



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domingo, 20 de marzo de 2016

Petras sobre Argentina: "EEUU tuvo un rol activo a través de instrumentos de propaganda, política y diplomacia"







El sociólogo norteamericano se refirió al rol de EEUU y de los empresarios en el golpe, y al viaje del presidente del régimen estadounidense a Argentina
James Petras se especializa en temas políticos y sociales, publicó numerosos artículos y ensayos sobre la política exterior norteamericana y la intervención de EE.UU. en América Latina. En los años 70 viajó a la Argentina como corresponsal de la revista de Jean Paul SartreLes Temps Modernes y como investigador, para concluir un trabajo sobre el comportamiento local de las empresas norteamericanas. En esta entrevista, Petras habla del rol de los empresarios y de los EE.UU. en el golpe. Además se refiere al viaje de Obama a la Argentina.

A fines del año pasado publicaste un artículo sobre la última dictadura argentina, “Terror de Estado o terror capitalista, golpe militar o golpe capitalista” [en inglés: http://petras.lahaine.org/?p=2058]. En ese artículo elegiste como punto de partida las actas desclasificadas del Banco Central argentino. ¿Qué encontraste en esos documentos?

En mis trabajos en la Argentina antes del golpe y también en algunas entrevistas que tuve aquí en Estados Unidos descubrí que los principales miembros de la Unión Industrial estaban trabajando duramente en favor de un golpe. Incluso en las entrevistas me contaban que el hecho de que Brasil tuviera más crecimiento que Argentina justificaba el golpe. Y esperaban que en Argentina los militares empezaran a planificarlo. En Estados Unidos también tuve entrevistas con un militar que había estado en la embajada norteamericana en esos años, y me contaba que participó en debates con los comandantes militares en Argentina sobre qué fecha y qué condiciones eran más propicias para el golpe. Según él, hablaban de un golpe en el 75, pero los asesores norteamericanos decían que todavía el movimiento peronista tenía mucha fuerza y un golpe en ese momento podía agitar grandes sectores y hacer más difícil el éxito del golpe. Para ellos era importante el desgaste económico, el deterioro de la situación del gobierno de Isabelita, para que el pueblo no se pudiera movilizar y las condiciones fuesen más favorables para el golpe. Entonces, los militares norteamericanos participaron directamente en la planificación. Y segundo, los capitalistas argentinos tenían un lugar privilegiado en las prioridades del golpe. El golpe era un instrumento para mejorar las condiciones de inversión y las garantías sobre el futuro de sus empresas.



En una entrevista que le hiciste en 1971, Elvio Coelho, que en ese momento era presidente de la UIA, dijo era impensable industrializar el país como se había hecho en Brasil por temor a que se desatara una “guerra civil” que podían llegar a perder. Recordemos que en Brasil la dictadura había comenzado en 1964. ¿Qué conclusiones sacaste sobre ese diálogo?

Era evidente que los militares no actuaban simplemente para mejorar su poder y situación en la Argentina. El marco político-económico estaba dado por otras fuerzas. Los militares eran el instrumento que utilizaba y dominaba la fuerza que podía generar la tranquilidad que pedían los empresarios, que podía facilitar el éxito de su proyecto económico. Entonces, cuando pensamos en el golpe, identificamos los escuadrones, los asesinatos a gran escala, pero para qué y para quién son las preguntas básicas. Los militares no definen el marco mismo. Ellos simplemente controlaban los instrumentos de violencia, pero las medidas económicas estaban en manos de los industriales y banqueros. Más allá de eso, la mayoría de las víctimas de los escuadrones de la muerte, de los grupos militares, la ESMA y otras operaciones tenían como meta asesinar a obreros involucrados en las actividades en las fábrica. El sociólogo Lito Marín ha hecho un gran estudio sobre la composición social de las víctimas. Y la gran mayoría no eran guerrilleros ni implicados en la lucha universitaria, la gran mayoría eran delegados de fábrica. Y esta masacre tuvo enormes repercusiones porque la capacidad de montar resistencia durante y después de la dictadura militar fue muy limitada. Incluso en los siguientes 20 años, la capacidad de la clase obrera de reorganizar los sindicatos combativos fue muy limitada. Esta masacre fue una derrota histórica de la clase obrera, de su capacidad para ser un interlocutor poderoso en la política económica de la Argentina.



En una oportunidad señalaste que el principal problema que tenía los empresarios no eran los sindicatos en sí mismos sino la extensión de la democracia en las bases. Señalabas que se había roto la verticalidad en las empresas…
Obviamente, los sindicalistas jugaban un papel muy limitado en defensa de las exigencias obreras, y eso era muy evidente en el grado que la lucha sindical empezó a tomar medidas más activas, más combativas, como las ocupaciones de fábrica, los piquetes, los bloqueos de caminos, las huelga indefinidas. Todo eso escapaba de las manos de la burocracia sindical y los líderes de base no estaban dispuestos a transar y ser corrompidos. Los empresarios entendían que tenían que tratar con los delegados, y tratar con los delegados implicaba entregar los poderes de gestión en la empresa. Los obreros exigían más control sobre los lugares de trabajo, sobre las condiciones de trabajo, de salud. Eran exigencias y reivindicaciones que iban más allá de lo que tradicionalmente negociaran los sindicatos en las paritarias.



EE.UU. también estaba interesado en ponerle fin a esa situación, ¿cuál fue su rol en la preparación y ejecución del golpe?
En los años 70 Estados Unidos estaba involucrado en la guerra de Vietnam, con 500 mil tropas, con enormes gastos militares y con un enorme desgaste político interno. Entonces, el intervencionismo norteamericano empezó a tomar otras formas, con ejércitos mercenarios en Angola y en el sur de África, y también en América Latina empezó a utilizar mucho más a los militares y los golpes. Por ejemplo, en Chile, la CIA financiaba a las fuerzas civiles que colaboraban con los militares para crear las condiciones propicias para el golpe. En Uruguay lo mismo. Está bien documentado que los EE.UU. apoyaron el golpe militar en Brasil. Estaban preparados para intervenir si los militares tenían algún problema, alguna división que podía perjudicar el golpe. Estados Unidos estaba muy activo en Bolivia con el golpe de Banzer. En Bolivia, Uruguay, Chile, Argentina, Brasil, EE.UU. tuvo un rol activo a través de instrumentos de propaganda, políticos y diplomáticos. Y también con los medios de comunicación, elMercurio en Chile,La Nación yLa Prensa en Argentina. Tenemos que tener en cuenta todos los instrumentos que EE.UU. utilizaba para complementar la actividad militar sin mandar tropas. El compromiso con fuerzas militares era peligroso porque internamente había una ola antimilitar, que rechazaba la intervención militar directa militar. Entonces, los EE.UU. y sus agencias utilizaron directamente las fuerzas interna en América Latina.



El 23 de este mes, el presidente argentino va a recibir a Barack Obama. Incluso se habla de que irá al Parque de la Memoria para realizar un homenaje. ¿Qué interpretación hacés de este viaje?
No creo que sea un accidente, yo creo que Macri estuvo planificando con Obama esta visita paralela a la gran movilización popular contra el golpismo. Para Macri es importante crear ese respaldo externo para movilizar a las clases medias acomodadas. Dentro de los grupos que están apoyando a Macri hay muchos involucrados en el golpe. Y esta política que está persiguiendo ahora Macri coincide mucho con la política que sale del golpe y particularmente la política de Menem en los años 90. Y ahora con esta ofensiva que está lanzado, busca fortalecer su posición internacional para enfrentar el crecimiento de la oposición interna. Obama está 100 % a favor de Macri. Los diarios norteamericanos, incluso elNew York Times y la prensa financiera están 100 por ciento a favor de todas las medidas que está tomando Macri. Incluso el juez en Nueva York que interviene a favor de los fondos buitre ha tomado medidas favorables a un arreglo con Macri que implica 6 mil millones de dólares. Menos de lo que piden los buitres pero, al final de cuentas es una ventaja favorable. Entonces hay una movilización de todos los sectores derechistas, oficialistas en EE.UU. de respaldo a Macri en esta situación y quieren neutralizar los efectos negativos de las marchas que están organizando los organismos de Derechos Humanos.



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sábado, 19 de marzo de 2016

Cada vez es más evidente que ni Santos ni Uribe pueden hacer la paz de Colombia. / William Ospina



Ello se debe a que los sectores y poderes que ambos representan han sido los causantes de la guerra y los que más se han beneficiado con ella. Cada vez es más necesario que un tercer actor entre en el debate y en el diálogo, y se encargue de dirimir, para hacer posible el futuro, lo que estos dos sectores de la dirigencia colombiana presienten y anhelan, pero no están en condiciones de alcanzar.

No es que Santos no quiera la paz: es que la quiere sólo para ciertos sectores, y sobre todo para el empresariado comprometido con el proyecto neoliberal. No es que Uribe no quiera la paz: es que la quiere sólo para ciertos sectores, y sobre todo para el minúsculo grupo de los dueños de la tierra. Ambos sólo quieren la paz para los 2.300 nombres que son dueños del 53% de las tierras aprovechables del país, y para los 2.681 que son dueños del 58% de los depósitos que hay en los bancos.

Es muy posible que sin contar con la voluntad de unos y de otros, no podamos alcanzar en Colombia ningún acuerdo que haga sostenible el presente, pero ya ni siquiera un acuerdo entre ambos hará posible en Colombia el futuro.

Uribe piensa que otros 20 años de guerra tal vez inclinarán definitivamente la balanza a favor de una victoria militar, que no haga necesario hacer concesiones a las odiadas guerrillas atravesadas en el camino. Santos piensa que la negociación inmediata le permitirá no solamente optar al premio Nobel, o a la Secretaría General de la OEA o de la ONU, sino dejar por fuera a esos poderes que hoy le disputan el Estado a la vieja aristocracia.
Ambos quieren acabar con la guerrilla: uno arrodillándola, otro afantasmándola, pero ninguno de los dos quiere una paz que transforme el país, porque ninguno de los dos está descontento del país que tenemos.

Están reviviendo la vieja costumbre de las élites nacionales de utilizar el Estado para debilitar a la oposición, de esgrimir la paz para golpear al adversario, de no ver en el Estado un instrumento para resolver los problemas de la sociedad, sino un botín, un banco de empleos y una herramienta para eternizar en el poder a los suyos.




La paz, el conmovedor anhelo de paz de todo un pueblo, es el instrumento que utilizan estos dirigentes para alcanzar sus objetivos parciales y ciertamente mezquinos. Nunca argumentos tan sagrados fueron utilizados para fines tan innobles. Nunca se abusó tanto del sufrimiento de unos, de la paciencia de otros y de la credulidad de todos los demás.

Viendo la extraña conducta de estos pacificadores y de estos pacifistas, uno termina sintiendo que la paz es el garrote implacable con que libran su guerra.

Pero no puede ser de otra manera, porque la verdadera paz tiene que ser la bandera de quienes la necesitan, y Uribe y Santos no necesitan la paz sino la victoria: o en las trincheras o en los tribunales. Y la guerra ha sido demasiado larga para que pueda ser resuelta con sangre o con sentencias.

En la pequeña mesa de La Habana es evidente que falta Uribe. Pero sobre la pequeña mesa de La Habana se proyectan las grandes sombras que arroja el otro conflicto, el que se libra entre las dos mitades de la dirigencia, y casi eclipsan los conmovedores esfuerzos de Humberto de la Calle y de Iván Márquez, de Sergio Jaramillo y de Pablo Catatumbo.

Para continuar el conflicto, para prolongar la incertidumbre, bastan Santos y Uribe, cada uno con sus vergüenzas y con sus venganzas, cada uno también con sus sueños y sus ilusiones. Pero para terminar el conflicto, y sobre todo para construir la paz, tan bien pregonada hoy, y tan mal concebida, hace falta otro protagonista, el más inadvertido y el más decisivo.

Ese protagonista es Colombia, es la sociedad, la que no cabe ni en los discursos furibundos de Uribe ni en los cálculos sinuosos de Santos. Y es que la pequeña paz que ellos quieren, ellos mismos se encargan de hacerla imposible. Tal vez porque en el fondo saben que esa pequeña paz no cambiará nada, y que más benéfico les resulta prometerla que alcanzarla.

Uribe, a punta de guerra, hizo inverosímil la victoria: tal vez por eso no advirtió que ni siquiera su heredero creía en ella. Santos, a punta de avanzar y retroceder, de desear la paz y de temerla, cada día se inventa un nuevo obstáculo, y está terminando por hacer inverosímil el acuerdo, o su refrendación, o su aplicación, o la paz que debe salir de él.

Ahora está pensando, como Alicia, que a la colina de la paz sólo se llega caminando en sentido contrario. Y sobre su cabeza se cierran las agujas del reloj de Damocles.

¿Llegará a tiempo el tercer personaje? Ambos, de verdad, lo necesitan. Y lo único que yo sé es que no habrá paz si no llega.

William Ospina



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