jueves, 29 de diciembre de 2016

Luciano Canfora / El mundo de Atenas



I. CÓMO NACE UN MITO

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El «mito» de Atenas se encierra en algunas frases del epitafio de Pericles parafraseado, y al menos en parte inventado, por Tucídides. Son sentencias con pretensiones de eternidad y que legítimamente han desafiado al tiempo, pero también son fórmulas no del todo comprendidas por los modernos, y acaso por eso han resultado aún más eficaces, y han sido blandidas con trasnochado engreimiento. Otras partes del epitafio, mientras tanto, son ignoradas, quizá porque molestan el cuadro que los modernos, recortando los pasajes exquisitos del original, quieren agigantar. Baste como ejemplo la exaltación de la violencia imperial ejercida por los atenienses en cualquier parte de la tierra. [1]

Memorable y afortunada entre todas, en cambio, es la serie de valoraciones en torno a la relación de Atenas, considerada en su conjunto, con el fenómeno del extraordinario florecimiento cultural: «En síntesis, afirmo que nuestra ciudad en su conjunto constituye la escuela de Grecia»; [2] «entre nosotros cada ciudadano puede desarrollar de manera autónoma su persona [3] en los más diversos campos con gracia y desenvoltura»; [4] «amamos la belleza pero no la ostentación; y la filosofía [5] sin inmoralidad». [6] Algunas de estas expresiones han sido objeto de amplificaciones posteriores, ya en la Antigüedad, como es el caso del epigrama a la muerte de Eurípides atribuido a Tucídides, en el que Atenas se vuelve de «escuela de Grecia» en «Grecia de Grecia». [7]

Otros han contribuido a crear un cliché perdurable. Por ejemplo: «Frente a los peligros, a los otros la ignorancia les da coraje, y el cálculo, indecisión»; [8] nosotros los atenienses afrontamos los peligros racionalmente, teniendo pleno conocimiento y conciencia; ellos viven para la disciplina y los ejercicios preventivos, nosotros no somos menos aunque vivamos de modo más relajado; [9] los lacedemonios no nos invaden nunca solos sino que vienen con todos sus aliados, mientras nosotros, cuando invadimos a los vecinos, vencemos [10] (!) aunque combatamos solos casi siempre. Si ahora consideramos el célebre capítulo que describe el sistema político ateniense, [11] la contradicción entre la realidad y las palabras del orador se vuelve aún más evidente. Baste tener en cuenta que Tucídides, quien sin circunlocuciones melifluas o edulcorantes define el largo gobierno de Pericles como «democracia sólo de palabras, y en los hechos una forma de principado», [12] precisamente en este epitafio hace hablar a Pericles de modo tal que suscita la impresión (en una lectura superficial) de que el estadista, en su faceta de orador oficial, está describiendo un sistema político democrático y a la vez tejiendo su elogio. Pero no le basta con eso: le hace elogiar el trabajo de los tribunales atenienses en los que «en las disputas privadas las leyes garantizan igual tratamiento a todo el mundo». [13]

Por no hablar de la visión totalmente idealizada del funcionamiento de la asamblea popular como lugar en el que habla cualquiera que tenga algo útil que decir a la ciudad y se es apreciado exclusivamente en función del valor, en tanto que la pobreza no es un impedimento. [14]





2
Tucídides era perfectamente consciente de que estaba imitando un discurso de ocasión —con todas las falsedades patrióticas inherentes a ese género de oratoria—, cosa que los intérpretes de su obra no deberían olvidar en ningún caso. Tucídides comparaba, intencionadamente, la Atenas imaginaria de la oratoria períclea «oficial» con la verdadera Atenas períclea; éste es asimismo un supuesto necesario para leer sin equivocaciones el célebre epitafio.

Desde nuestro punto de vista, el primero en comprender plenamente el profundo carácter mistificador de este importante discurso fue Platón, quien en el Menéxeno parodió ferozmente este epitafio inventando el epitafio de Aspasia —la mujer amada por Percicles y perseguida por la mojigatería oscurantista ateniense—, elaborado, dice Sócrates en ese diálogo, «pegando las sobras» del epitafio de Pericles. [15] La pointe de la invención platónica, suscitada probablemente por la reciente aparición de la obra tucidídea, resulta tanto más punzante si se considera que el Pericles de Tucídides, en el epitafio, exalta la entrega del ateniense medio a la filosofía, mientras que Aspasia había sido blanco de una denuncia del comediógrafo Hermipo y Diopites presentaba y hacía aprobar un decreto, dirigido contra Anaxágoras, que «sometía a juicio con procedimiento de urgencia a quienes no creyeran en los dioses o enseñaran doctrinas sobre los fenómenos celestes»; [16] mientras Menón o Glicón arrastraban a Fidias a los tribunales y después a la cárcel. Anaxágoras, Fidias, Aspasia: es el círculo de Pericles, en cuyo centro está Aspasia. Por eso es cruel, o mejor dicho perfectamente conforme a la falsedad de los epitafios, hacer decir precisamente a Pericles que el ateniense ama la belleza y la filosofía; y particularmente eficaz imaginar —como sucede en el Menéxeno— una parodia de tal oratoria como obra de Aspasia.

Imposible no detenerse a pensar que también la explicación orgullosa y arrogante que Pericles da en este discurso acerca de por qué los atenienses ganan las guerras sin necesidad de imponerse esa dura disciplina marcial y totalizadora que es característica de Esparta causa un efecto de sorpresa en el lector, que sabe desde el primer momento que la guerra de la que se habla, deseada por el propio Pericles, acabó en derrota (y, contra toda su previsión, precisamente en el mar).

En resumen, la Atenas del mito —un mito fecundo pero no por eso menos mítico— es la que queda grabada en el epitafio perícleo-tucidídeo…



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martes, 27 de diciembre de 2016

Valentín N. Voloshinov / El signo ideológico y la filosofía del lenguaje





El signo ideológico y la filosofía del lenguaje


Capítulo 1
El estudio de las ideologías y la filosofía del lenguaje

El problema del signo ideológico. El signo ideológico y la conciencia. La palabra como signo ideológico por excelencia. La neutralidad Ideológica de la palabra. La capacidad de la palabra de ser un signo interno. Resumen.

Los problemas de la filosofía del lenguaje han adquirido en los últimos tiempos excepcional pertinencia e importancia para el marxismo. Más allá del amplio campo de los sectores más vitales abarcados en su avance científico, el método marxista se dirige directamente a estos problemas y no puede seguir avanzando productivamente sin una disposición especial para investigarlos y resolverlos. Ante todo, los verdaderos cimientos de una teoría marxista de las ideologías —las bases para los estudios del conocimiento cientí- fico, de la literatura, la religión, la ética, etcétera— están estrechamente ligados a los problemas de la filosofía del lenguaje. Un producto ideológico no solo constituye una parte de una realidad (natural o social) como cualquier cuerpo físico, cualquier instrumento de producción o producto para consumo, sino que también, en contraste con estos otros fenómenos, refleja y refracta otra realidad exterior a él. Todo lo ideológico posee significado: representa, figura o simboliza algo que está fuera de él. En otras palabras, es un signo.

Sin signos, no hay ideología. Un cuerpo físico es igual a sí mismo por así decir; no significa nada sino que coincide totalmente con su particular naturaleza dada. En este caso no hay problema de ideología. Sin embargo, un cuerpo físico puede percibirse como imagen; por ejemplo, la imagen de inercia natural y de necesidad encarnada en ese objeto particular. Cualquier imagen artístico-simbólica originada por un objeto físico particular ya es un producto ideológico. El objeto físico se convierte en un signo. Sin dejar de ser una parte de la realidad material, ese objeto, hasta cierto punto, refleja y refracta otra realidad.




Ocurre lo mismo con cualquier instrumento de producción. Una herramienta por sí misma está desprovista de significado especial; domina solo una función determinada: servir para este o aquel propósito. La herramienta sirve para ese propósito como el particular objeto dado que es, sin reflejar o representar ninguna otra cosa. Pero una herramienta puede convertirse en un signo ideológico, como ocurre, por ejemplo, con la hoz y el martillo que constituyen la insignia de la Unión Soviética. En este caso, la hoz y el martillo poseen un significado puramente ideológico. Además, un instrumento de producción puede ser decorado ideológicamente. Las herramientas usadas por el hombre prehistórico están cubiertas con pinturas o dibujos, es decir, con signos. Por supuesto que este tratamiento no convierte en signo a una herramienta.

También es posible realzar estéticamente una herramienta, de tal manera que su diseño artístico armonice con el propósito para el que está destinada a servir en la producción. En este caso, se efectúa algo así como una máxima aproximación, casi una fusión de signo y herramienta. Pero incluso aquí detectamos una clara línea conceptual divisoria: la herramienta, como tal, no se convierte en signo; el signo, como tal, no se convierte en instrumento de producción. Cualquier bien de consumo puede convertirse en signo ideológico. Por ejemplo, el pan y el vino son símbolos religiosos en el sacramento cristiano de la comunión. Los bienes de consumo, lo mismo que las herramientas, pueden combinarse con signos ideológicos, pero la combinación no borra la clara línea conceptual divisoria entre ellos. El pan se hace con una forma particular; esta forma no está garantizada únicamente por la función del pan como bien de consumo; también tiene un valor determinado, aunque primitivo, como signo ideológico (por ejemplo, el pan con forma de un número ocho [/crencfe/] o de roseta). Así, paralelamente a los fenómenos naturales, al equipamiento técnico y a los artículos de consumo, existe un mundo especial: el mundo de los signos. Los signos son también objetos materiales particulares; y, como hemos visto, cualquier objeto de la naturaleza, de la tecnología o el consumo puede llegar a ser un signo, adquiriendo en el proceso un significado que va más allá de su particularidad específica. Un signo no existe simplemente como una parte de la realidad, sino que refleja y refracta otra realidad. Por lo tanto, puede distorsionar esa realidad o serle fiel, o percibirla desde un punto de vista especial, etcétera.

Cada signo está sujeto a los criterios de evaluación ideológica (si es verdadero o falso, correcto, honrado, bueno, etcétera). El dominio de la ideología coincide con el dominio de los signos. Son equivalentes entre sí. Dondequiera que está presente un signo también lo está la ideología. Todo lo ideológico posee valor semiótico. En el dominio de los signos —en la esfera ideológica— existen profundas diferencias: es, al fin y al cabo, el dominio de la imagen artística, del símbolo religioso, de la fórmula científica, de los fallos judiciales, etcétera. Cada campo de la creatividad ideológica tiene su propia manera de orientarse hacia la realidad y cada uno refracta la realidad a su modo. Cada campo domina su propia función especial dentro de la unidad de la vida social. Pero lo que coloca todos los fenómenos ideológicos bajo la misma definición es su carácter semiótico.



Todo signo ideológico es no solo un reflejo, una sombra, de la realidad, sino también un segmento material de esa misma realidad. Todo fenómeno que funciona como un signo ideológico tiene algún tipo de corporización material, ya sea en sonido, masa física, color, movimientos del cuerpo, o algo semejante. En este sentido, la realidad del signo es totalmente objetiva y se presta a un método de estudio objetivo, monístico, unitario. Un signo es un fenómeno del mundo exterior. Tanto el signo mismo como todos sus efectos (todas esas acciones, reacciones y nuevos signos que produce en el medio social circundante) ocurren en la experiencia exterior. Este es un punto de extrema importancia, y sin embargo, por elemental y evidente que parezca, el estudio de las ideologías no ha obtenido aún todas las conclusiones que se derivan de allí. La filosofía idealista de la cultura y los estudios culturales psico-logistas colocan la ideología en la conciencia. Afirman que la ideología es un hecho de conciencia; el cuerpo externo del signo no es más que un revestimiento, un medio técnico para la realización del efecto interior, que es la comprensión…
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domingo, 25 de diciembre de 2016

Don Quijote de la Mancha / Cervantes



—«Sucedió —dijo Sancho— que el pastor puso por obra su determinación y, antecogiendo sus cabras, se encaminó por los campos de Estremadura, para pasarse a los reinos de Portugal. La Torralba, que lo supo, se fue tras él y seguíale a pie y descalza desde lejos, con un bordón en la mano y con unas alforjas al cuello, donde llevaba, según es fama, un pedazo de espejo y otro de un peine y no sé qué botecillo de mudas para la cara; mas llevase lo que llevase, que yo no me quiero meter ahora en averiguallo, solo diré que dicen que el pastor llegó con su ganado a pasar el río Guadiana, y en aquella sazón iba crecido y casi fuera de madre, y por la parte que llegó no había barca ni barco, ni quien le pasase a él ni a su ganado de la otra parte, de lo que se congojó mucho porque veía que la Torralba venía ya muy cerca y le había de dar mucha pesadumbre con sus ruegos y lágrimas; mas tanto anduvo mirando, que vio un pescador que tenía junto a sí un barco, tan pequeño, que solamente podían caber en él una persona y una cabra; y, con todo esto, le habló y concertó con él que le pasase a él y a trecientas cabras que llevaba. Entró el pescador en el barco y pasó una cabra; volvió y pasó otra; tornó a volver y tornó a pasar otra.» Tenga vuestra merced cuenta en las cabras que el pescador va pasando, porque si se pierde una de la memoria, se acabará el cuento, y no será posible contar más palabra dél. «Sigo, pues, y digo que el desembarcadero de la otra parte estaba lleno de cieno y resbaloso, y tardaba el pescador mucho tiempo en ir y volver. Con todo esto, volvió por otra cabra, y otra, y otra...»
—Haz cuenta que las pasó todas —dijo don Quijote—, no andes yendo y viniendo desa manera, que no acabarás de pasarlas en un año.
—¿Cuántas han pasado hasta agora? —dijo Sancho.
—¿Yo qué diablos sé? —respondió don Quijote.
—He ahí lo que yo dije: que tuviese buena cuenta. Pues por Dios que se ha acabado el cuento, que no hay pasar adelante.
—¿Cómo puede ser eso? —respondió don Quijote—. ¿Tan de esencia de la historia es saber las cabras que han pasado por estenso, que si se yerra una del número no puedes seguir adelante con la historia?
—No, señor, en ninguna manera —respondió Sancho—; porque así como yo pregunté a vuestra merced que me dijese cuántas cabras habían pasado, y me respondió que no sabía, en aquel mesmo instante se me fue a mí de la memoria cuanto me quedaba por decir, y a fe que era de mucha virtud y contento.
—¿De modo —dijo don Quijote— que ya la historia es acabada?
—Tan acabada es como mi madre —dijo Sancho.
—Dígote de verdad —respondió don Quijote— que tú has contado una de las más nuevas consejas, cuento o historia que nadie pudo pensar en el mundo, y que tal modo de contarla ni dejarla jamás se podrá ver ni habrá visto en toda la vida, aunque no esperaba yo otra cosa de tu buen discurso; mas no me maravillo, pues quizá estos golpes que no cesan te deben de tener turbado el entendimiento.
—Todo puede ser —respondió Sancho—, mas yo sé que en lo de mi cuento no hay más que decir, que allí se acaba do comienza el yerro de la cuenta del pasaje de las cabras.
—Acabe norabuena donde quisiere —dijo don Quijote—, y veamos si se puede mover Rocinante.
Tornóle a poner las piernas, y él tornó a dar saltos y a estarse quedo: tanto estaba de bien atado.
En esto, parece ser o que el frío de la mañana que ya venía, o que Sancho hubiese cenado algunas cosas lenitivas, o que fuese cosa natural —que es lo que más se debe creer—, a él le vino en voluntad y deseo de hacer lo que otro no pudiera hacer por él; mas era tanto el miedo que había entrado en su corazón, que no osaba apartarse un negro de uña de su amo. Pues pensar de no hacer lo que tenía gana tampoco era posible; y, así, lo que hizo, por bien de paz, fue soltar la mano derecha, que tenía asida al arzón trasero, con la cual bonitamente y sin rumor alguno se soltó la lazada corrediza con que los calzones se sostenían sin ayuda de otra alguna, y, en quitándosela, dieron luego abajo y se le quedaron como grillos; tras esto, alzó la camisa lo mejor que pudo y echó al aire entrambas posaderas, que no eran muy pequeñas. Hecho esto, que él pensó que era lo más que tenía que hacer para salir de aquel terrible aprieto y angustia, le sobrevino otra mayor, que fue que le pareció que no podía mudarse sin hacer estrépito y ruido, y comenzó a apretar los dientes y a encoger los hombros, recogiendo en sí el aliento todo cuanto podía; pero, con todas estas diligencias, fue tan desdichado que al cabo al cabo vino a hacer un poco de ruido, bien diferente de aquel que a él le ponía tanto miedo. Oyólo don Quijote y dijo:
—¿Qué rumor es ese, Sancho?
—No sé, señor —respondió él—. Alguna cosa nueva debe de ser, que las aventuras y desventuras nunca comienzan por poco…




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viernes, 23 de diciembre de 2016

El Pentágono da la vuelta al mundo / Manlio Dinucci



El secretario estadounidense de Defensa está de gira por el mundo. ¿Cuál es su discurso ante los aliados de Estados Unidos? Podemos tratar de resumirlo en pocas palabras: “Gracias a todos. Con ustedes, Estados Unidos ha logrado imponer guerras en casi todo el Medio Oriente y en Ucrania. Seguimos siendo los dueños del mundo, si el presidente electo Donald Trump tiene a bien retomar nuestro legado.”



Llega a Italia el jefe del Pentágono, Ashton Carter, quien, a nombre de la administración del saliente presidente Obama, está «dando la vuelta al mundo para agradecer a las tropas estadounidenses desplegadas en Asia, en el Medio Oriente y en Europa y reunirse con importantes socios y aliados».

La gira comenzó el 3 de diciembre en California, donde Carter pronunció el discurso de clausura del «Foro Reagan», que le entregó el premio «La paz mediante la fuerza».

Carter viajó después a Japón, donde pasó revista a las tropas estadounidenses y se reunió con el ministro de Defensa Tomomi Inada. Japón, que contribuye con 1 600 millones de dólares al año a mantener 50 000 soldados estadounidenses en suelo japonés, resulta especialmente importante como base de vanguardia de los sistemas de misiles estadounidenses que apuntan a China y, precisa el Pentágono, es un aliado «con capacidad para defender a otros países que pudiesen ser atacados».

Desde Japón, Carter voló a la India, convertida en el segundo comprador mundial de armamento estadounidense –después de Arabia Saudita. Esto es resultado de la estrategia de Washington, tendiente a debilitar las relaciones de la India con Rusia, para minar el grupo BRICS, atacado simultáneamente mediante el golpe «institucional» registrado en Brasil.

El jefe del Pentágono se fue después a Bahréin, donde participó en el «Diálogo de Manama», organizado por el Instituto Nacional de Estudios Estratégicos, influyente tanque pensante británico financiado por ese emirato con 38 millones de dólares. Al intervenir sobre la «lógica de la estrategia de Estados Unidos en el Medio Oriente», Carter precisó que en esa región hay acantonados más de 58 000 militares estadounidenses, de los cuales más de 5 000 se hallan en el terreno en Irak y Siria: «no sólo para luchar contra terroristas como los del Estado Islámico [Daesh] sino también para proteger nuestros intereses y los de nuestros aliados», razón por la cual Estados Unidos y las monarquías del Golfo han apoyado en secreto… a Daesh, que encaja perfectamente en la estrategia de Washington en Siria e Irak.

En esa misma intervención, el aún jefe del Pentágono acusó a Rusia de no combatir a Daesh en Siria y de no haber hecho más que «agravar la guerra civil y prolongar los sufrimientos del pueblo sirio». Agregó luego que, como «Irán sigue desplegando misiles», Estados Unidos está instalando con sus aliados «una defensa regional contra misiles» que incluye un poderoso radar en Qatar, así como la instalación de misiles Thaad en los Emiratos Árabes Unidos y de otros sistemas de misiles… que en realidad no son defensivos sino de ataque ya que las mismas rampas de lanzamiento pueden ser utilizadas para disparar misiles de ataque, incluso nucleares.

Desde Bahréin, el secretario de Defensa estadounidense se fue a Israel, donde participó, con el ministro de Defensa Avigdor Lieberman, en la ceremonia organizada por la llegada de los 2 primeros aviones de combate F-35 enviados a la fuerza aérea israelí, todo un símbolo de la alianza militar cada vez más estrecha entre Israel y Estados Unidos, asociación que «alcanzó niveles sin precedentes con el acuerdo de asistencia para los 10 próximos años firmado en septiembre».

Y es desde Israel que el jefe del Pentágono llega ahora a Italia en una visita de 2 días a las tropas de Estados Unidos estacionadas en suelo italiano para –según un documento oficial– «apoyar las operaciones de Estados Unidos y de su coalición a escala mundial, como la disuasión frente a la agresión rusa en Europa oriental y el fortalecimiento del flanco sur de la OTAN».

La gira mundial, que terminará en Londres el 15 de diciembre con una reunión de la «coalición anti-Daesh», tiene un objetivo muy preciso: reafirmar –en vísperas de la investidura de Donald Trump– la estrategia de la administración Obama, que debería haber continuado la demócrata Hillary Clinton, para que se mantengan abiertos los focos de tensión y de guerra en el sur y el este de Europa que el demócrata Obama deja como herencia al republicano Trump.

Trump tiene al menos el mérito de no ser Premio Nobel de la Paz.






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miércoles, 21 de diciembre de 2016

Otras obras, otras lecturas. / ELOTRO




Diamela Eltit es una escritora chilena nacida en 1949 que acabo de conocer gracias a uno de esos publirreportajes de la prensa propagandista  del “consumismo –de lo que sea- compulsivo” del tipo: “Los 20 mejores libros de la década”. Pues bien, rodeada por los cuatro costados de la ineludible por omnipresente “literatura basura”, aparecía seleccionada una novela de esta autora titulada según verso de Vallejo: “Jamás el fuego nunca”. Y a esa llamada no pude resistirme y acudí de inmediato.

En la Biblioteca Pública, donde la “literatura basura” tiene copado, en ocasiones por duplicado, todas las baldas y cabeceras de góndola, lamentablemente no estaba disponible la novela de Eltit con el poético título de Vallejo, pero, pero… sí otra obra de la autora  intitulada “Fuerzas especiales”, por lo visto su décima novela.




Y por ahí he comenzado a saber de Diamela y su obra. Mi acostumbrado comentario: “Como siempre he llegado tarde, pero he llegado”, empieza a parecerme bastante petulante e inapropiado, y no sólo en lo que se refiere a la afirmación de llegar “tarde”, que eso siempre está por ver, por concretar, por aquilatar y evaluar, ya que depende en cada caso de si el retardo ha acarreado o no algún desarreglo, avería o pérdida irrecuperable, digamos debido al supuesto retraso temporal, o desajuste cronológico. Y lo de “haber llegado” también es sabido que verdaderamente  sólo se puede materializar, en la mayoría de los casos, de forma parcial, limitada, imperfecta, inacabada…

El caso es que he penetrado en Diamela Eltit por su décima obra, “Fuerzas especiales” y estoy encantado de haberla conocido. La novela, de forma y fondo poco habitual, tiene 171 páginas y la he devorado con sumo gozo en una tarde. Se lee con mucha fluidez, a pesar de la gran cantidad de palabras cuyo “completo” significado escapa (salvando las distancias recordé mis lecturas de Arguedas), sobre todo en sus primeras apariciones, al lector no-chileno, y no sé si también a algunos lectores chilenos pertenecientes a las capas socioculturales más  “exquisitas”. He buscado en la red algunos significados y he encontrado que la misma palabra tiene significado distinto o incluso opuesto en Chile, Colombia, Perú…así que no sólo el lector “gallego” tropieza con ese pequeño inconveniente que, en el contexto de la novela se diluye, deja rápidamente de serlo a todos los efectos y, por el contrario, es elemento que acaba ensanchando, profundizando y enriqueciendo la prosa con un sabroso cromatismo que no dudo en calificar de  excepcional… Pero quede claro que no estoy hablando de ornamentación estética sino de músculo semántico…

La obra nos habla, con dureza y a un ritmo frenético, de unos personajes “marginales”, prostitutas, “camellos”, “informadores”, perseguidos y represaliados sindicales y políticos…  que habitan los bloques de un barrio “lumpen y marginal”, pobre y violento, desolado, embrutecedor y agresivo, de estructuras físicas y sociales atenazadoras… barrio convenientemente sitiado por la policía en horario de 24 horas los 365 días del año, con sus cotidianas redadas, controles, asaltos, allanamientos, violaciones, robo-confiscación de drogas, dinero, pequeños electrodomésticos… en fin, uno de esos barrios donde no faltan los helicópteros de vuelo circular, las estridentes sirenas, las atemorizadoras tanquetas, los desquiciados perros policía… y que curiosamente florecen con el mismo desparpajo en todas las grandes urbes de la aldea global, desde Chicago a Santiago de Chile pasando por Madrid o París… contra lo que pueda parecer a tenor de lo que vemos, o sea, de lo que despachan, en las doctrinarias pantallas de la televisión y el cine. Y de la red que nos han montado…

Pero, claro está, el mérito de Diamela no consiste sólo en hablar, digamos sin tapujos moralistas, de “lo marginal”, sino de cómo nos muestra ese mundo en su auténtico contexto social, político y cultural y en sus conexiones y vínculos con las relaciones sociales y de producción generadas por el capitalismo tardío (la incuestionable relación entre la generación de riqueza y pobreza); de cómo nos hace ver que de “marginal” sólo tiene el nombre con el que ha sido etiquetado por los codificadores asalariados del poder.

Baste de ejemplo, ya que hablamos de contexto y no de simple telón de fondo, o sea:  causas, efectos, vínculos y nexos… se nos dice que la prostituta protagonista ejerce de tal con el objetivo (se siente pero en este caso no hay indicios de vocación o vicio) de juntar pasta para poder recuperar a los hijos de su hermana arrebatados en uno de los tantos  allanamientos realizados arbitrariamente por la policía uniformada o “secreta”… y es que a la muchacha le espeluzna pensar que sus pequeños sobrinos hayan sido vendidos por las mafias de traficantes en cualquier país extranjero a una pudiente familia burguesa que no pregunta, total para qué, el origen de la mercancía que compra… y es que ella, la puta y tía de las criaturas, ejerce en un cíber del barrio-vertedero-sitiado, pero a pesar de eso algo sabe del asunto, ya que suele husmear en algunos portales de la red…
En fin, que cada uno lee (interpreta, reescribe, traduce o transcribe) a su manera, y modestamente esta es una muestra de la mía…

ELOTRO


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Una entrevista con Diamela Eltit aquí:


Primeras páginas de la novela aquí:


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lunes, 19 de diciembre de 2016

LA COMUNIDAD RURAL Y SUS PROBLEMAS HISTÓRICO~SOCIOLÓGICOS / Henri Lefebvre





1.    Problemas de sociología rural

LA COMUNIDAD RURAL Y SUS PROBLEMAS HISTÓRICO~SOCIOLÓGICOS  

¿Cuántos de nuestros ciudadanos, intelectuales, e incluso historiadores o sociólogos que atraviesan uno de nuestros pueblos, y descubren su rostro original o incierto extrañando su monotonía, o admirando su pintoresquismo, son conscientes de que este pueblo no se reduce a un amontonamiento accidental de hombres, animales y cosas, de que su examen nos revela una organización compleja, una «estructura»? El estudio de una aglomeración rural, en cualquier pais, descubre equilibrios más sutiles de lo que podría esperarse en un principio: proporciones entre la extensión de las tierras de labor, los bosques y pastos, entre los grupos de seres vivos que subsisten de su pedazo de tierra.

Este estudio, cuando pasa de los hechos objetivos a los hechos humanos relacionados con ellos, descubre también que los equilibrios materiales, sin ser expresa y racionalmente queridos por los hombres, no son obtenidos ciega y mecánicamente, demuestran una consciencia, difícil de captar y más difícil todavía de definir. Hay aqul una mezcla curiosa de prudencia, iniciativa, desconfianza, credulidad, rutina: la sabiduría campesina. El análisis descubre por fin fisuras en este orden, incertidumbres en esta «sabiduría, desequilibrios más o menos durables, debidos a causas más o menos profundas: es decir problemas, necesidades, tendencias, conflictos, adaptaciones o inadaptaciones. Este organismo que no siempre somos capaces de ver, nos, es dado, sin embargo, a la mirada, con su estructura y su horizonte. Por su parte, la consciencia de esta comunidad organizada se disimula en la vida de los individuos que participan en ella: tan secreta es como inmediata la realidad sensible. Organización y consciencia contienen y continúan su historia. Tienen pasado.

En este lugar cualquiera existió vivió algún poblado apacible, simplemente propuesto en la colina, existió mucho antes que las ciudades familiares, únicas que mantienen y monopolizan hoy nuestras esperanzas y sueños. Este poblado que desde largo tiempo se halla sumido en una paz gris y reticente, sostuvo luchas ardientes contra señores, príncipes o reyes. Poco ha quedado de este pasado, nada subsiste. Nada y no obstante todo: la forma misma del pueblo.

Su pasado jalona, por así decir, nuestras ciudades. En esta calle de París, un hotel de la Edad Media se aparta por sí mismo de la «modernidad. que le rodea y establece su distancia en el tiempo. Los edificios yuxtapuestos, las ruinas romanas en los bancos, reproducen en el espacio las edades de la Historia, la sucesión de las épocas. El pasado se inscribe incluso en las heridas de la piedra. Por el contrario, en el pueblo, el castillo rodeado de sus tierras, sus granjeros y aparceros, con su prestigio y poder, sigue siendo un elemento muy actual y activo de la vida rural. La vieja mansión feudal se distingue muy poco algunas veces de la casa solariega campesina; y la casa ya «burguesa. parece una vivienda campesina algo más “coordinada”.

El pasado, para quien no analiza, se pierde con frecuencia, se establece, en un presente inmediato y dado en apariencia, o en un solo bloque anacrónico y en desuso. De ahí el carácter a la vez difícil y reciente de la sociología rural, ciencia de lo actual, que no puede olvidar a la Historia, pues en ella como en otras partes y más que en otras partes, lo histórico persiste y actúa en lo actual… (…)



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sábado, 17 de diciembre de 2016

A PROPÓSITO DE LA COOPTACIÓN DE BOLAÑO



DE LA LITERATURA COMO BOTÍN Y LA CRÍTICA COMO DESPOJO. A PROPÓSITO DE LA COOPTACIÓN DE BOLAÑO

¿Cómo puede usarse la crítica literaria a favor del mundo como mercado? Utilizando un inmediatismo retórico que hace de la literatura un botín de guerra cultural, despojándola de sus ingredientes de descontento social y disidencia intelectual, reduciéndola a una ratificación estética del orden imperante y los grupos que ya poseen el dominio económico de la (alta) cultura. Esta pseudo-crítica fabrica prosa elitista que le ofrece al lector una falsa educación a cambio de que no pida al crítico analizar el menú. Ejemplificaré esta estrategia mediante un caso concreto reciente: el recrudecimiento de la cooptación de Roberto Bolaño al pasar de la editorial española Anagrama a la multinacional Alfaguara.

Christopher Domínguez Michael pudo ser un crítico conservador y diletante salido de Vuelta pero eligió convertirse en el crítico mercenario de la derecha krauzeana de Letras Libres. (Bolaño llegó a llamar a este tipo de críticos mexicanos “samuráis”). Como parte del envilecimiento de esta empresa, a Domínguez Michael en 2016 se le ha encargado prologar El espíritu de la ciencia-ficción, el inédito juvenil de Bolaño.




Bolaño se ha consagrado protagonista de la novela post-Boom. Lo logró con Los detectives salvajesque, aunque no es despiadada, sí representa una crítica suficiente (aunque menos virulenta que su crítica infrarrealista original) del ambiente de la literatura mexicana de los años setenta dominada por Octavio Paz. Contra estas letras institucionalizadas, Bolaño mitifica la vitalidad forajida de un grupo de poetas anti-canónicos.

Pero el poder de la novela no se limita a su trama, ya que parece transmitir a nuevas generaciones ganas de revisar y rebelarse contra la literatura mexicana oficial. La novela de Bolaño instiga a desenterrar un pasado simbólico autoritario: el PRI cultural. Y este impulso investigativo, este llamado a volverse un detective salvaje contra la alta cultura mexicana, es peligroso para el establishment.

La novela más importante del post-Boom se trata de la podredumbre del mundo literario regido por Paz. Primero se intentó ignorarla; después, menospreciarla; hoy, ante su canonización mundial, los paceanos han decidido cooptarla.

Por esta razón, ese establishment tenía que apoderarse, neutralizar, chingar a Roberto Bolaño. Y lo han intensificado este 2016. Domínguez Michael quien atraviesa, precisamente, su peor momento como crítico, le ha sido asignado (vía su círculo personal, como el propio ex-editor de Letras Libres, Ricardo Cayuela, ahora en el consorcio editorial del cual es parte Alfaguara) escribir un prólogo que pretende redefinir y predisponer la lectura de la obra de Bolaño. Este prólogo es un retrato perfecto del estado y metas de la crítica literaria de la derecha mexicana. Lo comentaré aquí.
De entrada, justo en su momento de pública decadencia (no hace mucho Dóminguez Michael, en respuesta a un texto mío, abiertamente se declaró clasista, racista, priista y de derecha, es decir, confesó lo que ya mucho sabíamos), se intenta que pase de ser un crítico oficialista mexicano a ser un crítico de la derecha normalizada internacional. El priismo cultural, ciertamente, llevaba tiempo que no buscaba este alcance; que quizá no logre, porque la prosa de Domínguez Michael no es siquiera la de Jorge Volpi.
Colocar a Domínguez Michael como la voz que define esta nueva etapa de Bolaño más bien parece ser otra más de las desesperadas apuestas que comete un sistema que lleva años en declive. Pero no quiero ser optimista. Si Domínguez Michael fue designado como el presentador de Bolaño (sustituyendo a Ignacio Echevarría) no faltara quién lo tome en serio, lo cite o entreviste.

Su prólogo se titula “El arcón de Roberto Bolaño”. Domínguez imagina la obra de Bolaño como un cofre de tesoros que espera que “nunca se cierre”. El título de su prólogo es un eufemismo; su título verdadero es “El botín de Roberto Bolaño”.

Domínguez inicia comparando a Bolaño con Pessoa, sin darse cuenta que así nos revela que él mismo sabe que no busca escribir sobre Bolaño sino inventarle un heterónimo con personalidad e ideas contrarias a las de Bolaño, acto que podría ser pessoano si no incluyera desaparecer al propio Roberto Bolaño, ofreciendo como avatar un pobre monigote a la medida de Letras Libres, Alfaguara y el propio Domínguez Michael.




Este curioso acto de falsificación es seguido por la referencia a Chateaubriand, “un autor que no estaba de moda en la década de los setenta pero que Bolaño leyó pues, en sus años mexicanos, lasMemorias de ultratumba, del vizconde, dormían el sueño de los justos en las librerías Zaplana y Hamburgo, sin duda frecuentadas por él, ya que no había, en ese entonces en la Ciudad de México, muchas otras” (9). El Bolaño que Domínguez comienza inventando es su propio doble (aburrido y conservador) no el poeta infrarrealista iconoclasta que, en realidad, fue Bolaño.

Domínguez no hace más que una sola mención del infrarrealismo. Su Bolaño es un autor clasicoide, exquisito, cuya obra es un “arcón” y cuya lecturas clave parecerían ser ortodoxas. Por supuesto tampoco se hace ninguna mención de su oposición violenta a Octavio Paz. Domínguez omite toda referencia a este enfrentamiento. Tampoco menciona a Mario Santiago Papasquiaro, compañero espiritual y literario de Bolaño. Ni informa de sus lecturas esenciales (desde los beats hasta Nicanor Parra). Nótese que debido a que Domínguez evita conocer e informar las fuentes y afinidades de Bolaño, prefiere fantasear libros que pudo haber leído. El hecho de que un pretendido crítico fantasee lecturas en lugar de investigarlas o discernirlas en el tejido del autor que comenta, por supuesto, nos dice todo del estado de la crítica literaria que Domínguez encabeza.

Acto seguido, Domínguez oculta que él fue uno de los críticos que jamás se enteró de la literatura infrarrealista o de Bolaño en particular. Revísese todos los escritos de Domínguez y se verá que no existe mención a Bolaño hasta tiempo después de su canonización global. A Domínguez le pasó de noche todo el mundo de Bolaño, como le pasó de noche Ulises Carrión, y toda la literatura hecha en México (o por sus tránsfugas) opuesta al modelo paceano. Domínguez es uno de “los profesores perezosos” que “ante la evidencia de que el canon tendría que ser modificado por culpa del chileno” (9) no tuvieron más que fingir que lo conocían. Pero justo esta pereza es lo que Domínguez lleva algún tiempo intentando ocultar. Domínguez convierte a Bolaño en Domínguez, para así él mismo no ser el Domínguez que nunca logró reconocer a Bolaño o su mundo mexicano.

Otra realidad que Domínguez debe esconder es que la construcción de la celebridad de Bolaño no sólo se debe a tratarse de un buen escritor sino al hecho de ser usado por editoriales, la academia y la crítica para revitalizarse. Dice: “Tampoco cosechan demasiado crédito quienes… adjudican la posteridad de Bolaño a una siniestra operación del mercado editorial” (9). El tipo de prosa pseudo-crítica de Domínguez comienza porcaricaturizar la posición que desea negar.

Domínguez, en estos casos, nunca cita: discute con sus propias reducciones al absurdo. Las caricaturizaciones de este tipo de crítica son parte de su grandilocuencia circense. ¿Quiénes son los críticos que Domínguez dice parafrasear o retratar? No lo dirá. Más bien le interesa ocultar su participación en la especulación mercantil de publicar un libro que Bolaño decidió mantener inédito, como borrador o prueba, algo muy común en los novelistas modernos, como quizá sabe Domínguez, pero que prefiere olvidar, esconder a los lectores. Domínguez escribe lo que la Alfaguara necesita.
Este servicio, entre publicitario y demagógico, es coronado por Domínguez así: “La historia de la literatura también incluye a quienes la hacen materialmente posible, a los editores… a los agentes literarios, unos y otros con sus miserias y grandezas” (10).

Esta afirmación, además de ser una perogrullada, excluye la crítica; está escrita como si alguien negara que la literatura está hecha de ediciones y, sobre todo, como si “hegemonía” de la literatura fuese una noción innecesaria si le llamamos “historia” de la literatura. Domínguez escribe para retroceder la crítica y los lectores antes del marxismo y la teoría crítica. Domínguez siempre tendrá frases altivas y falaces (highbrow) sobre todo aquello que desconoce.
Una vez que su función como crítico conservador y ahora comercial ha sido ocultada y justificada (por si alguien no se traga su ocultamiento), Domínguez reintenta deshacer a Bolaño: “Y por último: hace rato se demostró la flojera mental de quienes necesitaron… ‘vender’ a Bolaño como un poeta maldito o como un enganchado a las drogas que, milagrosamente, dejó no sólo una obra magnífica… sino un arcón de inéditos sólo comparable, insisto, al del poeta portugués Fernando Pessoa” (10). Como podemos leer, los trucos de Domínguez se repiten incansablemente: usar frases que son coartadas para no argumentar (“hace rato se demostró…”), caricaturizar lo que discute (la “flojera mental de quienes…”), incluso contradecir lo que ha dicho (poco antes ha aseverado que atribuir al mercado una manipulación es una “teoría de la conspiración” pero ahora nos dice que hay “quienes necesitaron… ‘vender’” a Bolaño) y, finalmente, vuelve a imaginar la obra de Bolaño como un arcón (botín) disfrazable, es decir, presenta al Bolaño disidente como un heterónimo (menor) inventado por el Bolaño conservador.




“No tengo nada en contra de los malditos…. pero Bolaño resultó de otra estirpe, la de los Thomas Mann…. Sé que la anterior afirmación molestará a quienes ven en Bolaño sólo la iconoclastia y el postvanguardismo, pero me temo que se equivocan” (10-11).

En Domínguez Michael, decir “los malditos” es otra de sus caricaturizaciones. ¿A quién se refiere exactamente? A nadie.
Además, llama la atención que Domínguez tenga una visión de la literatura como una serie de “estirpes”. Este imaginario se debe a la visión burguesa, retro-aristocrática, de pensar la literatura como una serie de prestigiosas familias, donde los “malditos” quizá serían las “ovejas negras”. De nuevo, obviamente, Domínguez recae en las infaltables generalizaciones caricaturescas (“a quienes ven… sólo la iconoclastia”). Pasa las páginas discutiendo con enemigos que son sus propias simplificaciones.

Toda esta charlatanería conduce a Domínguez a contradicciones hiperbólicas. Por ejemplo, si en página 11 dijo que El espíritu de la ciencia-ficción “es una buena novela de juventud”, ya en la 12 aclara que Bolaño no la publicó “absteniéndose de publicaciones precoces”. El aparato retórico con que Domínguez trata de justificar sus grandilocuencias hace que su prólogo tenga un fuerte sabor a brindis bohemio, paráfrasis escolar y Wikipedia, es decir, prosa carente de conocimiento de primera mano y análisis, que finge ser culta mediante listas y exaltaciones, y cuyas generalidades forman lectores filisteos o ingenuos.

Domínguez requiere presentar su versión edulcorada de Bolaño como una historia de adquisiciones patrimoniales y ritos de iniciación (¡legitimaciones ridículas!), un constante y ostentoso barajeo patriarcal de nombres y referencias respetuosas y pequeños sobresaltos. “Yo, si el ejemplo sirve, leí primero a Rulfo, Paz y al Boom, y después, no sin la mirada reprobatoria de mi padre por desviacionismo, a H. P. Lovecraft, Isaac Asimov o Arthur C. Clarke)”, nos dice de modo involuntariamente cómico, ya que “Hay que buscar en otro lado” (su “otro lado” es una de sus típicas enumeraciones) y, claro, rematando con la puerilidad: “En la Universidad Desconocida… Bolaño fue el fundador y único alumno” (15).

¿A qué viene toda esta teoría de la literatura como gazmoñería? Domínguez siempre ha retratado al escritor valioso como un episódico señorito sitiado por mojigatas devociones y escrúpulos, pero a quien, sin embargo, debemos venerar como un arrebatado y santo solitario letrado, cuyas aventuras son lecturas entre privilegiadas e irónicas.

No es casual que el prólogo de Domínguez termine hundido en fraseologías huecas, que se dotan de respeto mediante su habitual recurso de listas de autores que no ha leído y conclusiones falaces (por universalizantes e incluso mal redactadas): “La gran aportación de Bolaño a la literatura mundial… fue… variar la noción de futuro en la literatura moderna. No fue el único pero en ello Bolaño fue ejemplar, y la primera prueba la tenemos aquí, escrita en Blanes, en 1984, el año de Orwell, acaso no casualmente” (15). Domínguez es como un Funes que visto sin la parodia metafísica borgeana se revela como un falso erudito que recita repertorios de apellidos y fichas para esconder que no tiene nada más que aportar sino resúmenes, pastiches e infantilizaciones de otras fuentes.

La prosa de Domínguez brinca de un asunto a otro, catapultada por máximas y exageraciones, que salpica con filas de nombres que lo validan o él quiere validar, esperando deslumbrar lectores incautos con juicios terminantes y enumeraciones calculadas. Este procedimiento es compartido por casi todos los reseñistas de Letras Libres y la República de las Letras en México y otras partes.
Así, por ejemplo, hacia el final de su prólogo finge conocer la literatura del norte de México (14) y la ciencia ficción global (14-16). Domínguez muy frecuentemente publica crítica para hacer creer que ha escrito crítica. Christopher Domínguez Michael: el crítico como fingidor.

Como remate, El espíritu de la ciencia-ficción es publicado en una portada verde, que combinada con las portadas blanca y roja de las nuevas ediciones de Los detectives salvajes y 2666, cronológica y cromáticamente, ¡forman la bandera nacional mexicana! Y, no lo olvidemos, los colores del Partido Revolucionario Institucional, bajo cuyo cobijo el grupo paceano al que pertenece Domínguez Michael ha construido su poder cultural.

Se trata de una colonización de Bolaño, a quien se intenta cooptar, neutralizar, para que resulte un autor “clásico” y domesticado, cuya obra y órbita no incite a otros a releer la literatura mexicana como una hegemonía de derecha. Se trata de neutralizar a Bolaño como factor de descontento.

La obra de Bolaño exigiría una autocrítica de la literatura mexicana que primero lo ninguneó y después lo desapareció. Con tal de no enfrentar esa autocrítica, Domínguez, crítico oficial, realiza un acto de charlatanería, en que inventa un Bolaño conservador a la medida de lo paceano, despojándolo de todo su oposición, fingiendo incluso que todo el mundo histórico y axiológico de Los detectives salvajes no existe, como tampoco la crítica esporádica pero feroz al mundillo literario mexicano que Bolaño dejó en entrevistas o en certeras páginas de 2666.Domínguez busca borrar la memoria y provocar lecturas lánguidas. Como botín de guerra cultural, El espíritu de la ciencia-ficción marca el momento en que Bolaño ha sido puesto enteramente en manos de sus enemigos.
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Posdata: he fotografiado 3 páginas para difundir la visión (novelesca) de Bolaño sobre los intelectuales en México, España e Hispanoamérica en general.

1. Los intelectuales mexicanos según Bolaño en2666:



2. Los escritores hoy según Bolaño en El gaucho insufrible:



3. Los nuevos intelectuales en Hispanoamérica y España según Bolaño en Los detectives salvajes:





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jueves, 15 de diciembre de 2016

El virus del deseo de saber / Luis Hernández Navarro





Pedagogía de la solidaridad

Aminata o. Yalcouyé nació en Malí. Tiene veinticuatro años. Cuando era joven, cada día cargaba agua sobre su cabeza desde el pozo y estudiaba por las noches. Quería ser doctora. Comenzó la carrera en su país pero tuvo que dejarla al primer año porque su familia no tenía dinero. Ahora vive en Cuba y estudia medicina sin tener que pagar un peso. Los cubanos le dieron una beca.

Aminata estudia en la Escuela Latinoamericana de Medicina (elam). Cada día ora. Ella es mahometana. Los primeros dos años en la universidad los vivió en una residencia estudiantil en la que compartió cuarto con Sena, una joven cristiana nacida en Benin, con Paola, una chica venezolana católica, y con Julia, una alumna mexicana atea.

A Aminata le fascina la anatomía. Los exámenes la ponen nerviosa. Cada noche estudia obsesivamente, siempre detrás de su mosquitero, de cuclillas frente a su computadora. A Julia, su compañera de cuarto, le contó cómo en su país los médicos del hospital mandaban a los pacientes con el chamán, porque hay enfermedades que corresponden al doctor y males cuya curación es responsabilidad del brujo. Le platicó la manera en que la vieja del pueblo de su padre intentó envenenarla con la sopa, que su abuela le quitó de las manos justo antes de que se la llevase a la boca. Compartió con ella que su hermana Cadí era cuasiadivina, y la acostumbró a inspeccionar siempre el lugar del cual salía para evitar dejar cabellos, porque temía que fuesen utilizados por las brujas, a veces disfrazadas de gatos.

Las historias de Aminata solían ir acompañadas de hache ké, un platillo del oeste africano. Una noche, le confesó a Julia lo inconfesable: su nombre escondido detrás del punto de la o de Aminata o. Yalcouyé es un nombre secreto, que nadie conoce, pues si se llegase a escuchar en el fondo del canal que desemboca en el mar, la belleza estructural del sonido rompería en pedazos. El agua cristalina desgarraría la palabra y nos convertiríamos todos en los mismos sonidos. Aminata tiene un nombre escondido detrás del punto en la o. y, aunque eso no se lo cuenta a nadie, esa noche se lo dijo a su amiga-hermana mexicana.



Esa convivencia y esos secretos compartidos entre los estudiantes del elam, como el de Aminata y Julia, han tejido fraternidades trasnacionales. La solidaridad internacional que los cubanos han forjado a lo largo de décadas con África, el Caribe y América Latina, de la que la Escuela es apenas un eslabón más, ha revolucionado la enseñanza y la práctica de la medicina.

En la elam se mira la medicina con lentes diferentes a las de las escuelas tradicionales donde priva la lógica de la ganancia. También la enseñanza. Las clases a las que Julia asistió durante sus dos primeros años cubanos, se hablaba mucho de los países de los que provenían los estudiantes.

Había allí alumnos de Ecuador, Bolivia, Surinam, Guyana, Mongolia, Tanzania, Palestina, El Salvador, Jamaica, República Dominicana, México, Guatemala y San Vicente. Contaban anécdotas y hacían análisis. Conversaban sobre el medio ambiente, los servicios de salud, la situación política, los movimientos sociales, los índices de desarrollo humano y su relación con la sanidad y el proceso de salud-enfermedad.

La elam, la escuela donde estudian Aminata y Julia, es una de las criaturas educativas de Fidel Castro. Se fundó en 1999. Forma parte del Programa Integral de Salud que se desarrolla desde octubre de 1998 para atender los desastres naturales causados por los huracanes Mitch y George, que afectaron a países centroamericanos y caribeños. En ella se entrecruzan dos grandes cruzadas de la Revolución cubana: la pedagógica y la sanitaria.

En esta escuela, ubicada en las antiguas instalaciones de la Academia Naval Granma, cedidas por el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, se han formado durante los últimos diecisiete años más de 25 mil médicos. Sus estudiantes provienen de 122 países latinoamericanos, caribeños, de Estados Unidos, África, Asia y Oceanía. Pertenecen a más de cien grupos étnicos y decenas de religiones. Su objetivo es formar gratuitamente como médicos a jóvenes de otras naciones. En su mayoría, los alumnos son parte de familias de bajos recursos y de lugares apartados.

A los estudiantes no se les pide nada que no sea cumplir con sus obligaciones como alumnos. Nada, excepto una sola cosa. Cuenta Julia: “Nuestros maestros nos decían: lo único que les pedimos es que cuando vuelvan a sus países no le cobren lo mismo al pobre que al rico.”



Una potencia educativa

Cuba es hoy, a pesar del bloqueo estadunidense, una potencia educativa. “La educación cubana es un ejemplo para el mundo”, declaró a la Agencia Cubana de Noticias el representante de la Unesco, Miguel Jorge Llivina Lavigne, en el Congreso Internacional Universidad 2014.

La Isla tiene un Índice de Desarrollo de la Educación para Todos muy elevado, incluso si se compara con los países desarrollados. El índice considera la calidad, la primera infancia, la primaria, los jóvenes, la alfabetización de los adultos y la paridad entre los sexos. La enseñanza en Cuba es gratuita y es responsabilidad del Estado impartirla. Es obligatoria hasta el nivel de Preparatoria.

Las cifras hablan. En 2015, esta institución educativa reconoció que Cuba fue el único país que cumplió los objetivos establecidos por el Foro Mundial de Educación de Dakar en el año 2000. Es uno de los veinticuatro países que han alcanzado una tasa bruta de escolarización en la enseñanza preescolar superior al ochenta por ciento y la han mantenido, siendo el único país latinoamericano en integrar este listado, (https://goo.gl/CkzkUk).

En el sistema de enseñanza primaria universal, la isla ya alcanzaba en 1999 un porcentaje de noventa y siete por ciento o superior. Lo mantiene hasta la fecha. Con respecto a la transición de la enseñanza primaria a la enseñanza secundaria, en 2011 las cifras cubanas llegaron al noventa y nueve por ciento.
Sorprendentemente, el número de los alumnos cubanos por docente en la enseñanza primaria es de 10 por cada maestro. La media internacional es de 40.

A pesar de sus enormes carencias y de la tendencia mundial a reducir cada vez más el gasto público en educación, Cuba tiene el primer lugar entre los países con ingresos bajos que más gastan en educación. Destinó al sector en 2012 el trece por ciento del Producto Nacional Bruto.

Esta hazaña no es producto de la casualidad sino de la convicción y el trabajo. En septiembre de 1961, el comandante Castro señaló sin ambigüedad alguna la misión de la transformación en marcha. “Lo más fundamental que tiene que hacer una revolución –dijo– es preparar hombres y mujeres. Lo más fundamental que tiene que hacer una revolución es enseñar y educar. La tarea más importante de una revolución, y sin la cual no hay revolución, es la de hacer que el pueblo estudie.”



La historia viene de atrás. Ya desde 1953, en su célebre alegato de autodefensa “La Historia me absolverá”, Fidel Castro había puesto la cuestión educativa como uno de los asuntos que inspiraron su lucha por un mundo mejor. En ese año, el 23.6 por ciento de la población cubana no sabía leer ni escribir y más de la mitad de los niños entre seis y catorce años no estaban matriculados.

Los revolucionarios echaron a andar esta labor pedagógica sin esperar el triunfo. En plena guerra de guerrillas, con destacamentos de hombres armados en continuo movimiento e inclemencias del tiempo, se dedicaron a instruir a sus combatientes y a sus bases de apoyo. Al triunfo de la Revolución en 1959, crearon 10 mil nuevas aulas e impulsaron una reforma integral a la enseñanza.

En 1960, en un célebre discurso ante la Asamblea General de la onu, Fidel Castro se comprometió a terminar con el analfabetismo en un año. Miles de educadores voluntarios se trasladaron a los rincones más alejados de la Isla para combatir la ignorancia. En apenas doce meses, más de 700 mil personas aprendieron a leer y escribir.

Los resultados de este proyecto han sido contundentes. Como lo ha señalado Olga Fernández Ríos, en “1975 la educación primaria en Cuba se había multiplicado en casi tres veces a la existente en 1958, mientras que la educación media lo hacía en más de seis veces, a la vez que la enseñanza universitaria se multiplicó de forma tal que si en 1959 en Cuba había dieciséis alumnos universitarios ya en 1975 había más de 83 mil”.

Para Teodoro Palomino, un antiguo dirigente magisterial que hizo un doctorado en Ciencias Pedagógicas en la Isla entre 1997 y 1999 ha participado en muchos intercambios profesionales con el mundo docente cubano, en pleno período especial, y ha investigado la experiencia educativa de ese país a profundidad, una de las grandes fortalezas de este proyecto es el papel que se les da a los docentes. “No son privilegiados –dice–. Pero gozan de un reconocimiento social muy grande. Se les respeta enormemente.”




Las claves del éxito

¿Cómo funciona la educación cubana? Julia, la joven mexicana estudiante de la ELAM, cuenta su experiencia: “En mi memoria quedan mis compañeros dando repasos hasta las tres de la mañana en las aulas que las tías –así llamábamos a todas las trabajadoras de la escuela– nos prestaban. Veía a estudiantes dando clases a otros estudiantes a todas horas, de todas las maneras posibles. En las aulas, en los cuartos, en las literas, en las canchas de futbol, en los pasillos. Vi gente compartir computadoras, cuadernos, lápices, libros, información. Lo que se tenía, lo tenían todos. No se trataba de aprobar el año y graduarse, se trataba de que todos aprobásemos el año y nos graduásemos juntos. Cuando uno terminaba de comprender un tema y repasarlo, no se iba a dormir, se quedaba ayudando al de junto y hasta entonces llegaba la hora de dormir.

“Desde primer año comenzamos a asistir a los policlínicos y a los consultorios. Aprendimos a atender a la población y a elaborar el Análisis de la Situación de Salud, comprendiendo el proceso salud-enfermedad como un proceso biopsicosocial, entrevistando a gente en sus casas, ganándonos la confianza de la población, recorriendo calles, montándonos en bicitaxis para llegar hasta el último rincón para no dejar una sola casa sin visitar. En la mayoría de esas casas nos recibieron con sonrisas y hasta con cafés. Aprendimos los procederes básicos de enfermería con personal de salud que tuvo la paciencia necesaria con nuestro nulo conocimiento de la idiosincracia cubana e incluso con quienesacababan de aprender español.

“Al terminar el segundo año salimos de la sede central de la elam para seguir nuestros estudios en otras sedes, muchas de ellas en provincia. Las puertas de casi todos los hospitales del país se nos abrieron demanera cálida para hacernos sentir como médicos. Desde el primer día se nos asignó una cama y comenzamos a trabajar. Mi primera paciente se convirtió en mi amiga y cada vez que me cruzo con ella o con su hija por las calles de Cienfuegos me reclama el hecho de que nunca fui a visitarla a su casa a comer aquel cerdo asado que me prometía siempre. El paciente de la cama que tuve asignada en terapia intensiva me regaló un bolígrafo cuando dejé el mío olvidado en casa.




“Los doctores nos explicaron cómo determinar la conducta médica tanto en Cuba como en nuestros países, dependiendo de las posibilidades económicas y de recursos que tuviésemos a la mano. En ocasiones no había en la farmacia los medicamentos necesarios y tratar a los pacientes en consulta resultaba difícil, pero pocas veces predominaba la quietud o el silencio. Se recurría a la medicina natural, a explicar la situación al paciente y ante todo, a tranquilizarlo. Se intentaba dar solución siempre al problema aunque fuese inventando, como se dice en buen cubano al hecho de resolver un problema de manera creativa.

“Poco a poco nos fuimos acostumbrando. Caí en cuenta de lo mucho que me había acostumbrado un día en que me senté a redactar un plan preventivo en caso de derrumbe para una comunidad en la cual iba a trabajar en México el verano siguiente. La información que logré obtener en internet mostraba que para el municipio entero existían nueve médicos y siete clínicas, y ninguno se encontraba cerca de la comunidad. No entendí cómo eso era posible, me quedé fría.”

Sin ser los únicos, la gran mayoría de los rasgos de la enseñanza en el elam que describe la estudiante mexicana son parte del proyecto educativo cubano. La forma en la que los jóvenes aprenden, la orientación general de sus estudios, es la misma con la que se instruyen los cubanos. En ellos está la llave de su éxito.




Según Teodoro Palomino, una de las claves que explican los enormes avances en la enseñanza en la Isla, tienen que ver con su política educativa única. El sistema está integrado desde los círculos infantiles hasta el postgrado. Hay verdadera planeación. Los docentes están en un proceso de formación permanente, y disfrutan de asesoría contínua sobre técnicas y metodologías. Se forman con conocimientos científicos probados por su aplicabilidad más que en la investigación y comprobación de teorías. Se parte de que la pedagogía es una ciencia, no una disciplina.

En 1992, Fidel Castro resumió la ideas-fuerza del proyecto educativo de la Cuba socialista. “Una de las cosas que tiene que lograr la escuela –dijo en el Palacio de las Convenciones– es enseñar a estudiar, a ser autodidacta, porque la inmensa mayoría de los conocimientos no los va a adquirir en la escuela; en la escuela va a adquirir las bases, en la escuela tiene que aprender a estudiar, tiene que aprender a investigar; en la escuela tienen que introducirle el virus del deseo y la necesidad de saber”. Ese virus del deseo y la necesidad de saber han hecho de Cuba el país mejor y más educado de América Latina, y un ejemplo para todo el mundo.



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