viernes, 2 de septiembre de 2011

Jean-Arthur Rimbaud




CANCIÓN DE LA TORRE MÁS ALTA

Que venga, que venga,
el tiempo del que uno se enamora.
Tuve tanta paciencia
que para siempre olvido.
Temores y sufrimientos
a los cielos han huido.
Y la sed malsana oscurece mis venas.
Que venga, que venga,
el tiempo del que uno se enamora.
Como la pradera
entregada al olvido,
crecida, y en la flor
de incienso y cizaña,
al zumbido salvaje
de las sucias moscas.
Que venga, que venga,
el tiempo del que uno se enamora.


Jean-Arthur Rimbaud

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jueves, 1 de septiembre de 2011

Si no fuera por la justicia...



“El juez del Tribunal Superior de Justicia de Madrid que se ocupa de la causa contra Luis Bárcenas, ex tesorero del Partido Popular, ha archivado el caso.”

Creo yo, que quitando cuatro o cinco mil gamberros, la política española tampoco es tan corrupta. Y si la comparamos con el mundo financiero, entonces parecen auténticos angelitos. Y no digamos si los ponemos al lado de los gerifaltes de los medios de comunicación, o de la mayoría de los abogados, o los notarios…y ya,  si lo que queremos es beatificarlos por la vía rápida, solo tenemos que equipararlos con los miembros de la judicatura…
Que no lo es, coño, que no lo es…

ELOTROOTRO

Miguel Hernández / Nanas de la cebolla





La cebolla es escarcha
cerrada y pobre:
escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla,
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar
cebolla y hambre.

Una mujer morena
resuelta en luna
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te tragas la luna
cuando es preciso.

Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en los ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que mi alma, al oírte,
bata el espacio.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa,
vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.

La carne aleteante,
súbito el párpado,
y el niño como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!

Desperté de ser niño:
nunca despiertes.
Triste llevo la boca.
Ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne parece
cielo cernido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!

Al octavo mes ríes
con cinco azahares,
con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
hincando el centro.

Vuela niño en la doble
luna del pecho:
él, triste de cebolla,
tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.

Miguel Hernández  (1938-1941)

(Dedicadas a su hijo a raíz de recibir una carta de su mujer en la que le decía que no comía más que pan y cebolla.)

***